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YO AMO EL DÍA DEL SEÑOR

iglesiaPor Robert Murray McCheyne

Nota I.B.R. Suba. Si bien el escrito aborda una respuesta a una problemática muy precisa de Escocia hace dos siglos, sus principios bien pueden, y deben, sr tenidos en cuenta como aplicativos a todas las épocas, pues exhiben una posición bíblica, sentida y urgente, de este cuarto mandamiento que semana tras semana es transgredido por el mundo impío y grandemente desafiado por miles de profesos creyentes.

R.M.McCheyne nació en Edimburgo en el año 1813. Poco después de haber terminado sus estudios teológicos aceptó el pastorado de la iglesia San Pedro en Dundee. Su gran ministerio fue breve. Murió en 1883 a los veintinueve años de edad.

YO AMO EL DÍA DEL SEÑOR

«El día de reposo fue hecho por causa del hombre» (Marcos: 2:27)

 

Queridos conciudadanos y compatriotas, como siervo de Dios en este oscuro y tormentoso día me siento constreñido a levantar la voz en defensa de la eterna santificación del día del Señor. Los atrevidos ataques que hacen algunos de los directores del ferrocarril Edimburgo-Glasgow contra la ley de Dios y la paz de nuestro descanso dominical, tal como se ha venido observando por muchos años en Escocia, la  blasfema modificación que pretenden proponer a los accionistas el próximo mes de febrero, y los nefandos folletos que actualmente están circulando a miles, llenos de toda suerte de mentiras e impiedades, invita frecuentemente a un sereno y deliberado testimonio de todos los fieles ministros y Cristianos más sencillos en defensa del día del Señor. En nombre de todo el pueblo de Dios en esta ciudad y en este país presento antes vuestras consideraciones las siguientes razones para amar y respetar el día del Señor. 

 

1. PORQUE ES EL DÍA DEL SEÑOR    

 

«Este es el día que hizo Jehová: nos alegraremos y gozaremos en él» (Sal.118:24). «Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta» (Ap.1:10).

Es suyo por ejemplo. Es el día en que descanso de su asombrosa obra de redención. Del mismo modo en que Dios descanso el séptimo día al acabar sus obras declarando bendito así el Sabbath (día de reposo), consagrándolo de manera especial sobre los demás días, así el Señor Jesucristo descanso en este día de toda su agonía, pena y humillación. «Queda un reposo para el pueblo de Dios» (Hb.4:9).

El día del Señor es su propiedad del mismo modo que la cena del Señor le pertenece a Él. Ella es su mesa, su pan, su vino. Con ella invita a sus convidados. Los llena de gozo y del Espíritu Santo. Así es con el día del Señor. Todos los días del año son de Cristo, pero de cada siete uno es especial; es para Él, el día del mercado, el día en que sale en busca de las almas para adquirirlas. Él lo hizo y lo estableció con este motivo con este motivo. Del mismo modo que planto el huerto de Edén, así cerco este día y lo hizo suyo de forma particular. Esta es la razón por la que nosotros lo amamos, y lo dedicamos a él enteramente.

Amamos todo lo que es de Cristo. Amamos su palabra. Nos es más preciosa que millares de oro y plata. «¡Cuánto amo yo tu ley!» (Sal.119:97). Amamos su casa, es el lugar de nuestra cita con Cristo, donde Él se encuentra con nosotros y rodea nuestro lugar con sus misericordias. Amamos su mesa. Es el lugar donde adereza mesas delante de nosotros, verdadero banquete donde su bandera sobre nosotros es amor, donde desata nuestras cadenas y unge nuestros ojos y hace arder, enardecer nuestros corazones con gozo santo. Amamos su pueblo, porque los que lo componen son suyos, miembros de su cuerpo, lavados en su sangre, llenados con su Espíritu Santo, nuestros hermanos y hermanas por toda la eternidad. Y amamos el día del Señor porque es suyo. Cada hora de él es muy cara, más dulce que la miel, más precioso que el oro. Es el día en que Él se levantó del sepulcro para nuestra justificación. Nos recuerda su amor y su obra completamente acabada y perfecta, y su descanso de la misma. Y atrevidamente podemos decir que quienes no aman ni abogan por la entera decisión del día del Señor, no aman de veras al Señor Jesucristo.      

¡Oh, trasgresores del día del Señor, quien quiera que sean, son ladrones sacrílegos! Cuando roban las horas del día del Señor para sus negocios o placeres, están robando a Cristo las preciosas horas que Él reclama como suyas. ¿No les ofendería si se estuviese tramando algún plan con miras a abolir la Cena del Señor tratando de convertirla en una comida común, o en una fiesta que se diese entrada a los libertinos o borrachos? ¿No se desgarrarían sus sentimientos viendo que la copa de la Comunión fuera convertida en una copa de juerga indecente en manos de los borrachos? ¿Y piensan que es mejor lo que proponen los directores de nuestro ferrocarril? El día del Señor es tan suyo como suya es la Mesa. Ciertamente podemos afirmar con las palabras del Dr. Love, aquel siervo eminente de Dios, ahora que pretende hollarse el día del Señor: “Maldita toda ganancia, maldito todo deleite, maldita toda salud que es obtenida por medio de la criminal usurpación del sagrado día”.

 

2. PORQUE ES UNA RELIQUIA DEL PARAÍSO, DEL EDÉN Y UN TIPO DEL CIELO          

El primer día de reposo alboreó entre los enamorados jardines de un paraíso sin pecado. Cuando Adán fue hecho a imagen de su Hacedor, fue colocado en el huerto de Edén para cultivarlo y guardarlo.  Sin duda esto agotaría sus energías. Recoger los racimos de uva, recoger el fruto de las higueras y palmeras, canalizar las aguas para regar los árboles frutales y flores requería todo su tiempo y habilidad. El hombre nunca fue creado para permanecer inactivo. Cuando el sabbath se estableció, todas sus herramientas rurales debían arrinconarse, el jardín aquel día no requería más cuidados. Su pura y serena mente podía mirar más allá de lo que se ve en este mundo de realidades no espirituales. Caminaba con Dios en el huerto buscando un más profundo conocimiento de Jehová y sus caminos, con su corazón más y más enardecido de amor y con sus labios entonando perfectas alabanzas. Aun en el paraíso terrenal el hombre necesitaba el sabbath. Sin él, el mismo Edén hubiese estado incompleto. ¡Que poco saben de los gozos del Edén, de las delicias de una íntima comunión con Dios, que desean arrancar del Domingo esta reliquia del mundo que un tiempo fue sin pecado!

Es también un tipo del cielo. Cuando un creyente deja a un lado su pluma y sus telares, abandona sus cuidados terrenales, cambia sus ropas de trabajo por las del día festivo y viene a la casa de Dios, prefigura lo que va a acontecer el día que cesará la gran tribulación para presentarse a las bodas del Cordero al ser llevado felizmente a la presencia del Señor. Cuando se sienta a escuchar la palabra de Dios y oye la voz del pastor, guiando y alimentando su alma, evoca aquel tiempo cuando el Cordero estará en medio del trono y le alimentará y guiará su alma a fuentes de aguas vivas. Cuando une su alabanza entonando los salmos del salterio, piensa en el día cuando tendrá en sus manos el arpa celestial entonando el cantico:  

“Donde, de las congregaciones no habrá separación, ni del día del Señor ninguna interrupción”.          

Cuando él se retira a su casa y tiene comunión con Dios en su lugar secreto, o como Isaac en algún lugar próximo a su tienda, pero íntimo, adora a Dios, piensa en aquel día cuando “será columna en la casa de nuestro Dios, y nunca más saldrá fuera”.

Esta es la razón por la cual amamos el día del Señor. Esta es la razón por la que llamamos al Domingo día de delicias. Comprendemos y sentimos que un Domingo bien dedicado al Señor y a las almas es un día del cielo en la tierra, por esta razón deseamos que nuestros Domingos sean eternamente dedicados a Dios. Amamos pasar todas las horas del Domingo en los ejercicios públicos y privados de la adoración a Dios, a menos que cualquier urgente demanda deba ser atendida por motivos de necesidad o de misericordia. En su mañana nos es grato levantarnos tempranamente e irnos a dormir tarde, con objeto que nos resulte un día más largo, a fin de que sea más duradera nuestra comunión con Dios.

¡Que poco saben de esto los que nunca estarán en el cielo! Una paja flotando sobre la superficie de una corriente de agua puede indicarnos la dirección que esta sigue. ¿Aborreces el día del Señor? ¿Te resulta una especie de infierno su observancia? El que te dice estas palabras hubo un tiempo que sintió como tú. No hallas en su observancia ningún descanso, ni paz. Dices: “¡Que pesado es!” “¿Cuándo se abolirá el día del Señor y podré dedicarme completamente a mi negocio?” ¡Ah, pronto, muy pronto te hallaras en el infierno! El infierno es el lugar único y adecuado para ti; es el que te corresponde. El cielo es un deseado, perdurable, santo día del Señor. En cambio, en el infierno no hay día del Señor. 

 

3. PORQUE ES UN DÍA DE BENDICIÓN

Cuando Dios instituyo el sabbath en el paraíso, dijo: «Y bendijo Dios el día de reposo» (Gn. 2:3) no solo lo consagró como un día santo, sino que lo hizo un día de bendición. También, cuando el Señor se levantó de la muerte  en el primer día de la semana antes de que alborease, se reveló a sí mismo a dos de sus discípulos que se dirigían a Emaús y con su conversación enardeció sus corazones (Lc.24:13). La misma tarde de  aquel día se presentó en medio de sus discípulos y dijo: «Paz a vosotros» y soplo sobre ellos diciendo: «Recibid el Espíritu Santo» (Juan 20:19). De nuevo pasados siete días, es decir el Domingo siguiente, Jesús vino y se puso en medio de sus discípulos y con inefable gracia y misericordia se reveló a sí mismo al incrédulo Tomás (Jn.20:26). Fue también que en el día del Señor el Espíritu Santo fue derramado en Pentecostés (Hch.2:1 comparado con Lv.23:15-16) Aquel principio de bendiciones espirituales, aquel primer advenimiento del Espíritu a la iglesia cristiana tuvo lugar en el día del Señor. En ese mismo día el amado Juan, en su exilio en la isla de Patmos, lejos de la congregación de los santos, fue llevado del Espíritu Santo y tubo la visión celestial que escribió y a cuyo libro hemos llamado Apocalipsis o Revelación.

Así es que a través de todas las edades, desde el principio del mundo y en cualquier lugar donde hay un creyente, el día del Señor ha sido día de doble bendición. Todavía es así y seguirá siéndolo aunque todos los enemigos de Dios crujan sus dientes. Ciertamente Dios es Dios de gracia y su obra no la confía a ningún límite de lugar o de tiempo. Sin embargo, es igualmente cierto que todos los escarnios y burlas de los impíos no podrán alterar sus designios, designios que han determinado lo que tanto le complace: Bendecir de forma especialmente abundante su Palabra en el día del Señor. Los fieles pastores de todos los países pueden testificar que todos los pecadores se convierten más frecuentemente en el día del Señor, que Jesús se manifiesta así mismo por medio de la predicación y de las ordenanzas más frecuentemente en su propio día. Los santos, como Juan son llamados por el Espíritu Santo en el día del Señor  y se regocijan con serenas y profundas visiones de la eternidad.

¡Oh desventurados, que planean eliminar de nuestra amada Escocia este bendito día de bendición doble!, ¡No saben lo que hacéis! Desen arrebatar a nuestros conciudadanos el día en que el Señor abre las ventanas del cielo y derrama su abundante bendición. ¿Qué es lo que quieren? ¿Que los cielos de Escocia se conviertan en la maldición de unos cielos de bronce, y los corazones de su pueblo en corazones de hierro? ¿Es el sonido de las campanas de oro de nuestro eterno Sumo Sacerdote resonando sobre las montañas de nuestro país y el alimento de su Espíritu Santo manifestado en muchas de nuestras congregaciones, el que despierta sus esfuerzos satánicos con miras de cambiar el dulce sonido de la misericordia por el ensordecedor estruendo de los vagones de Tren? ¿Acaso el notable vigor de la vivificada y purificada iglesia de Escocia ha dado paso a los torrentes de blasfemias que profieren contra el día del Señor? ¿Acaso sus propias almas marchitas no tienen necesidad alguna del roció y del riego celestiales? ¿No comprenden que ustedes están blasfemando en el mismo día en que sus propias almas pueden llegar a ser salvas? ¿No es seguro que en el infierno, con lágrimas de angustias, muchos de vosotros lamentaran al recordar sus esfuerzos contra la luz y contra las amonestaciones que se les hacen, para amontonar sobre sus almas todo aquello que las conducirá a su eterna perdición?

A quienes son hijos de Dios en este país, deseo ahora, en el nombre de nuestro común Salvador, que es el Señor de su día, dirigir esta exhortación.         

 

1) Tengan en alta estima el día del Señor

Cuanto mayor sea el desprecio y el desdén de los que lo pisotean, ustedes ámenlo más y más. Cuando más fuertemente se desencadene la tormenta de blasfemias aullando en su alrededor, sientense a los pies del Señor más íntimamente. «Él debe reinar hasta que haya puesto a sus enemigos por estrado de sus pies» (Hb.10:13). Aprovechen diligentemente todo su santo tiempo. Deberías convertirlo en el día más ocupado de los siete; aunque eso sí, solamente en los negocios de vuestro Padre. Eviten el pecado en ese día santo. Todo hijo de Dios debe evitarlo cada día, pero principalmente en el día del Señor. Es tanto un día de doble bendición como de doble maldición. El mundo tendrá que responder de sus pecados en el santo tiempo del Domingo. Pasad el día del Señor en su presencia. Pásenlo como habrán de pasarlo en el cielo. Ocupen las alabanzas y las obras de misericordia mucho de su tiempo, como ocupaban el del Señor mismo.

 

2) Defiendan el día del Señor

   

Levanten su sereno, y en modo alguno, acobardado testimonio contra las profanaciones del día del Señor. Usen toda su influencia, sea como hombre de estado, o como magistrado, o profesor, o como padre, o amigo, tanto pública como privadamente, para abogar en defensa de la eterna dedicación del día del Señor. Esta obligación es impuesta por el mismo cuarto mandamiento. No miren nunca cualquier infracción del domingo sin reprobar al trasgresor. Aun los más mundanos con todo su orgullo y menosprecio contra nosotros, no pueden sufrir que les recriminemos de quebrantar el día del Señor. Recuerden siempre que Dios y la Biblia están de su lado y que pronto verán como estos mismos hombres maldecirán su propio pecado y locura, aunque desgraciadamente, demasiado tarde. Todos los hijos de Dios en Escocia levantemos nuestro testimonio unánimemente de forma especial contra estas tres profanaciones públicas del día del Señor.

1- El mantener abiertas en ese día las bibliotecas públicas.

En esta ciudad y en todas las grandes ciudades de Escocia, yo les digo que podemos encontrar en sus salas muchos de nuestros hombres de negocios consultando y revisando toda clase de periódicos, revistas y libros, durante todas las horas del culto y especialmente por las tardes del domingo todas ellas están llenas como cualquier iglesia pequeña. ¡Ah pecadores culpables! ¡Cuán claramente demuestran que se hallan en la senda ancha que lleva a la destrucción! Si fueran asesinos o adúlteros quizás no se atreverían a negar esta acusación. ¿No saben -y todos los sofismas del infierno no podrían probar lo contrario- que el mismo Dios que dijo: «No mataras», también dijo: «acuérdate del día de reposo para santificarlo»? El asesino que es llevado al patíbulo y el educado y fino trasgresor del día del Señor son uno, son iguales a los ojos de Dios.

 

2- El mantener abiertos en domingo los establecimientos, como bares, cervecerías, cafés… 

Tales lugares son la maldición de Escocia. Nunca puedo evitar cuando veo en uno de tales establecimientos el letrero “autorizado para vender licores”, el pensar que la licencia que tiene es la de arruinar las almas. Tales establecimientos son amplias avenidas a la pobreza y andrajos de esta vida y, como alguien ha dicho, “el corto atajo que conduce rápidamente al infierno”. ¿Puede permitirse, así por las buenas, que en esta tierra de luz y testimonio Reformado, esos lugares de perdición y antros de iniquidad –Verdaderas trampas del alma- abran sus puertas en el día del Señor? ¿Puede permitirse que los dueños de los mismos se enriquezcan y prosperen gracias a este mercado sucio, y que aún muchos de ellos se atrevan a decir que, a no ser por el negocio que hacen en el día del Señor, no podrían seguir adelante? Con valido fundamento podemos decir: ¡Malditas sean las ganancias de este día!  ¡Oh, hombres bajos y miserables! ¿No piensan que cada moneda que cae sobre el mostrador, en aquel día devorara vuestra carne como si fuera fuego, y que cada gota de licor consumido en sus palacios de perdición servirá para avivar más la llama de aquel “fuego que no puede ser apagado”?

 

3- La circulación de ferrocarriles en domingo.

La mayor parte de los directores de las compañías de ferrocarriles de Edimburgo-Glasgow ha evidenciado su decisión para inaugurar el hecho de que sus servicios sean aun prestados en domingo. Todos los canales de infidelidad han sido abiertos a una y circulan abundantemente los folletos y tratados blasfemos por todo el país desacreditando y menospreciando el día bendito del Señor, como si no hubiese ojo omnipotente en el cielo, como si no existiese Rey sobre el monte de Sion, ni hubiese de haber día en que se habrá de dar cuentas.

Compatriotas cristianos, despierten y llenos del mismo espíritu que libro de nuestro país de las negras supersticiones del papado, luchemos contra la invasora corriente de infidelidad y enemistad contra el Domingo.

Ustedes, hombres culpables que bajo la inspiración de Satanás están guiando los oscuros ejércitos de los que quebrantan el día del Señor, sus situaciones están abrumadoramente cargadas de responsabilidad. Son ladrones; roban al Señor su santo día. Son asesinos; atentan contra la vida de las almas de sus siervos o dependientes, Dios dijo: «no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas», pero ustedes los compelen a quebrar la ley de Dios y venden sus almas para obtener míseras ganancias. Son pecadores que pecan voluntariamente contra la luz de sus conciencias. Sus Biblias, las palabras de sus familiares piadosos y las tiernas amonestaciones de los hombres de Dios suenan en sus oídos, en tanto que permanecen perpetuando su vergonzosa obra y se glorían altamente. Son traidores a su país. La ley de su país declara que deben “un descanso santo de todas sus palabras, obras o pensamientos durante todo el domingo” y ustedes la rechazan como fruto de una superstición anticuada. ¿No fue el quebrantamiento constante del día de reposo lo que hizo que Dios reprobase a su pueblo Israel? Y ustedes tratan de traer ahora la misma maldición a Escocia. Son suicidas morales, que asesináis sus propias almas, proclamando al mundo que no son pueblo de Dios y precipitando sobre sus almas la sentencia de que se hacen reos los quebrantadores del día del Señor.

Concluyendo, propongo a la serena y quieta consideración de todo hombre serio las siguientes serias preguntas:

 

1- ¿Pueden mostrar a algún ministro, de cualquier denominación en toda Escocia, que no sostenga la entera dedicación de todo el día del Señor como un deber ineludible?

2- ¿Han hallado a algún verdadero creyente en cualquier país, que ame a Cristo y viva santamente, que no se deleite guardar santo para Dios y enteramente el día del Señor?

3- ¿Es sabio participar de la opinión de los que interpretan a su gusto la voluntad de Dios relativa al día del Señor, interpretación de los infieles, los menospreciadores, de los que no viven santamente, hombres que tienen los ojos cegados para las cosas de Dios, de los enemigos de la justicia, que citan las sagradas Escrituras, como Satán, para engañar y traicionar?

4- Si, en oposición a unánime testimonio de los más sabios y más santos siervos de Dios, contra los claros avisos de la palabra de Dios, contra las mismas palabras de su catecismo aprendido en las rodillas de su piadosa madre, contra la voz de su ultrajada conciencia, ustedes se unen a las filas de los que traspasan el día del Señor, ¿No es esto pecar contra la luz, no es engañar gravemente a sus propias almas, no es constituirse reos del juicio de Dios?

Mi oración es que estas palabras de verdad y sobriedad se os evidencien con las mismas palabras de Dios y alcancen vuestros corazones con todo su divino poder.

***

 

Textos Bíblicos para meditar:

1.     El Día del Señor como mandamiento: Ex.16:22-30; 20:8-11; 35:1-3; Lv.19:3-30; Dt.5:12-15; Neh.9:14.


2. El Día del Señor señal del pueblo de Dios: Ex.31:12-17; 2 Ry.4:23; Ez.20:12; Lm.1:7; Hb.4:9.


3.  Castigo para los que no guardan el día del Señor: Nm.15:32-36; Lv.26:33-35; 2 Cr.36:21; Jer.17:19-27; Lm.2:6; Ez.20:12-26; Am.8:4-14.


4.  El día del Señor, día de bendición: Gn.2:2,3; Ex.16:24; Lv.24:8; Nm.28:9,10; Is.56:1-8, 58:13,14; Jn.20:1,19,26; Hch.2:1 (Compárese Lv.23:15; Ap.1:10).


5.  Aquellos en potestad deben guardar el día del Señor: Ex.20:10; Neh.13:15-22.


6. El día del Señor en tiempos de los Evangelios: Sal.118:24; Is.66:23; Ez.46:1; Mar.2:27,28; Hch.2:1; 20:6,7: 1 Cor.16:2; Ap.1:10.

 

Tomado de: http://www.loughbrickland.org/articles/sabbath.shtml

 

 

 

Apéndice I.B.R.SUBA

Para quienes desean seguir profundizando este maravilloso tema, dejamos algunos enlaces aún más profundos:

Día del Señor (Revista)
http://www.chapellibrary.org/…/d%C3%ADa-del-se%C3%B…/spanish

 

Guardar el Día de Reposo
Dr. Michael Barrett
https://www.ibrnj.org/guardar-el-dia-de-reposo/

 

Los fundamentos del día de reposo I
Dr. Alan Dunn

https://www.ibrnj.org/los-fundamentos-del-dia-de-reposo-i/

 

Los fundamentos del día de reposo II
Dr. Alan Dunn

https://www.ibrnj.org/los-fundamentos-del-dia-de-reposo-ii/

 

Los fundamentos del día de reposo III
Dr. Alan Dunn

https://www.ibrnj.org/los-fundamentos-del-dia-de-reposo-iii/

 

El día cambiado, y el día de reposo preservado
Dr. Archibald A. Hodge

https://www.ibrnj.org/el-dia-cambiado-y-el-dia-de-reposo-p…/