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ESCUCHAR, PRINCIPIO DE OBEDIENCIA

Junio 17

‘Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres,  porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra’.
Efesios 6:1-3

 

El mandato dado a los hijos es un mandato claro y directo. En Efesios 6 se les exhorta con toda claridad: ‘Hijos, obedeced’. Dos sencillas palabras ¿Verdad? No hay lugar a dudas qué es lo que Dios quiere de los hijos: Que obedezcan a sus padres. No se puede concebir un hijo que no sea obediente, porque ese es el mandato sencillo y claro que Dios dio a los hijos.

¿Qué es obedecer? En un sentido generalizado es cumplir la voluntad de quien manda. Esta es una idea que todos entendemos bien, el padre manda, el hijo cumple su voluntad, cumple con lo que le ordenó. Pero de manera más precisa ¿Qué es la obediencia según la Biblia misma? La Palabra de Dios habla abundantemente de este tema, lo que nos facilitará su definición. De acuerdo a la Escritura Sagrada la obediencia comprende algo mucho más que las meras acciones, ésta tiene dos partes: Escuchar con atención y hacer lo fue ordenado.


‘Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros’ [énfasis mío] (1 Sam.15:22). Notemos que para Dios la obediencia es algo de suma importancia, aún más que hacer sacrificios. A Dios le interesa mucho que obedezcamos, cualquier tipo de sacrificio queda vano si no viene del principio de la obediencia genuina. Así como podemos estar seguros que la obediencia es lo que más complace o agrada al Señor la desobediencia le desagrada bastante. Pero podemos ver que hay una fuerte unión entre obedecer y prestar atención, hay una fuerte unión entre escuchar atentamente y hacer lo que se manda. Enfatizamos entonces que la persona verdaderamente obediente; escucha, presta atención, pone cuidado a lo que se le dice, está atento.


De manera que aquí debemos llamar la atención para corregir las malas actitudes de algunos hijos. Dios manda hoy que escuchen, que presten atención, que pongan cuidado a lo que sus padres les dicen. El mandato, por supuesto, es obedecer, pero como para Dios obedecer primero es prestar atención, deben los hijos entonces estar atentos a la voz de sus padres. Para algunos hijos la voz de sus padres ya no representa nada, para otros empieza a significar algo en la tercera llamada o cuando el tono de sus padres empieza a ponerse alto. Esto no es obedecer, porque no prestar atención y esforzarse por escuchar a los padres es el principio de la desobediencia.


¿Eres un hijo bajo la tutoría de tus padres? ¿Vives bajo el techo de tus padres? Entonces es tu deber escucharlos. Aún si no entendieron bien lo que se les dijo, si tan solo escucharon un murmullo, tan solo una sola palabra, deben estar atentos, eso es obedecer. Dios no se agrada que los hijos desobedezcan a sus padres, ha decidido dar una lección a aquellos hijos que desafían a sus padres, que no los escuchan y hacen su propia voluntad. Mientras que los hijos obedientes a la voz de sus padres atraen varios beneficios hacia sí. Un hijo deliberadamente lento para oír la voz de sus padres es un hijo que neciamente se expone a los males físicos y espirituales que luego lo alcanzarán.


Pero ¿Este principio solo aplicará para los hijos en un hogar? ¿No aplica también de muchas maneras a quienes confesamos tener un Padre en los cielos?  Piénselo.

 

Lectura Bíblica

 

Gálatas 3, 4
Proverbios 18