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Iglesia Bautista Reformada de Suba

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ABSOLVIENDO AL CULPABLE

Junio 12

‘De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío’.
Éxodo 23:7

 

Cuando se habla de justificar, se está hablando del hecho de absolver, de contar entre los justos o atribuir justicia. Por lo contrario, no ser justificado significa ser contado entre los transgresores, o ser visto en las injusticias propias. Como podemos ver, la justificación tiene que ver con una palabra en un contexto legal o judicial. Por supuesto que si Dios es el Juez justo de toda la tierra, Él no puede justificar o absolver al que ha cometido un pecado.

No importa si dicho pecado es uno que delante de los ojos de los hombres “no es tan grave”. Nuestro texto nos dice que Dios no justificará al impío sea que este mate o que mienta, esta persona será contada entre los impíos e injustos por cualquiera de estos pecados.


En el Nuevo Testamento, encontramos una expresión llamativa: ‘mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío (Dios), su fe le es contada por justicia’ (Rom.4:5). En efecto, el Nuevo Pacto señala hacia un acto de Dios justificando gratuitamente a los pecadores, lo que nos enfrenta a un gran dilema: Dios justificando al impío, al injusto. ¿Basado en qué puede hacer esto? ¿Cómo es que un Dios justo puede absolver a alguien de sus pecados? Si Dios justifica al impío ¿Dónde queda su justicia? Si Él va a contar entre los justos a un transgresor ¿Por qué ha de hacerlo? ¿Porque es Dios?   


Si para el momento usted está con su mente en tensión, entonces ha comprendido una de las mayores riquezas del evangelio. Usted bien ha discernido lo que está en juego aquí. Un Dios que quiere salvar a los pecadores. Así, Él les justifica, los absuelve, los cuenta entre los justos por su gracia, pero ¿Su justicia? ¿Acaso no nos afirma la Escritura que Dios no justificará al impío y que aborrece a quien lo hace? (Prov.17:15).


Pues aquí la riqueza del Evangelio. A menos que sea una completa realidad que el Señor Jesucristo fue unido a su pueblo desde antes de la fundación del mundo y a menos que Él haya cargado de una forma real y cabal con el pecado de ellos muriendo en el madero como un pecador e impío, todos tendríamos problemas pues seríamos vistos en cada una de nuestras injusticias e impiedades. Es decir, gracias a que Cristo en la cruz fue el Sustituto de su pueblo elegido y cambió lugares con ellos, ellos fueron absueltos y contados entre los justos. Finalmente cada impiedad, desde una mentira hasta un homicidio, fueron castigadas en Cristo porque Dios no justificará el pecador y en la cruz Él cargaba con los pecados reales del pueblo que vino a rescatar. Dios es justo porque castigó la maldad de ellos en su Hijo y en su gracia, aquellos que eran contados entre los impíos fueron absueltos. De manera que puede observar que es un privilegio estar entre aquellos que son justificados.


Sin embargo, la justificación no es un  privilegio que se aplica automáticamente a toda clase de impíos sino aquellos que se consideran dignos de muerte, aquellos que se arrepienten  de sus pecados, aquellos que se condenan a sí mismos y han creído en Jesucristo como el Sustituto perfecto. Solo aquellos que consideran de corazón que a menos que sean vistos por Dios Padre en la justicia de Cristo deberían ser condenados y vienen al Señor Jesús por la fe, son justificados. El arrepentimiento la fe, pues, abren la puerta a este beneficio. De eso se trata la Biblia y uno espera que al saber esto, no haya un pecador tan necio que quiera ser visto por Dios a la luz de sus propios pecados.

 

Lectura Bíblica

 

2 Samuel 13, 14, 15
Proverbios 13