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¿TODO VALE?

Febrero 5

‘Y Micaía dijo: Ahora sé que Jehová me prosperará, porque tengo un levita por sacerdote’.  
Jueces 17:13

 

 

Toda la época de los jueces, se vivió bajo el emblema conocido: ‘cada uno hacia lo que bien le parecía’. Y ¿Qué es lo que bien nos parece en nuestro estado natural, es decir, tal y como venimos a este mundo?: Pecar.

No, no es dejar de ser religioso o moral. De hecho, cada ser humano es religioso y moral por naturaleza y es algo que el ser humano no puede perder. Pero es una religión y moralidad independientes de Dios, de la verdadera vida de piedad que al Señor le agrada. Micaía es un buen ejemplo de un hombre religioso y al mismo tiempo terriblemente desobediente y profano. Este hombre no solo tenía una casa de dioses a los que adoraba, sino que hizo un efod, una pieza de vestuario como una sobre túnica, que Dios había ordenado que usara exclusivamente el sacerdocio aarónico en el contexto del Tabernáculo. Pero allí no paró todo, Micaía también nombró a su hijo sacerdote y luego a un levita forastero lo nombró como sacerdote oficial.


Este hombre inventó su propio culto, con elementos muy parecidos a los del culto a Dios y llegó a esta conclusión: ‘ahora sé que el Señor me prosperará, porque tengo a un levita por sacerdote’. ¿En qué basaba su convicción de que Dios le bendeciría? En su culto inventado. Se puede decir que Micaía hace parte de esa serie de hombres que han caído en el pragmatismo religioso. El pragmatismo religioso es aquel pensamiento y práctica que afirma que lo que le agrada al Señor es que las cosas funcionen independientemente de si son o no correctas. Si el efecto se produce, no importa lo demás, Dios lo debe aceptar y es correcto. Este pecado, en efecto, no es patrimonio de los paganos o de la religión popular, lamentablemente tiene sus dignos representantes en la actualidad en muchos lugares.


Micaía es un buen ejemplo para que derribemos ese pesado mito que lleva a los hombres a buscar las bendiciones de Dios y creer que nos Él les bendecirá se haga o no lo bueno y agradable delante de Él. Una religiosidad desobediente, vana, idolátrica, nunca resultará en la aprobación divina aunque goce de mucho fervor y sinceridad cuando se practica. Puede que los hombres experimenten por un tiempo algún beneficio pero al final perecerán. Pensamos en los miles que asumen que desde que practiquen su religión con devoción, no importa sus ídolos del corazón. Allí está el hombre amador de sí mismo hablando de Dios, por allí la señorita sensual y provocadora evangelizando, más allá el codicioso cantando alabanzas, la mujer no sujeta a su marido y chismosa que enseña a otras la Biblia y más.


Esta manera particular de concebir a Dios y su servicio es profundamente humanista. Los hijos de Dios no pueden divorciar su servicio a Dios de la condición de su corazón. Solo un dios hecho de manos puede ser engañado por la religión inventada. Cuando adoramos a Dios no todo vale, vale lo que Él mismo ha ordenado en su Palabra y nace de un corazón sujeto a Dios por la fe en Cristo. Dios promete honrar la obediencia sincera pero nunca prometió bendecir la sinceridad sin obediencia a su Palabra. Cuídese de esto.

 

Lectura Bíblica

 

Éxodo 24, 25, 26
Salmo 36