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LA MISERICORDIA DE DIOS

Noviembre 13

‘Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy hermoso parecer; y había nacido después de Absalón’.
1 Reyes 1:6

Aunque la misericordia sea una perfección divina bajo la que todos esperan estar cobijados, en principio, hiere todo nuestro orgullo. La misericordia divina puede ser descrita como el acto de bondad de Dios hacia los que están en miseria, aflicción y angustia, es decir, palabras más o menos, hacia los miserables. Entonces se presupone que, a menos que se use de misericordia, el miserable quedaría en su condición desdichada (Cf.Mt.9:27; 1 Tim.1:13).

Ahora, si bien los seres humanos desean la misericordia de Dios, no todos se consideran en un estado así. Pero deberíamos preguntarnos si el hombre está en una situación de miseria. Dejemos que la misma Biblia nos lo indique: ‘Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor’ (Mt.9:36). Nuestro estado es uno de desamparo, como seres expuestos a toda clase de males, indefensos. Pero ¿Por qué es así?

La Palabra de Dios no oculta que el ser humano es miserable a causa del pecado (Ef.2:12), el cual no solo ha afectado su vida espiritual sino física y temporal. Así, el hombre depende de la misericordia de Dios para que todo a su alrededor marche para su bien (Sal.107: 8; 15; 21; 31). En el caso de su salvación, el ser humano depende de la gracia de Dios para salir de la miseria del pecado que lo llevará a la condenación (Rom.9:15). Esto humilla al hombre porque tendrá que pedir misericordia sinceramente para poder ser salvo (Sal.51:1). Lamentablemente, el ser humano es como un enfermo desquiciado que se niega a aceptar de forma real su verdadero estado. Si algo hace más miserable el estado del ser humano es que no es consciente de él, por el mismo pecado (Prov.21:2). El pecado hace que el hombre se engañe a sí mismo pensando que no depende de la misericordia divina, cuando la verdad es que siempre ha dependido de ella (Dt.8:11-18; Ap.3:17). El hombre puede pensar que no necesita que Dios lo trate con misericordia porque puede ver que todo a su alrededor marcha bien, pero se engaña a sí mismo. El camino a la salvación empieza cuando uno es consciente, por la gracia de Dios, de su estado de miseria (Mt.5:3-4).

Podemos distinguir dos aspectos de la misericordia divina. Hablamos de misericordia de Dios general considerando aquel trato benéfico que Él tiene para con todo: ‘Bueno es Jehová para con todos, Y sus misericordias sobre todas sus obras’ (Sal.145:9). Dios no espera cierta bondad del hombre para prodigarle sus misericordias. La verdad es que hoy mismo, Él ha extendido sus misericordias sobre el que la esperó y sobre el que no. Aun Él ha querido mantener con vida y bienestar al que va a usar estos dones para ofenderle y correr fuera de Él. Esta misericordia es temporal y solo consiste en mercedes temporales porque Él, según su voluntad, puede retirarla y tratar al hombre con justicia. Un día dicha misericordia temporal se acabará para darle paso al juicio definitivo e irreversible para jamás mostrar más de ella. Pero reconocemos el ejercicio de su misericordia especial que extiende solo sobre sus hijos (Sal.103:3-5; 8-11). Aún más, si ellos son sus hijos, lo son por su misericordia (Ef.2:4-5). Esta misericordia jamás se acabará y consiste en aquellos beneficios que Dios les concede como coherederos de la salvación (Sal.103:17-18). Ellos deben saber que nada destituirá la misericordia de Dios sobre ellos y que esta vida temporal solo es el principio de las misericordias que los sostendrán para siempre. ¿No alabará la misericordia de Dios hoy? (Sal.136:26).

 

 

 

Lectura Bíblica

 

Hebreos 7, 8, 9
Salmo 133