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LA ENFERMEDAD EN EL CREYENTE

Septiembre 14

‘Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo dejé en Mileto enfermo’.
2 Timoteo 4:20

 

¡¿Qué?! Un momento, ¿quién es el que está hablando aquí? ¿Un hombre de poca fe, o tal vez un hombre en sus peores pecados o quizás ocultos? De ninguna manera, estas palabras las escribe el gran apóstol Pablo cuando habían pasado muchas décadas de haber caminado con Jesucristo como fiel discípulo. Además, este hombre fue usado para llevar a cabo grandes milagros como sanidades y liberaciones (Hch.28:8-9). Entonces ¿Por qué dejó a su amigo enfermo en Mileto?

Quizás la respuesta del por qué esta enfermedad pueda ser otra. Preguntémonos ¿De quién se hablaba que estaba enfermo? ¿De un apostata? O tal vez ¿De una persona a la que le faltó creer verdaderamente que al que cree todo le sería posible? ¿O tal vez cargaba con pecados ocultos? Aquí hablamos de Trófimo, un hombre íntegro parte del equipo apostólico y acompañante del apóstol Pablo (Hch.20:4). Usted no era del equipo de Pablo siendo un inmaduro espiritual, sino un hombre de talla madura espiritualmente.
¿Entonces qué ocurrió? ¿Por qué estaba enfermo y el apóstol ni él mismo pudieron hacer algo? Creo que empieza a entender que la frase “Dios no quiere que ninguno de sus hijos esté enfermo”, no tiene soporte Bíblico. Jacob, el patriarca se enfermó y murió luego (Gn.48:1); Eliseo, quien recibió el doble del espíritu de Elías, quien en vida fue usado hasta para levantar un muerto, murió de una enfermedad y ¡No me diga que a este hombre le faltaba fe! (2 Ry.13:14). El piadoso rey Ezequías enfermó (Is.38:1). Santiago en su carta ni siquiera cuestiona el por qué los cristianos enferman, solamente da unas instrucciones para cuando esto ocurra (St.5:13).


Desde que entró el pecado en el mundo a causa de la desobediencia de Adán, la enfermedad ha venido a ser una consecuencia del deterioro de la vida que nos vino a causa por la desobediencia. La enfermedad es un pequeño recordatorio del quebranto de la vida que alguna vez nos consumirá definitivamente. Muchos enferman sin causa aparente, otros vienen predispuestos desde la matriz a enfermar, otros enferman por su pecado o por la mala administración de su salud, otros por el deterioro natural de sus órganos y más. Hay enfermedades congénitas, provocadas, contagiadas o simplemente enfermedades que llegan. Se enferman los reyes, los niños, los pobres, hombres y mujeres, impíos y piadosos, hombres intelectuales e ignorantes. La enfermedad es algo con lo que la humanidad debe lidiar (1 Ry.14:1; Is.39:1; Dn.8:27; Jn.5:5; Jn.11:1). Y finalmente todos moriremos de alguna enfermedad que ya no pudimos resistir, llámese insuficiencia, paro, daño, la verdad es que algo no funcionará y dejaremos de existir.


Como cristianos creemos que todo asunto es gobernado por Dios, creemos en la soberanía de Dios, que no hay evento grande ni pequeño que se escape de sus manos, que Dios todo asunto lo ha decretado y que gobierna cada aspecto de lo que creó. También creemos que la enfermedad es una de esas cosas que Dios muchas veces manda o permite en nuestras vidas y que tiene todo el control sobre ellas (Dn.4:35; Jn.9:2-3). Como hijos de Dios sabemos que toda providencia nos es dada para la semejanza a Cristo (Rom.8:28). Cristo tuvo compasión de la enfermedad, sanó a muchos. Unos se lo pidieron, otros no. Pero no los sanó a todos, y ¿eso que nos indica? Que Dios es soberano y distribuye a cada cual como quiere (Ex.4:11). Dios está en control de todo, tienen todo el poder de sanar a todo el planeta con una sola palabra, pero debemos reconocer que Él tiene planes que desea llevar a cabo y por eso no concede a todos ser librados de una enfermedad. El cristiano más bien debe aprender a vivir en medio de una enfermedad glorificando a Dios como viviría en medio de cualquier potra providencia divina.

 

Lectura Bíblica

 

Isaías 58, 59, 60
Salmo 70