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LA MALIGNIDAD DEL PECADO (5)

Septiembre 13

‘¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?’.
Romanos 6:16

 

Hay dos cosas en las que los hijos de Dios deben madurar siempre: en desarrollar un pensamiento cada vez más alto de lo santo y en el pensar cada vez más mal del pecado, de nuestros propios pecados. ¿Sabe que nunca pensaremos tan alto de lo santo y tan malo del pecado? Pídale al Señor que ese odio que siente se transforme en apartarse de ese pecado y de semejantes. Prosigamos:

El pecado es maligno porque es una verdadera esclavitud. ¡Qué rápido quedó David bajo la esclavitud del pecado! Miró al comienzo y es como si una cadena sumamente pesada hubiese caído en su cuello que no lo dejó levantarse, lo sometió, lo zarandeó como quiso, una cosa lo llevaba a otra, perdió el control y es como si hubiese perdido la capacidad de levantarse y decir ¡Ya basta! El pecado es fatigoso, es una tarea ardua. Rom.6:16; Tito 3:3; 2 Pd.2:19; Nos habla de la realidad de una esclavitud por el pecado. El que peca trabaja arduamente. Tiene la trabajosa labor de pasar por encima de su conciencia, de lo que otros dicen, del repudio de los que le rodean, de la Palabra de Dios, de las punzadas del Espíritu Santo, de la iglesia, y más. Algo que nos esclaviza y nos es una pesada carga, como cadenas que arrastramos ¿No es maligno?


El pecado es maligno porque trae consecuencias que nos van a provocar más hacia el pecado. Alguien definió las consecuencias del pecado como ese monstruo que se sale de nuestro control y tiene vida propia. Pudiéramos controlar el pecado pero nunca las consecuencias. David tuvo que ver morir a su hijo recién nacido, después tuvo que huir de su propio hijo, experimentar como mancillaban sus concubinas, estar ahí cuando la espada empezó a blandirse entre familia, el temor de sus jefes de guardia y más. Deseo que entendamos que en el caso de un creyente, él puede recibir el perdón de sus pecados y Dios dejarlo afrontar sus consecuencias. Pero hay algo más fuerte aquí. ¿Cuántas tentaciones a pecar debió sortear David cuando vio desatar una a una sus pérdidas? David pudo haber caído en un sinnúmero de tentaciones que le vinieron producto de las consecuencias de su pecado. ¿Hay malignidad en el pecado entonces?


El pecado es maligno porque es un acto desconsiderado hacia Cristo. La malignidad del pecado, sobre todas las cosas está en que Cristo tuvo que sufrir por su causa. ¡Qué cosa tan maldita tiene que ser el pecado, que Cristo tuvo que venir a morir por él! La peor maldad del pecado no se manifiesta en que millares de personas sean condenadas por su causa, siendo eso tan doloroso y fuerte como es, sino en el hecho que Cristo muriera por su causa. Fue por el pecado que el Padre abandonó a su Hijo en la cruz, fue por él que no Lo escatimó, fue por el pecado que el Señor de la vida y bendición fue hecho maldición y reo de muerte. La razón por la que el Hijo de Dios fue desamparado por el Padre, debe ser la cosa más miserable que haya existido.


Aquello por lo que Cristo fue mirado como un malhechor, muerto por la justicia de Dios, debe ser lo más perverso de lo que tengamos noticia. Si hubo algo que desató la ira irreversible sobre Cristo, eso debe ser de una malignidad profunda y horrenda. Este es el pecado. Consideremos que expiar el pecado costó la sangre de Dios Hijo. ¿Hay malignidad en el pecado entonces? ¿Hay algo favorable en él?


Dios no mira livianamente el pecado, por favor, después de haber estudiado todo esto, tampoco lo haga usted.

 

Lectura Bíblica

 

Isaías 55, 56, 57
Salmo 69