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LA MALIGNIDAD DEL PECADO (4)

Septiembre 12

‘Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor’.
Romanos 13:9-10

 

Cuando una persona, en su pecado, quiere hacer quedar mal a otra, habla lo peor que se puede de ella. Suele empequeñecer sus cualidades y exagerar sus debilidades y defectos. Debo decirle que por estos devocionales, deseo que odie el pecado hablando mal de él. Pero créame, no estoy rebajando sus virtudes porque el pecado no tiene ninguna. No estoy exagerando sus defectos porque el pecado solo son defectos miserables. Dios le dé un corazón para “llenarse de motivos” para con el pecado y el camino hacia él sea dificultoso. Sigamos pues:

El pecado es maligno porque afecta sin piedad a otras personas. Sin duda que hay pecados que afectan solamente nuestro propio ser, nuestra alma, lo que es ya grave, pero otros de ellos no dejarán de afectar a los demás. Pensemos en el caso del rey David, creo que es obvio el daño que les hizo a otros. ¿Cómo debió reaccionar la familia de Urías ante todo esto? Amnón hijo de David violó a su media hermana y David no hizo nada, tal vez por su falta de autoridad moral. Y ¿Qué provocó? Sus concubinas fueron deshonradas como parte de la consecuencia de su pecado. Prov.12.18; 1 Cor.15:33; Hb.12:15 son ejemplos claros de cómo el pecado, ya sean pecados de la lengua como ofensas, malas expresiones, doctrinas de error, pueden dañar y corromper al oyente. Cuando pecamos no nos dañamos solo a nosotros sino que sin piedad dañamos a otros. A veces llevamos algunas feas consecuencias de los pecados de otros sobre nosotros y ¿Qué experimentas? ¿Hay malignidad en el pecado entonces?


El pecado es maligno porque contamina la totalidad del ser. El pecado no es solo una imperfección sino una contaminación (Hb.12:15). Es al alma lo que el óxido es para algunos materiales. Miremos que el pecado de David no solo contaminó sus ojos sino su pensamiento, su manera de razonar o inteligencia, nubló su sabiduría, apagó su valentía, profirió palabras que nunca hubiese dicho, escribió una carta abominable, sus manos, sus pies, hasta sus gastos cambiaron, dedicó un gran banquete un par de días para engañar a Urías y no lo consiguió. El pecado todo lo trastorna, lo cambia de lugar, lo contamina. Salomón llama al pecado: ‘plaga del corazón’ (1 Ry.8:38). Is.64:6 tiene un lenguaje muy fuerte para referirse al pecado, sin embargo no solo habla del pecado como inmundo sino de nosotros mismos como suciedad por causa del pecado. Algo que lo contamina todo en nuestra vida ¿No es maligno? ¿Hay malignidad en el pecado?


El pecado es maligno porque entristece el Espíritu Santo. Esta expresión debe ser entendida como el agravio personal que recibe el Espíritu Santo por el pecado no confesado y abandonado. Bajo esa circunstancia, el Espíritu Santo voltea su rostro de paz y complacencia y deja a sus propias fuerzas a un individuo y le hace experimentar la amargura y debilidad de enfrentar el pecado con sus propios recursos hasta que haya un verdadero arrepentimiento. David confiesa que esto es lo que le pasó por lo que afirmó en esa oración de penitencia Sal.51:11 una desgarradora confesión de su estado. Algo que pueda entristecer al Espíritu Santo, que nos deje con la espalda de Dios, en un sentido, que nos deje en nuestros recursos por haberle ofendido, expuesto a nuestra naturaleza, dañando la obra que el Señor ha avanzado en nuestra alma, ¿No es maligno y siniestro? Pecar es como apuñalar nuestra alma, considere esto cuando venga a su alma el primer impulso para pecar.

 

Lectura Bíblica

 

Isaías 52, 53, 54
Salmo 68