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LA MALIGNIDAD DEL PECADO (1)

Septiembre 9

‘para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado’.
Hebreos 3:13b

 

Hay realidades de las que usted no puede exagerar cuando las refiere. Sencillamente no se pueden exagerar porque en sí mismas señalan hacia algo terriblemente malo. ¿Qué tal la palabra cáncer o tsunami? ¿Las puede exagerar? ¿Qué tal las palabras devastación o masacre? ¿Puede usted pensar en algo más exagerado que esto? Pero deseo que piense en una palabra que jamás se puede exagerar, porque es más terrible que todas las cosas: Pecado. No sé si alguna pluma pudiera escribir del pecado tan mal como realmente es. Por más que escribamos mal del pecado, jamás pudiéramos retratar lo que este es en la realidad.

Deseo remitirlo en los próximos devocionales a un evento emblemático, no por lo piadoso o ejemplar, sino por lo cruel y doloroso para los que nos confesamos hijos de Dios. Este cuadro nos muestra la negrura moral del pecado y hasta dónde puede degradar a un individuo y dañarlo todo a su alrededor. Es un cuadro que nos duele porque hablamos de cuánto puede llegar a arruinar el pecado a un hijo de Dios. Mostramos este episodio porque aquí el Espíritu Santo nos muestra cuán miserable es el pecado y por qué lo es. Deseo por los próximos devocionales exponer las razones suficientes para que odie el pecado y cualquier inicio de este en su vida.


Por ahora permítame señalarle de forma preliminar, dos características mortales que tiene el pecado y por qué es tan peligroso para el alma.


Es Engañoso. El pecado da la apariencia de no estar allí y de veras distrae, engaña, neutraliza nuestra conciencia tanto, que podríamos asegurar que nuestra visión está correcta estando embarrados del mismo. Creo que al leer la parábola que Natán le dijo a David, lo vemos claramente, ¡estaba hablando de él! Pero David puede escucharla y encenderse en furor al ver claramente esa injusticia, pero nunca, nunca, nunca pensó que se estaba refiriendo a él hasta que el profeta le declaró: ‘Ese hombre eres tú’. ¿Ve lo engañoso que es el pecado? El pecado que habita en nosotros nos nubla de verdad y opaca nuestra capacidad de detectarlo. No importa si usted es un Rey como David, un profeta, un apóstol, el pecado no retrocede por la reputación o la falta de ella del individuo. Ni repara si el tal conoce o no las Escrituras, si las ha obedecido en algún tiempo o no. Si está acostumbrado a caer allí o es la primera vez.


Es Sutil. El pecado tiene un gran enemigo en el alma de los hombres en general y es la conciencia. Al menos todo ser humano tiene esos sensores en el alma que le avisan del pecado en sentido general. Así que el pecado no puede moverse muy rápido o ser tan evidente. Pero el asunto se vuelve más difícil si el individuo ha sido iluminado por la Palabra de Dios y/o si es cristiano. Cuanto más cerca el individuo esté de la luz, el pecado ha refinado sus tácticas para pasar sin ser detectado por la luz. El pecado siempre obra -desde presentarse como algo justificable-, luego para sugerir que no es tan malo, para luego simplemente decir que no es pecado. Hay que ver, si pudiéramos rastrear cada pecado hasta sus inicios, cómo se empezó a colar en la vida del individuo. Encontraríamos que se deslizó con sutileza a través de cosas legítimas y buenas. Luego que ganó la entrada, empezó a esparcir su somnífero hasta que la conciencia lo justificó. Por último se agrandó pero tan sutilmente que la conciencia lo aceptó y ahora lo defendemos.
Estas dos características hacen del pecado un mal mayor a una terrible enfermedad o un miserable traidor. Nunca se duerma frente a esta realidad.

 

Lectura Bíblica

 

Isaías 43, 44, 45
Salmo 65