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CARGANDO NUESTRO CORAZÓN CON LO QUE CARGÓ EL DE CRISTO – LA SALVACIÓN DEL PECADOR

Agosto 20

‘Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor’.
Mateo 9:36

 

Al tratar de determinar qué cosas cargaron el alma santa del Salvador ¿De dónde sacaremos esta información? Es molesto escuchar cómo la mente del hombre pone palabras y acciones de Cristo en afiches y mensajes de internet, bien sentimentalistas, alejadas de lo que realmente cargó el alma del Salvador. Bien sabidas son las historias del Jesús “mirando por una ventana”, llorando por los mendigos que se paran en las esquinas y más.

¿A dónde iremos para saber qué cargó el corazón de Cristo y por consiguiente lo qué debe cargar el nuestro? A las Escrituras obviamente. Allí miramos lo que marcó su vida cada momento mientras se acercaba a la cruz del Calvario.


El corazón de Cristo también se cargó profundamente con la Salvación del pecador. ¿Puedes leer la Escritura y concluir que la salvación de los pecadores no era algo que cargaba profundamente su alma? Mira la marca de su nombre Jesús: Salvador (Mt.1:21). Mira las distancias que corrió predicando la salvación (Mt.4:23, 9:35) y que no agotó palabras para grandes multitudes (Jn.6) ni para con uno solo (Jn.3 con Nicodemo y Jn.4 con la Samaritana). Enseñó todo el transcurso de su ministerio (Mr.14:49). Confesó que era enviado a las ovejas perdidas y se encausó a eso (Mt.15:24; Jn.10:16). Se asombró por la incredulidad del pecador (Mr.6:6), tuvo compasión al ver la multitud dispersa e incrédula (Mr.6:34) y esta compasión después de días de trabajar sin descanso y muy cansado. Corrió la cortina para dejarnos ver que el cielo se goza por un pecador arrepentido (Lc.15:7), fue directamente desviando su camino, entrando a una ciudad para buscar y salvar a Zaqueo (Lc.19:1-10).


Si nuestro Señor vivió con una carga en su alma era la salvación de los pecadores. Vio la miseria del pecado a su alrededor, fue testigo de la realidad de la depravación total en un mundo caído y no ahorró tiempo ni energía para llamar a las gentes al arrepentimiento. Medite en lo siguiente, si hubo algo que hizo llorar al Salvador y si hubo algo que lo hizo alegrarse, entonces usted puede estar seguro que eso, cualquiera que sea el asunto, cargaba Su santo corazón, que eso no era algo impersonal para Él. Pues debes mirar que Él lloró por la incrédula Jerusalén (Lc.13:34) y se regocijó en espíritu por los que entendían el evangelio (Lc.10:21) y se regocijó en ver fe dónde no se esperaba (Mt.8:10). Usted no puede leer los primeros 8 versículos de Jn.17 sin ver esto. Es eso mismo lo que debe cargar nuestra alma.


¡Cuánta alegría nos debe producir ver gentes viniendo por la fe a Cristo! Cuánto peso el no verlos. Qué afán deberíamos tener y cuántas lagrimas derramar. Cómo nos deben alegrar más iglesias Bíblicas fundadas, más proclamación, más recursos, mas verdad corriendo para la salvación de muchos. Qué comprometidos deberíamos estar con las misiones, con los esfuerzos de llenar con el Evangelio toda la tierra. Cuánto regocijo nos debería dar el que las puertas se nos abran o se les abran a otros para la proclamación de la verdad.


Cuánto pecado deberíamos confesar cuando vemos que nuestro corazón no está cargado con esto o no como cargó el alma del bendito Señor. Despertar pensando en promover el evangelio, vivir el día para procurarlo, acostarse o quitar sueño suspirando en oración por ello, no es fanatismo ni un error, es tener el corazón como el de Cristo y no podrás ser como Él hasta que eso no cargue tu corazón en gran medida.

 

Lectura Bíblica

 

Job 25, 26, 27
Salmo 45