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CARGANDO NUESTRO CORAZÓN CON LO QUE CARGÓ EL DE CRISTO – LA GLORIA DEL PADRE

Agosto 18

‘Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti’.
Juan 17:1

 

Si bien hay un llamado evangélico en el que en uno de sus aspectos es un llamado a descansar, deshacerse de las cargas, del peso que asedia, existe también un llamado a cargarse, a que las cosas nos afecten, a apersonarnos, es un llamado a sufrir, a tener ansiedad, a desfallecer y a no dar descanso a nuestros ojos (Mt.11:28-30). No podemos cargar nuestro corazón con lo que cargó el corazón de Cristo si no reconocemos el yugo que él llevó los días de su humillación.

¿Qué cargó el corazón de Cristo? Es difícil responderlo en una sola sentencia. Creo que toda su obra, cada palabra, acto, nos responde qué cosas cargaron su corazón.


El Señor Jesús no puede ser acusado de haber hecho algo que no quería (eso le convertiría en hipócrita)  o que no fuera su carga (eso le haría indiferente y un asalariado), y sabemos que eso no corresponde a su santísimo Ser. Pero pensemos que en el círculo de cosas que cargaron a Cristo, hubo unos picos altos que nos muestran lo que iba más al centro de su alma y con base en ello podríamos explicar por qué hizo lo demás. ¿En qué notamos esa carga concentrada? ¿En dónde vemos más su intención? ¿Qué es lo más obvio que mostró?


En primera medida el corazón de Cristo se cargó profundamente con la gloria del Padre. Jn.17:1 nos habla del primer ruego del Salvador en esta oración. Rogó que el nombre del Padre fuera santificado (Mt.6:9; Jn.12:28). Prometió responder las peticiones de sus discípulos para que el Padre fuera glorificado (Jn.14:13). Exhortó a llevar mucho fruto para que el Padre fuera glorificado (Jn.15:8). En la última cena exclamó que se dirigía a glorificar al Padre (Jn.13:31). Resucitó para gloria de Dios Padre (Rom.6:4). Vivió cada día de su vida con este propósito en su alma como una presión. Asumió su tarea con determinación santa y todo aquello que nublara la gloria de su Padre lo combatió con esmero y promovió entre los hombres la gloria de su Padre siendo Él mismo su resplandor.


Si eso cargó el corazón de Cristo debe cargar el nuestro. Las palabras de Eliseo a Giezi nos ayudan a poner siempre las cosas en su lugar: ‘¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?’ (2 Ry.5:26). Cargar el alma con la búsqueda de las cosas que glorifican a Dios, no con la procura de hacer grande un nombre, una reputación, unos logros, sino la gloria de Dios. Debemos tener ansiedad e inconformidad con las medidas tan básicas que hemos encontrado para glorificar su Nombre, con satisfacernos con hacer lo bueno, dejando a un lado la angustia y carga, el apremio por hacer lo que glorifique al Señor. Cuando uno no sabe qué hacer, no solo debemos elegir lo bueno, lo legítimo, sino las cosas que glorifiquen el nombre de Dios y las que lo hacen más y más.


Si el precio para que el nombre de Dios sea glorificado es ver perecer nuestro nombre, reputación y comodidad, que así sea,  pero que viva el del Señor. Vivir para buscar la gloria de Dios no es fanatismo o de gente inmadura. Es de hombres que han sabido cargar su corazón con lo que cargó el corazón de Cristo.


Este es un llamado a cargarse, este es un llamado a que las cosas le afecten, a apersonarse, es un llamado a sufrir, a tener ansiedad, a desfallecer y a no dar descanso a sus ojos para que Dios en Cristo sea glorificado. ¿Qué tanto carga su corazón esto?

 

Lectura Bíblica

 

Job 19, 20, 21
Salmo 43