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SABIDURÍA CON “S” MAYÚSCULA

Agosto 10

‘mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios’.
1 Corintios 1:24

 

Sin duda que las Sagradas Escrituras, la Biblia, está muy interesada en que los individuos en general y por supuesto, en mayor medida los hijos de Dios, aprendamos de Él a vivir una vida bajo sus principios.

Sin embargo si no somos cautos, podemos llegar a considerar la Palabra de Dios como un libro de instrucciones morales que apela a nuestra conducta cuyo fin es hacer que todos los individuos nos portemos bien y vivamos en amor. Reducir el significado de la Biblia de esta manera no le honra sino que la confina a sólo un aspecto de la vida del hombre, desplazando a un rincón su significado esencial.

Seguramente podemos apreciar que muchos cristianos van a las Escritoras buscando cómo vivir. Lo que pudiéramos llamar, los principios de la sabiduría de Dios. Ellos han llegado a reconocer que están en el mundo de Dios, ligados a los principios que Él mismo puso a su mundo y que la mejor manera de conducirse en sus trabajos, en familia, en la sociedad, en sus múltiples demandas de conflictos, decisiones y desafíos, es mirando el consejo de las Escrituras. Esta sabiduría tiene su lugar, pero no es el mensaje principal de la Palabra de Dios.

La Biblia sí está interesada en que aprendamos sabiduría, pero no de cualquier tipo sino La Sabiduría de Dios. Esta Sabiduría tiene a la persona de Cristo como centro, el Evangelio como su explicación, el sacrificio de Jesús como su fundamento y la gloria de Dios como su fin principal. La Sabiduría tiene que ver con aquel tema donde el hombre ni siquiera por sentido común alcanzaría su conocimiento. Es una Sabiduría que tiene que ser revelada por Dios mediante su Palabra y alumbrada en cada corazón por el ministerio de poder del Espíritu Santo de manera que el individuo pueda llegar al conocimiento de la gloriosa persona del Salvador, de su propia miseria, de la urgencia que se le aplique la obra en sustitución en la cruz del Calvario y de la esperanza que le aguarda al ser heredero de esa herencia.

Esta es La Sabiduría, no producto del esfuerzo mental del ser humano ni de las alturas intelectuales de los ángeles que no cayeron en pecado, ni siquiera de los santos ya redimidos en el cielo sino La Sabiduría de Dios mismo comprendida en la Persona de Jesucristo (Cf. 1 Cor.1:24 y 30). Estas son las ‘cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre’ pero que Dios ha prometido que quiénes Le aman la alcanzarían (1 Cor.2:9). Se trata del Evangelio de Cristo ‘en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento’ (Col.2:3). Cuando de comprender a Cristo se trata, de conocerlo más y más, profundizar en la gloriosa obra realizada en la cruz, sus objeto, su alcance, su método, su poder, sus beneficios, su recompensa y más y más, debemos reconocer que somos solo bebés mojando nuestros dedos frente a un mar que se extiende delante de nosotros.

Por supuesto que los hijos de Dios tenemos esa Sabiduría, pero es una Sabiduría que podemos – y debemos-, seguir aprendiendo en su altura, anchura y profundidad (Ef.3:17-19). Aunque estamos en la luz, podemos ver más luz (Sal.36:9), aunque conocemos, nuestro conocimiento puede ser en gran manera más alumbrado (Ef.1:17-18). Esa es La Sabiduría que la Palabra de Dios tiene como su centro, que se nos exhorta a tener sobremanera (2 Tim.3:15).

La “otra” sabiduría, es solo un precioso fruto de haber entendido aquella. Déjeme preguntarle hoy, ¿Es usted sabio?

Lectura Bíblica

 

Ester 4, 5, 6,
Salmo 35