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EL PODER TRANSFORMADOR DEL EVANGELIO

Agosto 7

‘Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios’.   
1 Corintios 6:11

 

El poder de la gracia salvadora corriendo por el alma de un individuo es asombroso mírese por dónde se mire. El apóstol Pablo había estado de pie, predicando y enseñando el evangelio a un grupo de creyentes a los que ahora redacta esta carta. Seguramente el apóstol había conocido a muchos de ellos en la vida sin Cristo y ahora, por la gracia de Dios, ellos se encontraban escuchando las Escrituras y creciendo como hijos de Dios a la semejanza de Cristo.

 Hombres y mujeres, en otro tiempo desfigurados por el pecado, ahora fueron acogidos por Cristo y por la iglesia a la que pertenecían.
La asombrosa gracia del Señor era evidente. ‘Esto erais algunos’, les dice el apóstol para exhortarlos a una vida más santa. Pero ¿Qué era eso que algunos de ellos eran? ‘fornicarios…idólatras…adúlteros…afeminados…los que se echan con varones…ladrones…avaros…borrachos…maldicientes…estafadores’. La gracia abundante pudo tomar gente así, en sus peores delitos, y ahora situarlos junto con los patriarcas del Antiguo Testamento, en sus mismas promesas y privilegios. Nadie hubiese podido suponer que esas personas iban un día a compartir privilegios con los santos y ser coherederos con Cristo mismo.

La gracia salvadora es real, no es una utopía. No es un anhelo ni el suspiro de un pecador. Es un poder transformador real, vivo, irresistible. Usted puede comprobar el poder de la gracia en vidas realmente transformadas desde su raíz. Tan claro era que muchos de ellos habían sido idolatras, tal vez aquel que le robó, aquel inmoral que daba vergüenza, hoy junto a los santos, bebiendo del evangelio, tomando el pan de la comunión y recibido en oración, exactamente por el mismo motivo que los demás. Eso es gracia operante, eso es gracia viva. No solo que ellos recibieron enseñanzas acerca de la gracia salvadora sino que experimentaron su poder salvador, su poder trasformador, su poder vivificante.

Imagine el cuadro que nos ofrece Hechos capítulo 2. Cincuenta días atrás, muchos de esos hombres estaban gritando con odio: ‘¡Crucifíquenle!’ Estaban dispuestos a acabar con el rastro de un Mesías moribundo y sus seguidores. Pero ahora, casi dos meses después estaban gimiendo ‘¿Qué debemos hacer para ser salvos?’. Y poco tiempo después, perseverando en ‘la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones’. Ese es el poder transformador de la gracia. Siempre ha sido así porque es la misma gracia de Dios antes y hoy,

¿De cuándo acá las iglesias no pueden determinar de forma más clara quien es realmente cristiano o no? Hay demasiadas personas en medio de la iglesia, unos como simpatizantes otros como miembros, sobre los que se tienen dudas bien razonables acerca de su profesión de fe. De ellos no se puede decir con firmeza ‘esto erais’, pues de una manera exhiben ciertos rasgos de algún tipo de sensibilidad espiritual, pero siguen sosteniendo sus costumbres, sus anhelos, su propio proyecto de vida como si el suministro de gracia hubiese aguado su poder con el tiempo. La gracia transformadora no es tan evidente, no hay conversiones incuestionables, la iglesia ha aprendido a tratar con ellos como presuntos cristianos.

Deseo que medite si es usted uno de esos o uno de los que es completamente evidente un ejercicio de la gracia transformadora, irresistible y creciente. La gracia es real, es abundante, cambia de verdad, desde la raíz, de modo que se puede decir ‘esto erais’. ¿Ve esta gracia en usted?

Lectura Bíblica

 

Nehemías 8, 9, 10
Salmo 32