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Iglesia Bautista Reformada de Suba

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EL CUERPO FUERA, EL ALMA AÚN EN EGIPTO

Julio 9

‘Al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto’.
Hechos 7: 39

 

El gran inconveniente práctico de haberse acercado al Evangelio motivado por afanes diversos, mas no por la verdadera necesidad del alma con respecto al perdón de pecados, es que, al no haber habido una renuncia sentida hacia el pecado, el alma, tarde o temprano manifestará su amor y adhesión a este.

Se puede observar que muchos individuos ahora ocupan un lugar en la iglesia, habiendo venido por aquellos asuntos de salud, trabajo, conflictos familiares y más, que a su vez conviven con un amor secreto hacia el pecado. De no ser por un compromiso externo que adquirieron, estarían viviendo bajo la filosofía del mundo materialista y pecador. Ellos pueden profesar con sus labios, su identificación con los principios bíblicos, pero su alma anhela todo aquello que un hombre o mujer del mundo también anhela.
Es claro que el Señor no se deja llevar de las apariencias, que sus ojos penetran hasta discernir los íntimos pensamientos e intenciones. Él ha presenciado a toda la humanidad y sabe de su terrible condición de amor hacia el mundo.


Habiendo sacado el pueblo de Israel de bajo la opresión de Egipto, el gran Señor los lleva por el desierto, les da su ley y les asigna un profeta y pastor, ¡Ah, si solo los hubiera liberado de la esclavitud solamente! ¡Si solo Dios se hubiera limitado a arreglar sus problemas temporales! Pero Dios iba mucho más allá. Sus propósitos tenían que ver con hacer de un pueblo pecador, uno santo. Cuando el Señor comienza a hacer la obra más grande, el pueblo reaccionó de una manera inaudita, siguieron caminando detrás de Moisés, pero su corazón volvió a Egipto. Nunca se sometieron al señorío de Dios, resistieron al Espíritu Santo todas las veces, murmuraban, odiaban los retos de fe, les fastidiaba el maná y la obediencia, odiaban adorar a un Dios que no podían ver, se quejaban del trato del Señor con ellos. ¿Por qué? Porque su corazón estaba en Egipto. Ellos se dieron a pecados aberrantes, a idolatría inmoral. No podían contener la furia de sus pasiones mundanas y por ello, el Señor los descalificó de la tierra prometida y los extinguió en el desierto.


Si se escribiera una crónica actual de todo el pueblo que semana tras semana se sienta en una iglesia, ¿Qué se escribiría? Tal vez la realidad de hombres y mujeres, escuchando sermones, siguiendo reglas, trabajando en proyectos, sirviendo en las cosas de Dios con el corazón en Egipto, es decir en el mundo. Sus corazones hierven de deseos por el dinero, por la posición, por comodidades, lujos, bienestar temporal, codicias, idolatrías, música, atuendos, filosofías mundanas, y todo esto aunque conserven una moralidad aceptable. ¿Será por ello que los espíritus sensibles denuncian que el mundo ha permeado la iglesia? ¿Puede ser que esa sea la razón del por qué tantos conflictos de intereses en las iglesias? ¿Será que el amor al mundo es lo que deseamos saciar usando la iglesia?


Usted se puede asombrar de la facilidad de vivir con el cuerpo en un lugar pero con los deseos en otro. El corazón de muchos que hoy parecen cristianos está siendo reprimido no transformado. Sus pasiones están enjauladas no mortificadas. Sus anhelos están amordazados no renovados. ¿No cree que debemos ejercer una vigilancia extrema de nuestro corazón? Por amor a su alma discierna si lo que hoy le motiva son sus suspiros hacia el mundo, y recuerde que los que aman el mundo se constituyen enemigos de Dios.

 

Lectura Bíblica

 

1 Crónicas 4, 5, 6
Salmo 2