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MUY SANTO Y CONSAGRADO

Junio 16

‘Y santificaré el tabernáculo de reunión y el altar; santificaré asimismo a Aarón y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes’.
Éxodo 29:44

 

Es indiscutible cómo resalta a la vista las prescripciones tan detalladas de la construcción del Tabernáculo con sus utensilios y las disposiciones específicas del oficio sacerdotal con todos sus elementos. Dios no sólo quería remarcar que todos los asuntos para su adoración son los que Él ordenó, sino que, si alguna enseñanza podemos sacar de las prescripciones tan detalladas que acompañaron todo esto, es que la búsqueda del Señor debe ser un asunto de santidad, pureza, de consagración. 

Si bien, por un lado bastante general podemos afirmar que todo en la vida del creyente debe ser adoración, no es muy preciso hablar así, ya que la adoración a Dios es un acto que se distingue de la vida común, por lo que es mejor decir que toda la vida del creyente es para la gloria de Dios incluyendo esos actos específicos de adoración intencional. Ciertamente debemos hacer todas las cosas para la gloria de Dios, aun comer y beber (1 Cor.10:31). Pero la adoración es un acto deliberado y consiente donde consagramos al Señor nuestras vidas en pureza y santidad reconociendo lo que Él es y lo que hace.


La adoración al Señor goza de un elemento especial de pureza gracias a que las cosas son apartadas de su uso común y dedicadas al Señor. Para no ser algo redundante, permítame sugerirle que note en lapso de tan solo 6 capítulos, la intencionalidad de Dios para señalarnos lo que debe acompañar la vida de adoración a Dios, esa vida formal de adoración consagrada y deliberada que se distingue de vida ordinaria: Éxodo 28:2, 3 36, 38, 41; 29:1, 6, 9, 21, 22, 26, 29, 31, 33, 34, 35, 36, 37,43-46; 30:10, 24,25, 28-32, 35-36.


Creo que advirtió la palabra ‘santo’, ‘consagrado’ y sus derivados. Posiblemente no captemos cada detalle de las presuposiciones divinas aquí, pero algo sí nos debe quedar claro: que la adoración a Dios, es algo santo, consagrado, especial, no es nada común, ordinario, ni siquiera debe verse como algo superficial o liviano.


Esto pone la adoración a Dios en otra perspectiva. La adoración es algo aparte o ‘consagrado’. No debe pertenecer a lo común, debe haber tanto intencionalidad como separación. La adoración a Dios no debe sufrir la mezcla  de lo santo con lo profano, con lo mundano, con lo popular. Apelar al gusto del que ofrece la adoración es una verdadera profanación a Dios quien con toda claridad exhortó a que los elementos de su adoración deben ser apartados o santificados para Él. La adoración no consiste en la búsqueda de nuestro gozo, sino en el acto de ofrecer con humildad a Dios aquello que es de Su agrado. Por supuesto que adorar es un acto de gozo, pero lo es de sumisión, obediencia, consagración y servicio, todo esto con reverencia.


Además, usar la adoración para estimular la carnalidad de la gente es igualmente profano. La adoración tiene el objetivo de expresar todo reconocimiento a Dios en santidad y nunca debe asemejarse a lo que el mismo mundo considera como sensualidad. Hay hombres, ya sea haciendo o provocando la carnalidad, que han hecho fama con aquello que es santo y consagrado solo para el agrado de Dios. Ellos se lucran de diversas formas con la adoración, robando la atención y los afectos que en teoría iban dirigidos como un acto sagrado a Dios.
Medite hoy que la adoración es una acto especial, centrado en Dios, por lo que siempre la consagración, santificación y la santidad humilde deben ser los eternos acompañados de ella. Así Dios lo quiso y así lo quiere hoy.

 

Lectura Bíblica

 

Gálatas 1, 2
Proverbios 17