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ERRADICANDO LA IRA Y EL ENOJO

Junio 11

‘Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia’.
Efesios 4:31

 

Es evidente que Dios no quiere que en nuestras vidas permanezcan la amargura, el enojo, la gritería y demás cosas. Nuestro Salvador desea que nosotros tengamos un corazón lleno de amor sincero y real para con los hermanos. Nosotros debemos pues aprender a vivir como Él dice que lo hagamos, puesto que es así como en verdad amaremos a los hermanos. Dios es amor, Él lo demostró en la cruz del Calvario. Es allí donde nuestros pecados son perdonados, fue allí donde dio su vida y donde en vez de muerte nos dio vida para que seamos felices, para que disfrutemos de todas sus bendiciones todos los días de esta vida y de las que vendrán en el reino eterno.

Pero esta clase de vida no la podemos disfrutar ni podremos demostrar ese tipo de amor si alguna de estas cosas que denuncia el texto, están en nosotros en mayor o menor grado. Dios mismo sabiendo que estas cosas nos serán estorbo, nos dice que las arranquemos de nuestras vidas.


En el v.26 el apóstol inspirado dice: ‘Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo’. Pareciera como que este pasaje dijera “¡puedes airarte pero no peques!”. Ahora, no es eso lo que precisamente enseña este pasaje, su enseñanza es que si por alguna razón pudiera haber ira en nuestras vidas, esa ira debe ser santa o lo que es igual a decir que solo nos podemos airar por lo que sea pecado. Qué bueno fuera si al pensar en el pecado nos produjera ira, que bueno fuera si en vez de airarnos con las personas nos airáramos contra el pecado que mora en nosotros, seguramente que pecaríamos menos y daríamos más gloria a Dios nuestro Señor. Que así es como debe ser entendido este texto queda corroborado porque de lo contrario el v.26, sería contradicho por el v.31. El primero daría permiso de airarse mientras que el segundo no, entonces no sabríamos que hacer. Lo que sí es cierto es que el Señor no quiere que vivamos ni enojados, ni airados. El apóstol extrae su enseñanza del Salmo 4:4 que dice: ‘Temblad,  y no pequéis’. Así que lo que tenía en mente es a la indignación que produce el pecado, mientras que el v. 31 es muy claro al exhortar a los creyentes que deben quítese toda ira y enojo de sus vidas.
La palabra enojo tiene la idea de una  pasión descontrolada  (como respirando fuerte, como bufando) de una persona que es áspera con los demás. Ese enojo o disgusto por alguien, es un enojo que es prohibido por el Señor por que conduce al resentimiento, conduce a que -en vez de arreglar las cosas-, se deterioren más y más las relaciones entre las personas, cosa que como sabemos, no es del agrado de Dios.


Pero la exhortación sigue avanzando y también nos dice que debemos erradicar de nosotros la ira. El enojo puede desembocar en ira, así que la ira debe ser quitada de nuestras vidas porque estas llevan a la persona a no amar al prójimo, a no perdonar a los demás cuando nos han ofendido. Estos son sentimientos negativos que juntos harían que una persona no tenga la comunión con los demás que debiera tener. Esa es la razón por la cual el Señor dice que esas cosas deben ser quitadas de nuestras vidas.


Como advirtió, no hay ninguna excusa para expresar estos defectos de carácter. Bajo el evangelio, nos será necesario controlar estas emociones, para no hacerle daño a nadie. ¿No sería sabio examinar nuestras vidas y empezar a trabajar en su erradicación?

 

Lectura Bíblica

 

2 Samuel 10, 11, 12
Proverbios 12