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PROSPEROS Y OLVIDADIZOS

Junio 9

‘cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre’.
Deuteronomio 6:12

 

Uno de los beneficios que tenemos al tener completa la Palabra de Dios con nosotros, es poder ver en muchas ocasiones las promesas cumplir o las advertencias hallar su razón de ser, de manera que no nos debería quedar difícil darle todo el crédito y aceptar que siempre tiene razón cuando habla. Tenemos pruebas fehacientes de cómo el Señor cumplió aquello que prometió y por qué daba advertencias tan solemnes y sentidas. Usted acaba de leer una de ellas.

El pueblo que había sido sacado de Egipto con mano fuerte, habían pasado ya cuarenta años desde aquella ocasión. Los hijos de Israel habían tenido que ver morir a sus padres rebeldes en el desierto y ahora Moisés estaba casi para despedirse definitivamente. El pueblo se encuentra a puertas de entrar a la anhelada tierra que Dios les había prometido y les hace esta solemne advertencia. Ellos corrían el riesgo de olvidarse de Dios cuando se hubieren acomodado en la tierra prometida. Eran proclives a darse a la idolatría y olvidar los demás principios de la ley divina. Un sentido de seguridad reemplazaría el temor de Dios y en contraposición a su prosperidad física pudieran caer en la pobreza espiritual más grave.


En la vida cristiana usted puede encontrar personas que son muy dedicadas a Dios mientras Él las mantiene en diversas pruebas y dificultades. Ellos son dados a la oración, a la santidad y al servicio en momentos transicionales, su fe es algo circunstancial. Sin embargo cuando tienen lo que han deseado, puede ser un trabajo, un hijo, conyugue, dinero, una carrera, salud, un cargo, un ministerio, etc., se olvidan de Dios y sus mandamientos con facilidad espantosa. Los que en otro tiempo dedicaron plegarias, hicieron votos de obediencia incondicional, prometieron fidelidad, hoy, entre las mismas respuestas a su oración y disfrutando de ellas, olvidan al Señor y abandonan aquella piedad que confesaron cuando no tenían nada.


En efecto, el pueblo de Israel olvidó al Señor muy pronto y desde allí se marca una dinámica de olvido, castigo, penitencia y restauración para luego empezar este círculo por siglos hasta que Dios hastiado de esa situación, los envió al exilio. Usted puede asegurar que la tendencia a olvidarnos del Señor en nuestra prosperidad, a olvidar al Señor cuando las cosas están bien, a tener una fe circunstancial, es real y debe advertirlo en su corazón lo más pronto que pueda.  


El hijo de Dios debe corroborar que su fe en el Señor es por lo que Dios es en sí mismo y no por lo que Dios pueda darle. Si no examina su corazón, las mismas bendiciones que le pide a Dios y le son concedidas, serán los impedimentos que lo alejan de su prometida fidelidad al Señor. Un individuo puede ser más ciego que un murciélago en este aspecto y enlodar su profesión de fe si no es que hasta abandonarla. La persona que sigue al Señor por los aspectos fugases de la vida, verá ir su fe con la misma fugacidad y caerá en los vicios que nunca imaginó y que difícilmente puede luego ver en su alma.


Querido hijo de Dios, aprenda del consejo de la Escritura pues las cosas que se escribieron, se escribieron para nuestro provecho y no aprenda por la dolorosa experiencia de ver su corazón olvidándose de Dios cuando tiene lo que Él le concede pues seguramente se dolerá al ver que la perdida superó lo que quiso ganar. No olvide a Dios nunca, sea cual sea su providencia, no piense que la providencia de la abundancia es más llevadera que la de la escasez, el corazón es engañoso y lo que no busca sacar por un lado lo hará por otro. Fíese en Dios y nunca lo olvide.

 

Lectura Bíblica

 

2 Samuel 4, 5, 6
Proverbios 10