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CRISTO MURIÓ PARA REDIMIRNOS DE LA MALDICIÓN DE LA LEY

Junio 7

‘Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)’.
Gálatas 3:13

 

Este tema es de vital importancia para la comprensión de la obra de Cristo en la cruz. Al leer la declaración del v.13, muchos no han trazado bien la Palabra de Verdad y han concluido que el Señor Jesús, con su muerte en la cruz, redimió a su pueblo de la ley y ahora ellos no tienen la obligación de obedecerla. Este error viene de no entender que la ley de Dios no tiene solo un aspecto sino varios. Algunos de esos aspectos ya no están vigentes, por supuesto, pero no así la ley misma.

Nuestro texto no dice que hemos sido redimidos de la ley sino de su maldición. Por lo que en otro aspecto, los hijos de Dios están tan obligados a observar la ley moral resumida en los diez mandamientos, como cualquier persona, en cualquier época.


El v.10 empieza con una sentencia que aclara el panorama: ‘Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición’. Podríamos preguntar ¿Todos los que dependen de la obediencia de la ley para qué? El contexto mismo nos ayuda responder: todos aquellos que desean ser aceptados por Dios, ser salvos, ser justificados, por su obediencia a la ley del Señor. Esa procura, ese intento, pone a esos individuos bajo maldición. Si Dios solo tiene trato amoroso con quienes son vistos como justos, ¿cómo ser un justo delante de Dios? Pues solo veo dos salidas naturales: O no haces nada en absoluto para agradar a Dios y ser aceptado por Él y esto te deja en tu estado de pecado y miseria o intentas hacer algo tú mismo para agradar a Dios y ser aceptado, pero si lo haces quedas bajo maldición. Esto pone a los individuos aparentemente sin salida.


¿Por qué un individuo queda bajo maldición al depender de la obediencia a las obras de la ley para su justificación? Porque primero, según la Escritura, su obediencia debe ser perfecta (v.10). El individuo que desea ganar la aceptación y la aprobación de Dios por su propia obediencia, debe entender que la menor desobediencia, la menor omisión, lo deja en el camino de la desobediencia pecaminosa (St.2:10-11). Y segundo porque intentará usar un medio que no fue diseñado para eso (v.11).


El apóstol inspirado por Dios nos muestra otro de los beneficios y razones por las que Cristo nuestro Señor fue a la cruz a morir. El que Cristo haya muerto en la cruz, quita a los que han creído, de la maldición de no cumplir perfectamente la ley. La maldición que pesa por nuestros fracasos con respecto a lo que Dios quiere, cada punto en que hemos defraudado la voluntad de Dios, cada precepto que hemos desconocido, el no haber permanecido en todas las cosas de la ley para hacerlas, es removida, quitada o más bien nosotros somos quitados de bajo la maldición divina.


El hecho de haber sido redimidos de la maldición que la ley promulga a los que no están en todos los mandamientos de Dios para obedecerlos, significa que los hijos de Dios, y solo los hijos de Dios, los creyentes verdaderos, han sido aceptados por Dios sin sus méritos. Que la base de su aceptación no son sus obras, que si Dios los aceptó fue por otro mérito, basado en otra virtud, sobre otra obediencia que no es la suya. Ellos pueden regocijarse que Dios tiene comunión con ellos porque precisamente no son vistos en su deficiente y casi pálida obediencia.

 

Lectura Bíblica

 

2 Corintios 13
Proverbios 7, 8