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CRISTO MURIÓ PARA LIBRARNOS DE NUESTRA CONDENACIÓN

Mayo 20

‘¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros’.
Romanos.8:34

 

 

Cuando entendemos la condición o situación actual de un ser humano en su estado natural, de su posición delante de la ley, sabemos que es contado como un pecador y fue contado como uno desde su misma concepción. Por ese motivo él comete pecados. Su posición legal: Pecador; da paso su situación actual: que peca. A esto es lo que se refieren en textos como Juan 3:18 y Romanos 5:16. Somos contados delante de la justicia divina como pecadores.

Dios ha proferido sobre nosotros una sentencia legal, un dictamen que tienen que ver con nuestra categoría frente a su ley: Pecadores. Eso es condenación. Se nos condena, se nos enjuicia, se nos profiere un dictamen adverso. Cada ser humano ya es contado como pecador, sus obras solo afirman que la sentencia fue verdadera y justa.
Una persona condenada será una persona castigada finalmente ¿En qué consiste este castigo o condenación? La Biblia nos muestra al menos siete asuntos que incluyen este castigo como: Un lugar real, material, de tormentos físicos, mentales y emocionales (Mt.8:12; Ap.20:10); Un estado perpetuo de máximo dolor y culpa que nunca cesará (Mr.9:44); Un estado irreversible (inmutable) de pena (Mt.25:41; Ap.20:10); Una existencia eterna en compañía de los peores seres como el Diablo, los demonios y la plenitud de los impíos; Un estado eterno de olvido de las bendiciones y misericordias de Dios (2 Tes.1:9; Ap.14: 9 -11a); Una eternidad de retribución (destrucción) por el pecado; Una existencia de conciencia plena de la obra de Cristo y la imposibilidad de volver a él. Medite solo por un momento, ¿Vale la pena vivir 30, 40 o hasta 90 años, para ser condenado toda una eternidad lejos de la misericordia de Dios?.


Pero nuestro texto nos hace una pregunta osada: ‘¿Quién condenará a los hijos de Dios?’ Nuestro texto nos afirma que nadie puede condenar a los hijos de Dios, es decir, proferir una sentencia condenatoria sobre ellos porque no hay base legal para hacerlo. Con su muerte en la cruz, el Señor asumió su deuda, lo que la ley demandaba de ellos, por lo que Dios no puede condenar a Cristo por el pecado de ellos y a la vez condenarlos a ellos por sus propios pecados. El Padre cuenta el sacrificio de Cristo como un pago real y ese pago deja sin base legal nuestra condenación. Eso quiere decir que los hijos de Dios por la fe en Cristo ya no son contados como pecadores, que su categoría de condenados cambió, que su posición delante de Dios y su ley, cambió. Ahora, no hay requerimientos legales contra ellos. La razón: Cristo murió y resucitó.


A la pregunta ¿Quién condenará? Pablo pone al frente la muerte y resurrección de Cristo. La Palabra de Dios nos enseña que ya no son contados como pecadores y que- en cuanto a las consecuencias de la condenación ya no las experimentarán, en cambio son absueltos y experimentaran gloria. Miremos y meditemos en este hermoso aspecto de la obra de Cristo. No solo muere en la cruz sino que resucita para poder compartir su triunfo con aquellos que rescató. Más aun, lo gobierna todo para que nada revierta su obra en ellos y lo controla todo para que ellos siempre sean vistos sin ser condenados. No solo fue nuestro Abogado sino que continúa siendo nuestro Intercesor. Por ello la respuesta tan especial a la pregunta ¿Quién los condenará? La respuesta divina es: Tienen a Cristo y lo tienen todo para no ser condenados.

 

Lectura Bíblica

 

Rut 1, 2, 3  
Salmo 139