Powered by OrdaSoft!

Iglesia Bautista Reformada de Suba

Anunciando el Evangelio de Cristo

Header 1

REUNIONES

DOMINGOS

  • Instrucción Bíblica - 9:45 am.
  • Culto de Adoración - 11:00 am.
  • Culto Vespertino - 5:00 pm

JUEVES

  • Culto de Oración - 7:00 pm.

REFLEXIONES

RECIBA NUESTRAS NOTICIAS

Noticias

No result...

BLOG

Blog

VIDEOS

Play

INICIO

PERDONADOS PARA PERDONAR

Mayo 13

‘¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?’  
Mateo 18:33

 

 

Si quisiéramos encontrar una evidencia de como nuestro corazón es lento en aplicar los principios bíblicos de manera consiente, solo hay que observar la manera como tratamos con la realidad del pecado en la iglesia. En teoría comprendemos que la iglesia está conformada por individuos pecadores, siendo nosotros uno de ellos. Pero cuando esta realidad nos toca de cerca, nos asombramos y cuestionamos como si el presupuesto mental que llevamos fuera que la iglesia está compuesta por los glorificados.

Nadie queda bien librado cuando en medio de los santos se lidia con el pecado de cualquier manera. Por un lado encontramos dentro de los santos la tendencia a ignorarlo o tratarlo de manera ligera para no caer en la complejidad de tratarlo de forma bíblica.  Esto ha llevado a que muchas iglesias dañen su testimonio al convertirse en cómplices y casi patrocinadores por omisión del pecado de los hermanos. El señor Jesús enseñó a tratar con el pecado de la iglesia y -enfrentarlo con sabiduría y compasión- es lo que señaló.


Por otro lado, podemos optar por un extremo tan facilista como el anterior, ya no ignorándolo sino responder a él de acuerdo a como es nuestro malvado corazón. Así como nos es fácil abandonar a un hermano en pecado, cerrar los ojos ante su pecado, evitar tratar con las cosas, nos resulta igual de sencillo tomar una actitud de confrontación sin piedad, tomar venganza o al menos intentar compensar de forma carnal el agravio hecho. Pensamos que quizás el desprecio, las malas actitudes, los desplantes, harán volver al hermano pecador de su camino. Aun asumimos que tenemos derecho a murmurar o traficar con esa información (es decir chismear) ya que el pecador “no tiene ningún derecho de apelación”, ni, aunque parezca duro, “dignidad que pueda defender”.
El Señor advirtió este fenómeno y no solo puso su mano sobre la manera ligera de tratar con el pecado, sino con la manera brusca e inmisericorde de hacerlo. El Reino de Dios es semejante al perdón otorgado por un rey que se espera, sea dispensado de la misma manera a un igual. Sin necesidad de tratar el pecado livianamente, el hijo de Dios debe comprender que las ofensas de un hermano son en calidad y cantidad, infinitamente menores que las que hemos cometido en contra del Santo Señor. Los pequeños rasguños que nos causamos entre nosotros no se comparan con las manos horadadas y un costado abierto del Salvador inmolado. La abundancia de perdón diario a nuestra vida hace quedar en ridículo la indisposición de tener una actitud compasiva y perdonadora con nuestros semejantes. Mucho más cuando la mayoría de conflictos entre cristianos se dan por una mirada o una mala actitud.


Nuestro Señor nos desafía a considerar que nuestra deuda no solo era exageradamente enorme, sino que era impagable. Una ofensa a un Ser infinito en santidad y justicia. Con ello en mente el hijo de Dios debe saber que su tallo aun con espinas será herido al mismo tiempo que herirá a sus semejantes. Somos pecadores que ofendemos y que nos ofenden y esta realidad nos lleva a meditar que no tenemos ningún derecho de retener el perdón a un hermano que peque contra nosotros. Cada proceso para tratar el pecado tiene que llevarse a cabo pero con la gran consideración que hemos recibido un perdón tan grande que nuestra falta de compasión no solo es injusta sino que atrae la disciplina divina sobre quien no proceda así (Cf.v.35). Aprendamos pues a lidiar con aquello que será una penosa realidad a este lado de la eternidad.

 

Lectura Bíblica

 

1 Corintios 3, 4
Salmo 132