Powered by OrdaSoft!

Iglesia Bautista Reformada de Suba

Anunciando el Evangelio de Cristo

logo

 

REUNIONES

DOMINGOS

  • Instrucción Bíblica - 9:45 am.
  • Culto de Adoración - 11:00 am.
  • Culto Vespertino - 4:00 pm

JUEVES

  • Culto de Oración - 7:00 pm.

REFLEXIONES

BLOG

Blog

VIDEOS

Play

INICIO

PRESCINDIENDO DE LA ORACIÓN

Abril 17

‘Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová’.
Josué 9:14

 

 

Hemos visto una característica especial de los hombres piadosos y es que oraron en todo asunto, grande y pequeño, individual y comunitario, la constante era pedir a Dios su intervención en cada asunto. Pero la Escritura nos deja ver con claridad cuando muchos confiaron en su propia prudencia y cometieron errores que lamentaron mucho.

Ya desde hace 40 años, Dios venia repitiendo a su pueblo el cuidado máximo a tener con las naciones a la hora de poseer la tierra (Cf. Ex.32:32-33; Nm.33:51-55; Dt.7:1-4). El pueblo tenía en efecto, un mandamiento específico: Echar de la tierra que iban a poseer a sus moradores, destruirlos si se resistían, pero por ningún motivo hacer alianzas con esos pueblos. La razón: Si lo hacían serían corrompidos por las costumbres y la religión de esos pueblos.


Cuando el pueblo va poseyendo la tierra podemos apreciar la maravillosa mano de Dios acompañando a Josué. Él había sido designado por Dios a suceder a Moisés en la enorme tarea de conducir el pueblo para la posesión definitiva de la tierra prometida.  Así, Josué pasa milagrosamente el Jordán, toma por el poder de Dios Jericó, y luego toma Hai. En cada evento, había esperado la bendición de Dios y se había conducido así hasta el momento. Pero el gran error de Josué no se presentó en el fragor de una cruel guerra, sino en medio de un evento tranquilo donde no hubo ni una pequeña piedra que los amenazara. El próximo reto de Josué y por ende del pueblo no era un enfrentamiento a espada sino que se trataba de un engaño astuto. El peligro no era la muerte física sino el engaño espiritual. El guerrero Josué, diestro en hazañas bélicas, se dejó engañar como un niño por un par de hombres desarmados.


Josué se dejó llevar por las apariencias, tan obvias que parecían. Confió sin pensarlo en su propia prudencia y en su visión de las cosas junto con sus consejeros. No consultó a Jehová, seguramente intuyó que no había necesidad por algo tan obvio y de poca monta, pero justamente allí pecó y con él los suyos. Hizo una alianza con esos hombres de las naciones que justamente el Señor ordenó destruir. Lo habían engañado y nada pudo hacer para revertir esa situación.


Vale la pena reflexionar que el andar en la luz por largo tiempo no nos inmuniza del engaño de nuestro corazón. Aún, el hecho que Dios bendiga por periodos largos nuestras vidas y trabajos, no significa que debamos dar por sentado Su ayuda aun si no la pedimos. Tampoco debemos dar por sentado que en nuestras responsabilidades cristianas siempre tenemos lo necesario para obedecerlas. Somos exhortados a velar siempre y en toda ocasión comprobar lo que es agradable al Señor (Ef.5:10). Confiar en nosotros mismos siempre traerá consecuencias adversas. Josué, aún con amargura, no pudo tocar al pueblo que lo engañó (Jos.19:19-20) y lo más grave es que el pueblo definitivamente se corrompió en idolatría e inmoralidad (Jueces 2:2:11-13).


Nunca debemos prescindir de este medio de gracia. Nuestro deber es orar siempre porque siempre necesitamos la guía divina. En aquellas cosas grandes como tentaciones y pruebas y en aquellas cosas que parecen rutinarias y donde nos vemos tentados a bastarnos con nosotros mismos es necesario orar. Comprométase a orar siempre y nunca a prescindir de este glorioso medio de Su gracia.   

 

Lectura Bíblica

 

Hechos 21, 22
Salmo 106