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CRISTO MURIÓ PARA CREAR UN PUEBLO CELOSO DE BUENAS OBRAS

Abril 16

‘Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras’.
Tito 2:14

 

 

Tito 2:12 nos enseña que Cristo en la muerte de cruz, logró dos cosas para su pueblo, la redención y la purificación. Lo uno nos deja sin condenación al liberarnos del pecado, lo otro nos limpia y nos transforma en más santos. Cristo nos redime y luego nos purifica para que seamos obedientes al Señor. Ninguna persona a la que no se la haya perdonado sus pecados y haya sido redimido para Dios, podrá hacer obras que se llamen ‘buenas obras’. Un cristiano debe dedicarse a hacer buenas obras porque Cristo se entregó en la cruz para asegurar esto mismo.

Pero el cristianismo va mucho más allá de hacer las cosas correctas. El cristianismo visto así puede desembocar en moralismo y en hipocresía, pues conformarse externamente a ciertas reglas de comportamiento es algo que nuestra naturaleza pecaminosa puede llegar a hacer. La verdadera obediencia tiene que ver con la intención del alma y de qué manera nuestra alma está comprometida con lo que hacemos. El celo santo nos libera de caer en la hipocresía. El pueblo por el cual Cristo murió, cela, desea apasionadamente las buenas obras, su alma arde en su interior por obedecer, y aquí nos habla de un ejercicio del alma. El celo es una virtud maravillosa que vence la indiferencia y nos hace diligentes y dedicados al servicio a Dios (Mr.12:30).


Sin embargo, para no caer en algún subjetivismo, las buenas obras a las que se refiere el texto pueden ser definidas como todo aquello que Dios nos ordena en su Palabra y que promueve su gloria. Así que no debe haber mandamiento pequeño o grande donde no debemos procurar ser celosos en obedecerlos.


Sin duda que muchos pensarán que se debe mostrar celo para predicar y enseñar, que uno debe ser celoso en evangelizar, en invertir para el reino, en defender ardientemente la fe y cosas así. Por supuesto que es verdad ya que estas cosas Dios las ordena en su Palabra y promueven su gloria. Pero el contexto de Tito 2 nos nombra una serie de cosas aparentemente sencillas y tan rutinarias que es dónde el apóstol habla de mostrar celo. Los ancianos deben mostrar celo cuando son sobrios, sanos en la doctrina, en la paciencia. Las ancianas deben mostrar celo siendo ejemplo y enseñando a las más jóvenes. Las mujeres que crían hijos deben mostrar celo cuando son cuidadosas de su familia y amas de sus casas. Los jóvenes la muestran cuando son prudentes, los pastores siendo ejemplo, enseñando la verdad. Los empleados deben mostrar celo cuando trabajan, sujetos a sus amos, agradando en todo, sin ser respondones. Allí, en las cosas ordinarias de la vida debes mostrar fervor,  ese anhelo, esa entrega, en obedecer al Señor.


Recuerda que Él se entregó en la cruz para morir y derramar su sangre, para proveernos redención. ¡Cuánto celo se debió requerir para llegar a entregar lo más valioso que uno tiene, su vida misma! Su muerte en la cruz para la salvación de su pueblo, es el punto culminante de una vida de celo santo por hacer la voluntad de Dios. Hermano, mira la razón del porqué debemos ser celosos, mira estas consideraciones y estimula tu alma a la obediencia celosa fervorosa, anhelante y entregada. ¿Acaso puedes mirar al Cristo abrazándose con profunda convicción a la cruz y tú no ser fervoroso? Mira hermano, Cristo se entregó para purificar un pueblo propio y este pueblo tiene como una de sus características, que es celoso de buenas obras.

 

Lectura Bíblica

 

Hechos 19, 20   
Salmo 105