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Iglesia Bautista Reformada de Suba

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ADORANDO A DIOS CON SU PUEBLO

Marzo 16

‘Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré’.
Salmo 22:22

 

 

¿En qué concepto tienes las reuniones de adoración a Dios? ¿Reunirte para la adoración a Dios en culto es algo que haces por costumbre o iniciativa o por algún principio escritural? ¿Crees que hay algo así como una doctrina de la Adoración Pública? ¿Qué tan importante es para ti esto? ¿Qué tan importante será para Dios esto? ¿Crees que ofrecer culto a Dios es algo que está incluido en los principios de la ley moral? ¿Adorarle en cultos es algo que Dios haya instituido como algo que el pueblo de Dios debe practicar siempre? ¿Tu conciencia está ligada por la Palabra de Dios en este asunto?

Responder sinceramente a estas preguntas puede revelar que los cristianos muchas veces hacen las cosas correctas sin la motivación y fundamento adecuados. Es el caso de reunirnos con el pueblo de Dios con regularidad a los cultos es una de ellas y al no hacerlo ligando nuestras almas a un principio de la Escritura hemos perdido la gran riqueza que según la Biblia, este acto tiene. Sin duda que si no logramos entender y amarrar a nuestra conciencia los principios bíblicos con respecto al tema de la adoración publica, vamos a resultar en cualquiera de estos dos graves problemas (o en ambos) que muchos creyentes experimentan al no tener la conciencia correcta para ir a ofrecer culto con la iglesia y por qué no decir, tal vez tú mismo estés experimentando:


Tomar el culto a Dios como una simple costumbre, con religiosidad cayendo en el formalismo. Vemos creyentes asistiendo a los cultos por simple inercia, rutina, costumbre. Si les preguntásemos el por qué se reúnen a la adoración, tal vez tendrán conceptos que los llevarían a decir: Dios lo manda, es la costumbre santa, así me enseñaron, etc. Esto conduce a una adoración fría, meramente ritual, a manera de requisito impersonal y posiblemente a un abandono de esta práctica en la mente.


Tomar el culto a Dios a la ligera o livianamente. Vemos a creyentes asistir a los cultos que solamente sienten asistir, pero así mismo pueden no asistir si no lo sienten y cuando lo hacen lo hacen descuidadamente sin mucha conciencia y sin el peso que este acto tiene. Si les preguntáramos por qué se reúnen para la adoración ellos dirían o pensarían: Me gusta, es lo que hoy puedo hacer, me hace falta, etc. Esto conduce a una adoración descuidada, subjetiva, antropocéntrica y posiblemente a un abandono de esta práctica.


Los hijos de Dios tenemos en las reuniones de adoración no solo un privilegio sino una ordenanza moral de Dios, es decir, que nos encontramos allí bajo el señorío de Cristo por su Palabra también. Todo creyente tiene un triple llamado a la adoración con el pueblo de Dios: Como creaturas pues como un ser creado se debe a su Creador y le debe adoración; como nuevas creaturas pues ha sido regenerado para vivir par el Señor. Y también tiene un llamado especial a adorar a Dios formal y específicamente en cultos regulares al ser parte del cuerpo de Cristo y de un cuerpo local de creyentes. Ha sido voluntad de Dios que los que le tienen por Deidad suprema, le adoren en actos especiales de culto o servicio a Él.


La Escritura es clara en señalar que debemos glorificar al Señor y por eso demanda que el hombre, además de vivir para Él y de hacer de todas las cosas un motivo de adoración, tome su tiempo y le mire, le contemple y mueva su corazón en adoración a     Él, formal, intencional, deliberadamente y con el pueblo redimido. Seguramente es necesario evaluar si es ese el concepto que tienes de las reuniones de adoración.

Lectura Bíblica

 

Números 28, 29, 30
Salmo 75