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BUENA TIERRA, BUEN FRUTO

Marzo 15

‘Más el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno’.
Mateo 13:23

 

 

Al final de esta parábola el Señor Jesús nos señala hacia lo que debe ser ideal. Es la expectativa divina que todo aquel que escucha la Palabra de Dios, la reciba con tanto gozo y compromiso que parezca a una semilla bien sembrada en buena tierra. Aunque su fruto no sea tan apresurado, esta semilla crecerá y dará su fruto, volviendo a dejar la tierra más y más lista para más y más Palabra de Dios.

Esta semilla quedó tapada por un momento, sufrió también las inclemencias del clima, pudo haber estado en peligro de las aves, del hombre, pero brotó y creció y dio fruto. Cuando necesitó estar oculta, estuvo oculta y cuando necesitó de su raíz, la tuvo y ahora no solo creció sino que dio abundante fruto.


¿Cómo llegamos hasta allí? El Señor es claro en afirmar que ese corazón ‘oye y entiende la Palabra’. A comparación con aquellos que no se esfuerzan por entender y son negligentes y livianos cuando escuchan la Palabra. El Señor retrata aquí a un individuo que recibió la Palabra (Mr.4:20) y la tomó en serio, la tomó para sí, meditó, profundizó y aplicó a su vida aquello que oyó. Pero va más allá, pues en Lucas 8:15 se nos dice que esta palabra fue retenida, es decir, fue atesorada y preservada. La Palabra no solo llegó a sus oídos sino que caló en su vida. Este individuo tiene un corazón arraigado en Dios por la fe, un corazón con deseos de obedecer, dócil, sensible a la voz de Dios. No es una vida que permanece y prevalece en sus pecados, es un corazón bueno, recto, nacido de lo alto.


Así viene el fruto de aquellas santas evidencias que brotan del creyente, las cuales demuestran el carácter de Cristo, un corazón renovado y obediente a todo lo que la Escritura pueda señalar. Una vida así no solo da fruto sino que lo hace abundantemente. El dar mucho fruto es agradable a Dios (Jn.15:8; Fil.1:11). Tal vez el fruto no sea igual en todos, pero debe aparecer. Algunos llevan más otros menos, pero el hecho de llevar fruto evidencia buena tierra. Y además de ello el fruto es perseverante, es decir, fruto bajo cualquier circunstancia. Esta perseverancia bajo cualquier circunstancia es el sello de oro de quien tiene un corazón recto (Col.1:10).


De esta parábola aprendemos que a comparación de la buena tierra, los malos corazones son la mayoría. Cristo mismo defendió con esto la doctrina de corrupción natural del hombre. No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Debemos tener discernimiento no sea que creyéndonos del pequeño grupo que es buena tierra, estemos solamente con un brote temporal que en el próximo problema se evidencia su superficialidad. Cada individuo debe evitar oír a la ligera, oír desprevenidamente, evitar olvidar lo que oye, evitar que la Palabra quede ahogada bajo la influencia de la carne, el mundo y Satanás.


Le hago un solemne llamado a no desaprovechar las veces que se expone a la Palabra de Dios y busque estar cada vez más expuesto a ella. La tentación de acoger lo que cuadra perfecto con la persona que uno es y desechar aquello que no va con uno, a despreciar aquello que nos pone en aprietos, que nos llama al sacrificio; esa tentación debe ser desechada. Nuestras oraciones deberían multiplicarse a nuestro favor y a favor de los demás, porque aun como hijos de Dios, parte de nuestra condición inutiliza las Escrituras ¡Cuánto más al que no es regenerado! Prepárese desde ya para la próxima vez que vaya a leer, meditar o escuchar las Escrituras y ruegue que pueda ser buena tierra y que Dios sea glorificado en su consecuente fruto.

Lectura Bíblica

 

Números 25, 26, 27
Salmo 74