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PALABRA ENTRE AFANES, PALABRA AHOGADA

Marzo 14

‘El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa’.
Mateo 13:22

 

 

Aunque para algunos cristianos vivir afanados y estresados por las cosas de este mundo les parezca normal y aunque parezca el estándar común correr tras las ganancias y deleites de esta vida, son estas cosas un veneno mortal para la semilla de la Palabra de Dios en el alma.

En esta parábola el Señor Jesús señaló que entre las semillas que este sembrador esparce, hay otras que caen entre espinos. Estas plantas malas, no solamente afectan la planta que nace sino también llega a inutilizar el suelo. Debido a que estas plantas echan raíces y profundas, usan de los nutrientes de la tierra “gastando” su utilidad para próximas ocasiones.


La explicación que el Salvador hace de esta parte de la parábola, debe prevenirnos pues el oyente al que hace referencia, oye la palabra de Dios, la tierra es favorable pero el problema consiste en que además de hallar cabida la Palabra de Dios, ese corazón también alberga semillas de plantas que la ahogarán y la inutilizarán. Aquí hay un corazón dividido. El mismo corazón que albergó y germinó la semilla del evangelio, también albergó e hizo germinar las semillas que luego se convirtieron en espinos del afán de este siglo y el engaño de las riquezas. Puede ser que una persona así no rechace la Palabra de Dios, pero permite que las enseñanzas de Dios crezcan a la par con la filosofía y el afán y las codicias de este mundo. Por un lado creen en la importancia de la Escritura y sus principios, pero por otro lado viven de acuerdo al mundo. Existe una dicotomía entre lo que creen y lo que viven.


Todas las épocas han tenido sus afanes, sus preocupaciones, sus intereses particulares, que llegan a volverse objetivos hacia lo cual todos corren. Podemos estar hablando de un gran sistema que crea sus propias necesidades y que provee para que ellas sean suplidas. Han moldeado la mentalidad del hombre de tal modo que les dice qué necesitan y cómo conseguirlo. La Escritura advierte en repetidas ocasiones, que el verdadero creyente no debe vivir llevado por la corriente de este siglo (Cf. Lc.21:34; Is. 8:11- 13; Rom. 12:2; Mt. 5: 31– 33).


El mundo y sus afanes arrastran a la gente a enfocarse en este propósito. Da una falsa seguridad, provee de un orgullo propio y enajena al hombre de sus realidades espirituales. Recordemos al joven rico y recordemos la advertencia del Señor ¡Cuán difícil es que un rico adopte la fe! Vemos que Dios nos previene de este propósito inútil y engañoso de correr tras llenar la cuenta de ahorros haciendo de esto su fin práctico y de hacer de los placeres o deleites de este mundo el fin al cual nos estiramos a diario (Cf. Prov. 23:4- 5; 28:20; Lc. 8:14; 1 Jn. 2:15).

 

Miremos que la consecuencia es que tal corazón y la Palabra sembrada no dan fruto, esos frutos de justicia ni de obediencia, esos frutos que evidencian arrepentimiento. Los espinos han ganado más terreno, han crecido más, han sido alimentados y nutridos más que la Palabra sembrada. El individuo se enfoca, se encamina y conduce por los afanes, las riquezas o las codicias de este mundo y la influencia de la Escritura en su vida es cada vez menor, cada día menos hasta que se ahoga. Muchos tendrán que verse naufragar por tener un corazón dividido, el hijo de Dios debe temer que el sustento de su vida espiritual, la Palabra de Dios, se vea ahogada por aquello que perecerá. Entonces será grande su ruina. ¿Cómo está eso en su alma?

Lectura Bíblica

 

Números 22, 23, 24
Salmo 73