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PALABRA SUPERFICIAL, PALABRA MARCHITA

Marzo 13

‘Pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza’.
Mateo 13:21

 

 

El Señor Jesús nos señala que la Palabra de Dios puede llegar a caer en corazones semejantes a un camino pedregoso. Si bien este sitio tenía algo de tierra, lo que le permitió a esta semilla brotar con rapidez, había más piedra y no dejo que la semilla cayera más profundamente. El problema de esta semilla no se podía ver a primera vista porque aparentemente brotó con rapidez, pero luego murió pues el sol salió y al no tener profundidad se secó.

Muchas personas desean escuchar la Palabra de Dios y al hacerlo la reciben gustosas. Ellos no le dan la espalda a sus enseñanzas inmediatamente y hasta pueden andar en un tiempo en aquello que entendieron. Ellos, como lo dice Lucas 18:13, ‘creen por un tiempo’. Este tipo de oyente cree rápido y aunque puede ser alguna buena señal en algunos casos, también puede ser una respuesta emocional o hipócrita. Tanto los emocionales como los hipócritas, suelen llevar la delantera a los cristianos, en las expresiones externas de piedad y servicio cristiano. Son fervorosos y activos con asombrosa prontitud. Reciben con gozo la Escritura, quedan asombrados por los mensajes, halagan al predicador y reconocen el valor de las predicaciones, pero no sacan provecho personal de estos mensajes.


Pero aquí llega el momento de la aflicción dónde dicha palabra va a ser probada, donde se va a corroborar la autenticidad de las profesiones de fe que se han hecho. Hablamos de ese momento donde sin duda sabremos, no cuanto hemos profundizado en la Escritura, sino cuanto ha profundizado ella en nosotros, ese momento que evidencia la sinceridad y la verdadera fe con que hemos recibido la Palabra.


Lamentablemente bajo las circunstancias difíciles de sufrimiento o angustia espiritual (medios benéficos para la perfección de los hijos de Dios Jn.16:33; Rom.8:18; 2 Tim 1:8; St. 5:10 y 11), muchos abandonan el provecho que aparentemente habían sacado de la Palabra de Dios. El mismo sol que calienta a unas plantas y le es benéfico, para este tipo de plantas de semilla superficial, es perjudicial. Las mismas pruebas, aflicciones, enfermedades, apuros, ofensas, que son un medio de edificación para unos, para otros es perjudicial para otros. Estas mismas pruebas que fortalecen la raíz y dan vida a los que están cimentados en Cristo, secan y matan a los que no tienen raíz, a aquellos que la Escritura no se ha enraizado a causa de su perverso corazón. Tan rápido como hicieron su profesión de fe, la dejan en momentos de prueba. Se alejan de sus devociones personales, de la comunión de los santos porque nunca tuvieron raíces.


La Palabra de Dios debe ser entendida y asimilada espiritualmente. Si en lo profundo del alma hay algo que está más enraizado tanto que controla la vida, la Palabra de Dios no tendrá la profundidad adecuada y el tiempo y algunas pruebas los sacarán del camino de la piedad. “Donde no hay firmeza, no se puede esperar perseverancia”. Así que es necesario preguntarnos hoy, ¿Meditas en la Palabra? ¿Aplicas la Escritura con diligencia a tu vida? ¿Cómo reaccionas frente a las pruebas, aflicciones o persecución? ¿Sirves a Dios de corazón sincero? ¿Tienes otra motivación? ¿Tu vida evidencia un conocimiento más profundo de la Escritura? ¿Tu obediencia viaja a la par  con tu gozo por la Palabra? ¿Tu expresión externa viaja a la par con tus motivaciones internas?


Que Dios nos de la gracia para que podamos tener un corazón que persiste en el gozo por su Palabra, pero que esta se enraíce  por la meditación y la obediencia en nuestros corazones.

Lectura Bíblica

 

Números 19, 20, 21
Salmo 72