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LITERALMENTE DEJAR Y UNIRSE

Marzo 11

‘Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne’.
Génesis 2:24

 

 

Esta declaración acerca del matrimonio se incluye cuatro veces en la Biblia: (Gn. 2:24; Mt.19:5; Mr.10: 7-8; Ef.5: 31). Una vez en el Antiguo Testamento y tres veces en el Nuevo. Lo que puede significar que el plan de Dios para el matrimonio no ha cambiado nunca y es uno mismo tanto antes de entrar el pecado en el mundo como después de este nefasto episodio.

Este principio nos enseña que si alguno desea abandonar la soltería, el matrimonio y no la unión libre en sus múltiples modalidades contemporáneas es legítimo, -ni siquiera el invento humanista llamado noviazgo-, es la voluntad de Dios. Este principio divino nos ilustra de manera clara y sencilla, en general cual es el plan de Dios para cada matrimonio: hay un dejar y hay un unirse. Ambas cosas deben estar presentes en un matrimonio que quiera ser feliz y dar gloria a Dios. Este principio nos señala en primera medida que Dios mismo tiene el derecho y la potestad de decirnos qué es lo mejor para un matrimonio y qué resultaría en su fracaso. Sin dudar puedo decir que el fracaso de muchas uniones se encuentra en que dejan a Dios de lado en la práctica.
Dejar a padre y madre para unirse no significa que los hijos han de abandonar a sus padres en el sentido de desampararlos o de no querer volver a saber de ellos. Pero dejar a padre y madre significa ¡Dejar! Esta sencilla palabra es puesta como un símbolo, un decir o un anhelo y no como un requisito del matrimonio. Conyugues y suegros a veces se confabulan para la desobediencia en este aspecto y ahora tendremos dos matrimonios viviendo en la irregularidad.


Pero dejar a padre y madre también significa que la nueva pareja ahora establece una relación adulta con sus padres. Ahora ellos dejarán de ser el bebé de sus padres y serán un marido y una esposa. Esto también significa que desde ahora, la relación entre marido y mujer tiene prioridad sobre toda otra relación humana, es decir, después de Dios mismo, la persona más importante y que tiene la prelación debe ser su conyugue.         Esto implica también que los conyugues no va a estar esclavizados a sus padres en cuanto a la aprobación, ayuda, gustos y afecto. No significa que no puedan acatar consejos sino que ahora la responsabilidad cae sobre sus propios hombros.


Pero unirse al cónyuge significa que cada uno renuncia a su independencia, de tal manera que ahora no es lo “mío” sino lo “nuestro”. El matrimonio es un testimonio del sepelio y de la sepultura de la independencia y la individualidad. Significa también que cada uno buscará a Dios y pondrá de todo su esfuerzo para ser de un mismo sentir y de una sola mente y que  cada uno se esforzará hasta la muerte por ser fieles y reservar todo su ser para el otro, aun cuando pasen los años.


Esto solo será posible en la medida que cada uno cumpla su rol que Dios le ha dado a cada uno dentro del hogar porque esto promueve la unidad y abre el campo para que el plan de Dios para el matrimonio se cumpla, el esposo será la cabeza de este hogar para guiarlo, enseñarlo, defenderlo y la esposa se sujetará a él, ayudándolo, animándolo, respetándolo para que Dios los bendiga. Los matrimonios felices no vienen así, se construyen en obediencia al Señor y se mantienen así por los años de continua obediencia y abnegación. ¿Cómo es su matrimonio?

Lectura Bíblica

 

Números 13, 14, 15
Salmo 70

 

 

 


 

‘Con [la sabiduría] está el consejo y el buen juicio;

Yo soy la inteligencia; mío es el poder’.

Proverbios 8:14