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Febrero 11

‘Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros’.  
1 Tesalonicenses 3:12

 

 

Las expectativas del Señor sobre sus hijos son las mayores, las más adecuadas, las más altas y las más santas. Esto debe ser así puesto que hablamos del único Dios y éste es perfecto y santo en todo. ¿Qué planes, expectativas o deseos puede tener un Dios perfecto y puro?

Pues todo aquello que es santo y perfecto. Así, ha diseñado el plan de salvación que empieza desde la elección y termina en la glorificación, cuando cada hijo de Dios haya sido perfectamente conformado al Estándar de su Hijo Jesucristo.


Pero en el mismo plan salvador, está incluida una etapa de la mayor trascendencia y es lo que se ha denominado santificación. Eso significa que los que han sido nacidos de nuevo, van día a día, creciendo en odio hacia el pecado y amor por la justicia. Implica que ellos van dejando de parecerse a sí mismos en su estado natural y se van asemejando, vez tras vez, al carácter de Cristo. Así que las amonestaciones divinas para ellos, si este es el plan, deben ser también las más abundantes.


El apóstol Pablo no solo se regocija por el buen  testimonio que los hermanos de Tesalónica muestran. Estos creyentes, no tenían necesidad de ser instruidos en el fundamento del amor los unos para con los otros (cf.4:9). Pero, ¿mostrar amor era la expectativa final de Dios sobre ellos? Por supuesto que amar hacía parte de esa expectativa, pero el Espíritu Santo guió al apóstol a exhortar a ‘que abundéis en ello más y más’ (1Tes.4:10). Así que usted puede notar que tener la virtud del amor es algo bueno, es obediente, pero la expectativa divina es que lo hagan en abundancia, que sean rebosantes en amor por los demás, que profundicen en las maneras de expresar dicho amor, que siempre apunten a conformarse a Aquel que no solo ama, sino que es Amor.


Una obediencia servil se conforma solo con ofrecer la medida exacta. Pero una obediencia filial va a hacer que los creyentes abundemos en todo aquello que se nos pide hacer. En nuestro texto, pues, no solo se pide amor ya que esto se da por sentado, sino su abundancia en la vida de los hijos de Dios. Esta verdad -de no solo tener virtudes sino la abundancia de ellas-, debe ser igual para las demás gracias. El Señor no solo desea el justo cumplimiento de los deberes sino la abundancia y plenitud de ellos tal como están en Cristo. Por ejemplo, la Escritura nos señala hacia una abundante esperanza (Rom.15:13), abundar en dones para la edificación de la iglesia (1 Cor.14:12), abundar en generosidad, en ofrendas (2 Cor.8:2), abundar en gratitud (Col.2:7) y abundar en todas la virtudes cristianas (2 Pd.1:8) y seguramente podríamos seguir con la lista.


Así que la aparición de santas virtudes, fruto espiritual, buenas obras, pensamientos y afectos no es el escalón final sino el primero. Allí empieza la carrera de abundar en estas cosas hasta que nuestra alma llegue a conformarse al Modelo final que es la semejanza a Cristo. Si esta es la expectativa divina, le ruego que no se conforme con menos.

 

Lectura Bíblica

 

Marcos 1, 2
Salmo 42