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UN JUICIO MUDO

Febrero 9

‘Y haré que tu lengua se te pegue al paladar y enmudecerás y no serás para ellos el hombre que reprenda, porque son una casa rebelde’.
Ezequiel 3:26

 

 

Estamos acostumbrados a relacionar el juicio divino con expresiones de la fuerza y poder de Dios. Vemos en las Escrituras que muchas veces las hambres, pestes, guerras, la violencia de la naturaleza, son evidencias del juicio de Divino sobre una persona o un pueblo.

Desde el juicio universal por agua del diluvio (2 Pd.2:5), pasando por el fuego local a Sodoma y Gomorra (2 Pd.2:6), como el juicio personal de aquella torre que cayó sobre esos 18 hombres (Lc.13:4), vemos el ejercicio intencional de la justicia divina. Sin embargo, medido a la luz de sus efectos, hay un juicio más terrible aun y de repercusiones más fuertes que viene precisamente por lo contrario, por el silencio divino.


Ciertamente a veces, el silencio y la tranquilidad son un beneficio y una bendición, pero no cuando Dios es el que guarda silencio y la tranquilidad viene como producto de su abandono. Muchas personas despiertan de su sopor espiritual o al menos son llamadas en su atención por el ruido de muchos juicios, pero generalmente nadie despierta bajo el silencio y la tranquilidad del cielo. Si hay algo más terrible que Dios prenda las alarmas de una calamidad hacia un impío, es que le deje en su tranquilidad y entonces él razone de forma ingenua que todo está bien, que Dios está de su lado y que su somnolencia le lleve tranquilo hacia la condenación. Muchas personas pasan a la eternidad en medio de gozos y alegrías. Nunca hubo un obstáculo, un llamado de alerta, un grito de advertencia. Para muchos eso es vivir bien, pero nunca se vive bien bajo el silencio de Dios, porque es vivir bajo su juicio. Al menos de Sodoma y Gomorra el justo Lot fue liberado, pero muchos pueblos gentiles, muchas personas pueden llegar a perderse si viven siempre bajo el juicio del silencio divino.


Cuando Dios silencia a sus mensajeros en un lugar, cuando son pocos y la obra de Dios presenta mucha resistencia y se hace con demasiada dificultad, ese pueblo, nación o sociedad debería humillarse porque estar bajo el silencio divino es más fatal que un tsunami.


El Señor enmudeció al profeta Ezequiel por casi 7 años como muestra de su desagrado y juicio. Recordemos que en la época apostata de los jueces está escrito que ‘la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días’ (1 Sam.3:1). Cuando lo que abunda es el silencio de la verdad y la falsa doctrina florece, es por el silencio de Dios. Suficiente motivo para humillarnos y rogar que en su misericordia rompa su silencio. Las naciones que tienen el privilegio de ver el testimonio del evangelio sonando en su seno, tienen una deuda de gratitud y trabajo. Las iglesias que tienen mensajeros fieles y bíblicos de Dios nunca deberían dar por sentado esta gran misericordia y atribuirse el lujo de despreciarles y despreciar así esta misericordia. El ver familias, sectores, personas, que nunca han sido expuestas a la Palabra de Dios, debería cargar demasiado nuestro corazón como para optar por la tranquilidad.


Creyente ¿Escuchaste el evangelio? ¡Fuiste objeto de la misericordia, no la desprecies! ¿Estas bajo el ministerio de un pastor Bíblico? Sostén sus brazos arriba porque su voz es un privilegio del cielo ¿A tu alrededor hay gentes que no han escuchado el glorioso mensaje? ¡Despierta entonces! Llevar el Evangelio Bíblico es siempre empezar a disipar las nubes que no permiten que el Sol de justicia brille. No deberíamos descansar sabiendo que la palabra de Dios escasea en estos días. No deberíamos levantarnos de orar a la luz de esta realidad. Acompáñeme hoy en ese clamor que nos debe acompañar siempre: ¡Habla oh Señor!

 

Lectura Bíblica

 

Éxodo 36, 37, 38
Salmo 40