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Iglesia Bautista Reformada de Suba

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SI ALGUNO NO TRABAJA…

Febrero 4

‘Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma’.
2 Tesalonicenses 3:10

 

 

Debido a que trabajar es unan actividad que realizamos sostenidamente casi todo el tiempo de nuestra existencia, el Espíritu de Dios reveló en su Palabra muchos principios que nos deben acompañar como cristianos en esta labor. La Palabra de Dios no solo nos señala esta bendición y deber sino que nos señala qué tipo de trabajador debemos ser y qué glorifica a Dios en esto.

Dios creó al hombre como un ser trabajador. En Gn.1:28 y 2:15, se nos enseña que el hombre recibió la comisión de trabajar antes de la caída. Así, trabajar sería una expresión de las capacidades con las que Dios revistió al ser humano. Lejos de lo que algunos asumen por creencia popular, el trabajo no es un castigo, más bien, hace parte de aquellas cosas que Dios dio al hombre como parte de su voluntad y no como parte del castigo que le proporcionó a causa de su desobediencia. Más aún, uno de los asuntos que más les cuesta entender a los hijos de Dios es que el trabajo no es “eso mundano” que hacemos cuando no estamos sirviendo al Señor, sino que es una gran y eficaz providencia y medio para servirle. Trabajar hace parte de lo que Dios ha querido que hagamos y no es un mal necesario que Él ha permitido en nuestra vida. Trabajar puede ser hecho de tal manera que se constituya un servicio a Dios, pero también puede ser usado para correr lejos de Él.


Lamentablemente debemos advertir que se está levantando una generación, con nuestra ayuda por acción u omisión, que no trabaja. Los niños desde sus hogares nunca son animados a formar parte activa en los quehaceres de la casa, a ocuparse y ser productivos. Ellos solo extienden la mano y los padres consentidores las llenan según su pedido. Esta expresión de falso amor, ha levantado una generación de gente que no trabaja, no quiere hacerlo, que no permanece en sus trabajos, que les cuesta ganar el pan diario, que desea la vida fácil, las posesiones inmediatas y prefieren emular al actor o cantante que al ingeniero o constructor. Esta generación como prospere en su filosofía, no servirá para nada, literalmente, para nada útil.


El Espíritu Santo, como Dios que es y cuya labor, obra y trabajo se extiende desde la creación misma, inspiró al apóstol para reprender a aquellos que no trabajan o buscan cualquier excusa para no darse diligentemente a un trabajo, ser productivos, comer su propio pan, no se carga para nadie y ayudar a otros. Vivir así es llamado en la Escritura: ‘vivir desordenadamente’. Ningún hijo de Dios debería ser reprendido por andar así, ni por su propia familia ni por la iglesia ni por la sociedad. Tan grave es tener un hijo de Dios que voluntariamente no tiene una ocupación legítima, que se ordena llevarlo a la disciplina si fuera el caso.


Por supuesto, no estamos pensando que todos los hijos de Dios deban darse a las mismas labores pues la infancia, la vejez, algunas enfermedades, la maternidad, no permitirían ciertas ocupaciones que para otros no solo les serán legítimas sino muy necesarias y obligatorias. Lo que si es cierto y que debe quedar claro, es que todo ser humano fue creado para ser útil y productivo, según su edad, según su rol, según su providencia, y que nadie está autorizado para vivir desordenadamente, no solo por su obediencia a Cristo sino por el mal que le proporciona al mundo mismo quien viva desordenadamente.

 

Lectura Bíblica

 

Éxodo 21, 22, 23
Salmo 35