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¿PARA QUÉ SIRVE?

Enero 12

‘Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador’.    
Gálatas 3:19

El antinomianismo, es aquella postura que afirma que los cristianos del Nuevo Pacto, no estamos bajo la ley de Dios, en ningún sentido. No solo por posturas como la de los antinomianos sino por la tendencia natural del alma al mal, responder a la pregunta que nos hace el texto, -¿para qué sirve la ley?-, es de central importancia.

Responderla correctamente es vital para todo ser humano y especialmente para los hijos de Dios. Si bien reconocemos que algunos aspectos de la ley de Dios llegaron a su cumplimiento en Cristo, como los aspectos ceremoniales y algunos aspectos civiles de esta ley, es decir, aquellas cosas que representaban en el Antiguo Testamento a Cristo y algunas aplicaciones particulares de la voluntad de Dios a un gobierno teocrático como lo fue el pueblo de Israel, reconocemos que la ley de Dios tiene un fundamento moral y perpetuo que siempre debe ser observado.


No podemos deshacernos de toda la ley solo porque algunos de sus aspectos fueron cumplidos y no tienen una aplicación directa a algunos asuntos para nosotros los gentiles. Como siempre, el error, y aun de algunos grandes hombres, se lleva a cabo por no tener en cuenta todo el consejo de Dios. La ley nos fue dada y ese es el punto, pero ¿Para qué? La ley de Dios es un reflejo del carácter de Dios, nos permite conocerle, apreciarle, saber qué posición moral Él tiene con respecto a todas las cosas.  La ley moral de Dios nos permite intimar más con Dios.


La ley moral no solo refrena el pecado en general como un ejercicio de la gracia común en una sociedad, sino que provee las reglas de justicia establecidas para el creyente y el no creyente. La ley moral refleja la voluntad de Dios para todo hombre, en todas las épocas en todas las áreas de su vida. Todo ser humano tiene sobre su corazón la responsabilidad de guardar los lineamientos morales de la ley de Dios, sin excepción, sea de la cultura que sea. En el caso de los creyentes guardar la ley moral es una evidencia de fe y es el camino por el que el creyente debe transitar. La ley moral es un instrumento que Dios usa para santificar a sus hijos. Por eso guardarla es una evidencia de fe. Donde ha habido regeneración, fe, justificación, Dios empieza la obra de santificación y está obra Dios la hace a través de la ley. En ese sentido la ley moral también nos sirve para conducirnos en manifestaciones reales y prácticas del amor como hijos de Dios.


Sin embargo hay que aclarar que la ley moral de Dios no es un código de ética que nos lleve a la salvación. La salvación es únicamente por la gracia de Dios por medio de la fe y no por obra alguna (Ef. 2: 8-9). La persona que quiera ser salva debe acudir al medio que Dios puso para hallar la salvación y este medio no son las obras, es la sola fe en Cristo. Primero, porque nadie puede guardar la ley, segundo porque Dios dio a su Hijo para pagar por aquellos que no podían salvarse a sí mismos y salvarlos.


La ley nos muestra toda nuestra incapacidad de conformarnos a los estándares divinos, nos aprisiona contra nuestra inhabilidad de ser como Cristo y hacer la voluntad de Dios, por lo que nos arroja a una sola solución para poder tener ese trato amoroso y pacifico con Dios, arrepentirnos de corazón de toda nuestra incapacidad y pecado y creer en la justicia de Cristo como la única apropiada para ser aceptados delante de Dios. La ley de Dios es muy útil y desecharla significa, entre otras cosas, degradar nuestra existencia hasta lo más hondo.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 



Lectura Bíblica

 

Génesis 34, 35, 36
Salmo 12