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TRANQUILO HERMANO, TRANQUILO

Enero 11

‘Y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado’.
1 Tesalonicenses 4:11

Los hijos de Dios, que solo  pisamos esta tierra como peregrinos, deberíamos leer con mayor discernimiento estos tiempos. El Señor Jesús reprendió a los de su tiempo por no hacerlo (Cf. Mt.16:2-3) y el apóstol Pablo exhorta, creo que incluyendo el mismo principio, a no adormecernos en la conformidad con las ideas, estándares, principios y filosofías del mundo, cuando dijo ‘no os conforméis a este siglo’ (Rom.12:2).

Una de las cosas que el creyente promedio no ha sabido distinguir para su propio mal, es el mundo consumista y por ende materialista en el que vive, con sus demandas y afanes particulares de haber absorbido en este aspecto, la filosofía del mundo. Casi sin discernimiento el creyente se ha involucrado a sí mismo en un sistema de vida de acuerdo a los parámetros y moldes que ofrece el sistema mundano. En teoría trabajamos y estudiamos para obtener lo necesario, pero en la práctica somos absorbidos por la filosofía consumista. “Debes tener”  para luego “debes tener más”, para después “debes llenar una medida”  y finalmente “debes cambiar lo primero” y así, se va la vida de muchos en  un círculo de trabajo- consumo- trabajo, sin ningún discernimiento.


Usted puede encontrar hijos de Dios exhaustos, exprimidos, por andar sobre este estilo de vida que les deja agotados y distraídos para servir a Dios, aun en las cosas más sencillas que Dios demanda, como su devoción privada. Cuánto más estos creyentes se han anulado al servicio a Dios en sus más grandes intereses como es la promoción del evangelio a su alrededor, al mundo, y un servicio sostenido en su iglesia. ¿Por qué? Porque andan afanados, tienen que responder por un nivel de vida que se autoimpusieron, nivel nacido de los estándares propios del mundo y no de la Escritura. Su porción hoy es la ansiedad, el afán, el temor, la distracción, que refleja, para decirlo en otros términos más claros, una vida que no ha renunciado a la codicia, la mundanalidad, y a los estándares o moldes del mundo adverso a Cristo.


Por supuesto que leer y meditar en lo que el apóstol inspirado ordena en este pasaje, no es algo que el creyente afanado haga. Sonará salido de contexto o inapropiado, pero estas palabras quedaron como un bello consuelo a los hijos de Dios, para enseñarnos que las cosas no deben ser así. Que si bien, el trabajo y las ocupaciones pueden ser legítimas, éstos solo constituyen el medio por el que Él suple nuestras necesidades, pero no nuestras codicias. Muchos hijos de Dios podrían vivir con más tranquilidad, ocupados en sus negocios, pero viviendo una vida modesta. Sí, eso quiere decir que vivir sosegada o tranquilamente sería realidad al renunciar a esos estándares mundanos. Obviamente el alma luchará porque al mundo no le gusta la modestia, sino la ostentación, no la sobriedad sino el lujo, no lo necesario sino más y más.


El hijo de Dios debe recordar cuál debe ser la medida para estar satisfecho en estas palabras: ‘Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto’ (1 Tim.6:8). Cuando se sale de esta expectativa, entra en el mal del mundo y asume los vaivenes adjuntos a andar según el mundo en esto. Ellos deberían ver qué es lo que Dios desea en verdad, que pueden vivir una vida tranquila, ocupados en sus negocios, trabajando esmeradamente para que no se tenga necesidad y se pueda vivir honradamente. Es un cuadro perfecto ¿No le parece? Pero se obtiene renunciando deliberadamente a los estándares del mundo consumista y materialista. ¿Cómo desea vivir su peregrinaje?

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 



Lectura Bíblica

 

Génesis 31, 32, 33
Salmo 11