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GOZO Y ABUNDANCIA

Enero 10

‘Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él’.
Juan 2:11

El milagro de la conversión del agua en vino por parte del Señor Jesús, es calificado por Juan como un evento en el que Él manifestó su gloria, es decir, manifestó el tipo de persona gloriosa, especial, nada común, que Él es. Este milagro es otra manifestación de la gloria de su ministerio, de su labor, de su obra que haría. ¿Qué quería el Señor ilustrar con este milagro?

En algunos pasajes el vino es señalado junto al gozo (Sal.104:15), como una muestra de prosperidad y abundancia (Gn.27:37), como señal de provisión (Jue.19:19), como un elemento halagador (1 Sam.16:20). Pero quizás el elemento que nos da más luz de cómo interpretar esta señal se encuentra en otra profecía de la venida del día del Señor cuando aparecería el Mesías, el Cristo. Allí en Is. 25:1-9, se describe como siempre, juicio para unos, bendición y regocijo para otros. Lea por favor ese texto.

La conversión del agua en vino por Cristo apuntaba al día de gozo y alegría en el que definitivamente la salvación del Señor sería consumada. El día en que Alguien con el Espíritu del Señor vendría a liberar del pecado, sanar de las iniquidades, abrir los ojos de los ciegos para que les resplandeciera la luz del evangelio. Había llegado el día tan anhelado en el que Dios mismo destruiría el imperio de la muerte, se quebraría definitivamente el dominio de Satanás, su poder, su velo con el que cubría los pueblos. El día en que la obra salvífica quedaría consumada y entraría a la recta final.

Esta señal nos muestra que la abundante provisión de la gracia salvadora no sería solo para la “mesa” de los judíos sino que muchos pueblos beberían de ella. Así como el vino que el Señor produjo era el mejor, así la gracia que da el Señor es lo mejor, no es cualquier gracia. Su misericordia salvífica no es cualquier misericordia. La paz que Él trae no puede ser comparada con la paz que nos imaginamos. El perdón, la misericordia, la bondad salvífica, la paciencia salvadora que vienen de Él no se comparan con nada. Y son precisamente estas cosas las que Él vino a traer y a traerlas en abundancia (Jn.10:10).


Si has bebido de la gracia, si te has visto como un receptor del inmerecido don de la salvación que Cristo te dio, no puedes carecer de gozo y regocijo, las vidas llenas de gracia no pueden escapar del efecto de la gracia salvadora operando en ellos. El cristiano, el que cree en Cristo, debe ser la persona más gozosa que pisa esta tierra. No hablo de risas, ni de una expresión facial externa. Hablo del sentido de satisfacción, regocijo, gozo, que se tiene por estar en Cristo y verse ahora perdonado, reconciliado, adoptado, santificado y todo por el precioso Cordero inmolado. No es gozo pasajero, no es algo que cambia de acuerdo a la situación o si tenemos pruebas o no. Este gozo no se va, no se agota fácilmente porque es abundante y hace saber sus efectos en el alma redimida.


Los creyentes, en este sentido, vivimos cada día como sus discípulos siendo testigos de la manifestación de su gloria como nuestra porción y nos regocijamos en la porción abundante que nos tocó. Ahora, como los discípulos del Señor, también vemos su gloria, por supuesto, no con nuestros ojos físicos, pues esto está destinado para nuestro encuentro con el Señor, sino con los “ojos de la fe”. La provisión de su gracia es suficiente, tanto que alcanzó para salvar a un pecador como usted, de manera que no solo lo libró del infierno sino que lo sentó en su regazo como un hijo amado y lo sentó en Su mesa para darle la gracia abundante.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 



Lectura Bíblica

 

Génesis 28, 29, 30
Salmo 10

 

 

 


 


 

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él’.

Juan 2:11