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JUSTICIA Y PAZ

Diciembre 6

‘Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre’.
Isaías 9:17

El mundo no puede correr tan lejos que logre desafiar la Palabra de Dios y jamás sufra las consecuencias de hacerlo. Cada vez que un individuo, familia, iglesia, pueblo o nación, corre haciendo su voluntad y habla lo más duro que puede para no escuchar la voz de su propia conciencia ni la de Dios, clava un puñal en la arteria de su alma, que lo desangrará miserablemente, dejándolo en un estado tal vez más lamentable del lugar del cual empezó a correr.

Por supuesto que los hijos de Dios tienen como característica que aman y anhelan la paz (Mt.5:9). Primero la paz para con Dios mediante Jesucristo (Rom.5:1), luego la paz entre sus hermanos (Est.10:3) y la paz en su medio, además que la procuran (Jer.29:7).


Sin embargo, Isaías nos recuerda que la paz es un fruto, un resultado o consecuencia. La paz no constituye un valor etéreo que está o no como el calor o el frío. La paz es la flor que hermosea al árbol de la justicia. En otras palabras, la justicia es el altar sobre el que la paz se levanta, la plataforma sobre la cual la paz reina. En sentido negativo podemos afirmar que jamás habrá paz sin justicia. Salmos 85:10 nos habla de ese romance que hay entre la justicia y la paz. De las promesas del Mesías se vaticinaba que su reino tendría paz sin límite porque su trono iba a estar cimentado en justicia (Is.9:7); de manera que en general podemos concluir que tal como sean las estructuras de justicia, así será la paz conseguida.


La conciencia del ser humano lo sabe, no puede huir tan lejos de esta verdad que Dios ha implementado en los corazones de los seres morales. Pero la pecaminosidad del ser humano ha encontrado una vía de escape para no acatar la voluntad de Dios, pero jamás tanto como para no querer recibir el beneficio. Es decir, siempre el ser humano querrá el fruto agradable de la paz pero no por la vía de la obediencia a la voluntad de Dios. De manera que en su carrera obstinada ha querido modificar los estándares divinos de la justicia, moldeando la justicia como plastilina, acomodándola a los estándares mínimos humanos y a veces bordeando los campos de la injusticia. Aun así se quiere recibir la paz como resultado. Si no se pudo cambiar el principio que la paz es producto de la justicia, les ha resultado relativamente fácil, modificar el principio de la justicia y ¡Listo! Pero una justicia rebajada, minimizada y modificada en su esencia, va a traer como resultado una paz falsa, hueca y sin ningún significado real de bienestar para el prójimo. Los peligrosos intentos del ser humano hace que se ponga el hacha en la raíz, abandonar lo que Dios dice que es pecado, lo que la Escritura dice que debe ser penalizado, aguar la justicia y modificarla para que jamás se reprenda lo que Dios reprende o al menos no es la manera que Dios lo hace.


Jamás esta justicia resultará en paz, porque es una justicia hecha por el hombre pecador, por los enemigos de Dios, es una justicia moldeada por las manos que desean correr en contra de Dios, por lo que sería iluso esperar que la paz divina sea la que nos visite. No ande desprevenido volando livianamente sobre las filosofías de este mundo. Lo que hoy vivimos es otro intento caído de no tener en cuenta a Dios, destronarlo a Él y a sus principios morales de nuestra sociedad, pero es mucho más grave, si esto llega a acontecer, bajo la venia silenciosa de la iglesia de Cristo. Ame la paz, pero ame la justicia verdadera, la de Dios, que producirá paz verdadera como consecuencia.

 





Lectura Bíblica

 

2 Pedro 1, 2, 3
Proverbios 6