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NO HAY OTRA RAZÓN

Diciembre 3

‘‘Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados’.
Isaías 43:25

Este es un buen día para traer humildad a nuestro ser. No porque sea un día especial o porque se celebre algo particular. De hecho, cada día es un buen día para hacernos el favor de recordarnos quienes somos, aun si somos hijos de Dios, deberíamos recordarnos continuamente por qué estamos aquí, cuál es la razón fundamental de estar en la comunión con Dios por Cristo y de tener todas aquellas cosas descritas como ‘bendiciones espirituales en los lugares celestiales’.

Es un excelente momento el del devocional diario, poder nuevamente ponernos en nuestro sitio debido a nuestros pecados y darle a Dios todo el reconocimiento, la gloria y el lugar que Él merece en nuestra vida.

El texto afirma que Dios sí tiene una razón para perdonar los pecados de su pueblo, pero esta razón la ha encontrado en Sí mismo solamente. Eso quiere decir que Dios ha buscado una razón para perdonar a su pueblo, les ha mirado a ellos y no la ha encontrado, nada de lo que ellos tienen, son, hacen, le da un motivo a Dios para pasar por alto sus rebeliones y tratarlos bien. Si mirara a los ángeles puros para quizás encontrar en ellos una razón para dispensarle perdón al hombre, alguna dignidad, algún favor o algo parecido, tampoco lo ha encontrado en ellos (Job 4:18). Entonces, mirando arriba y abajo qué razón tendría para perdonar el pecado de unos seres obstinados, torpes, olvidadizos, descuidados que ha querido hacer sus hijos, solo tiene que volver a Sí mismo y hallar la razón del perdón en lo que Él es.


Cuando Dios se mira a Sí mismo, hablo de Dios en Trinidad, encuentra ese motivo para perdonar al pecador. Ese motivo no tiene que ver con los pecadores, tiene que ver con lo que Él es. Él mira que es misericordioso, mira que es lleno de gracia, mira que la justicia ha sido satisfecha en sí mismo en Jesucristo y se llena de razones, encontradas en Él mismo para perdonar a su pueblo. Tanto ama su nombre y gloria, que por no traicionarse a Sí mismo, perdona al pecador que es su hijo. ¿Lo entiende? Dios no encuentra motivos fuera de Sí mismo para perdonar, bendecir, amar y ayudar a su pueblo. No los encentra porque no los hay. No hay nada, absolutamente nada en cielo o tierra que le sirva como motivo para perdonar al ofensor, sino Él mismo. Es únicamente por lo que Él es que perdona pecados.


Esta no es una idea única en Isaías, usted puede corroborar, y de hecho le animo a hacerlo, que el único motivo por el que Dios bendice a su pueblo, es por el amor a su Nombre, a Sí mismo, a su gloria: 2 Ry.20:6; Sal.23:3, 25:22, 106:8; Is.37:35, 43:25, 48:9 y 11; Ez.20:44. Lo que nos lleva a la humildad rostro en tierra, pues este hecho dice mucho de nosotros ¿No cree? Dios no nos perdona por el arrepentimiento, este es una condición para el perdón pero no la causa de este. Dios no nos trata bien por nuestra obediencia, que aunque es necesaria no constituye la base de nuestra comunión con Él. Dios ha querido bendecir a su pueblo por todo lo que encuentra en Él mismo, en su propio ser, en lo que Él es de Sí mismo.


Hoy es un buen día para bajar el rostro y humedecer nuestros ojos con esta realidad. Estamos orando, viviendo en obediencia, perseverando, porque Dios se ama a Sí mismo más que cualquier cosa y persona. Esa es nuestra porción bendita hoy solo porque Dios no quiere traicionarse a Sí mismo. El perdona nuestras rebeliones hoy por esa única, fuerte e invencible razón que Él mismo, no hay otra. ¡Alabado el Señor!

 

 

Lectura Bíblica

 

Miqueas 1, 2
Proverbios 3