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NUESTRA POSICIÓN ACERCA DE LAS OFRENDAS AL SEÑOR

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Por: Jorge E. Castañeda Delgado

¿Creen ustedes en el diezmo? Es una muy buena pregunta, y depende lo que tenga en la mente quién pregunta, podríamos decir sí o no. De eso se trata esta aclaración.

 

Sabemos que una iglesia no va a salir bien librada al abordar este tema. Seguramente no solo es complejo, sino que es causa muchas prevenciones en quienes no son creyentes, debido a la fama que iglesias llamadas cristianas han ayudado a crear, y debemos aceptar, con mucha razón, que es cierto en un sinnúmero de iglesias que se llaman a sí mismas cristianas, donde el centro de todo es el dinero. También reconocemos que el tema no solo causa aprehensión entre los no creyentes sino en un buen grupo de creyentes que seguramente fueron abusados, manipulados y maltratados en iglesia anteriores, donde sin ningún escrúpulo la Biblia era retorcida para provecho de algunos y se les animó a pactar, sembrar, donar, y más asuntos, que lo único que logró fue el enriquecimiento de sus líderes y su sequedad espiritual y material.

 

Pero en honor a la verdad debemos decir que la tergiversación impía de un principio no anula el principio en sí. Que muchos hayan torcido los principios bíblicos y otros hayan caído ingenuamente bajo sus engaños, no significa que debamos tomar el principio bíblico junto con las experiencias traumáticas y desecharlo todo, eso sería el equivalente a arrojar el agua de la tina con el bebé adentro. Aquí es donde la fidelidad de los hijos de Dios se muestra, en obrar bíblica y sacrificialmente pese a sus experiencias, sentires y deseos. Si bien obedecer jamás será placentero para nuestra carne, obedecer cuando se ha sido herido, pone una mayor dificultad. Sin embargo, la obra del Espíritu de Dios es mucho mayor que cualquier experiencia traumática y nos da la libertad para obedecer al Señor con limpia conciencia.

 

Honra al Señor con tus bienes

Dejando a un lado las experiencias, el cristiano debe enfrentarse delante de la Biblia y responder ¿Hay un principio en la Biblia que guie al pueblo de Dios a adorar al Señor con sus recursos económicos? ¿Debe apoyar un cristiano con su dinero y recursos físicos la obra de Dios? La respuesta, si se es sincero, aunque se lea la Biblia de forma superficial, es sí. Alguno preguntará ¿Para qué si Dios no recibe el dinero? Seguramente no, Él recibe el acto de ofrendar, el sacrificio espiritual, el dinero cubre los asuntos que Dios mismo ha ordenado, asuntos físicos sin los cuales la obra del Señor se vería demasiado limitada y en otras cosas nula. Esto corresponde a que existen asuntos físicos que hoy están incluidos en ser iglesia. Si la iglesia fuera la reunión incorpórea de espíritus, tal vez los elementos materiales no tendrían pertinencia, pero no es así. El creyente debe recordar que en toda la Biblia subyace un principio: ‘Honra a Jehová con tus bienes’ (Prov.3:9ª).

 

¿De qué manera el dinero aporta para el reino de Dios? ¿En qué se usa?

Seguramente podríamos rastrear más destinos que han quedado registrados en la Palabra de Dios acerca del uso de las ofrendas, pero relacionaremos algunos para notar en líneas generales el principio existente. Las ofrendas fueron usadas para el cuidado del lugar de adoración (Hageo 1:4); el sostenimiento de los ministros de la Palabra (Gálatas 6:6, 1 Timoteo 5:17-18); ayuda a miembros de la congregación que tengan necesidades y carezcan de familiares que los apoyen (1 Timoteo 5:3-8); ayuda a los santos necesitados en otros lugares (Hechos 11:27-30, Gálatas 2:10); el mantenimiento de misioneros (Filipenses 4:10-16).

 

¿Qué creemos del diezmo?

No desconocemos que aun este asunto es controversial. Creemos que todos aquellos que se identifican con una iglesia Bíblica no están en contra del principio del dar como una ofrenda para la obra del Señor. El asunto se vuelve complejo cuando se habla del diezmo. Nuestra postura no quiere ser reaccionaria, sino que hace parte de nuestro entendimiento Bíblico teniendo en cuenta la historia de la redención, procurando interpretar bajo la analogía de la fe, interpretamos Escrituras con Escrituras.

 

1) Tenemos como base el principio Bíblico de honrar al Señor con nuestros bienes como anteriormente lo hemos afirmado.

 

2) Vemos que antes de la ley Sinaítica, hombres de Dios dieron su diezmo. En el caso de Abraham, dio su diezmo a Melquisedec (Gn.14:20), un sacerdote fuera del sacerdocio levítico, un sacerdote fuera de la ley Sinaítica. Por lo que, tanto su sacerdocio como sus ofrendas estaban por encima de la ley mosaica. También leemos que Jacob prometió dar un diezmo (Gn.18:22). Aunque la Biblia no nos diga exactamente si ellos lo hicieron en respuesta a una orden dada, creemos que Dios recibió sus ofrendas, lo que nos muestra que esto fue acorde a la voluntad divina que hasta ahora estaba siendo revelada. Recordemos que Dios no recibe ofrendas por fuera de su voluntad, y al recibirlas de estos patriarcas, el principio es avalado.

 

3) El principio de honrar al Señor con los bienes, se expresó de una forma particular en la estructura legal mosaica. A esta estructura le llamamos el Antiguo Pacto. Bajo el antiguo Pacto, los principios morales tomaron una forma específica y se aplicaron a situaciones particulares, muchas de ellas muy propias a un pueblo físico, geográfico y pedagógico, es decir, a un pueblo que era tipo del pueblo espiritual de Dios que vendría bajo un mejor Pacto. Bajo esta estructura legal, el principio de honrar al Señor con los bienes, se expresó de diversas maneras. Muchos estudiosos ya han remarcado acerca de las múltiples ofrendas y diezmos que el pueblo de Israel estaba obligado a dar y qué destino tenían dichas ofrendas y diezmos, asunto que aquí no tocaremos. Sin duda que aun el aspecto voluntario y amoroso de dar bajo el Antiguo Pacto jamás fue anulado, pero se expresó en esa estructura legal.

 

4) Cuando entramos a las enseñanzas de los evangelios no encontramos una oposición radical al diezmo. El Señor afirmó en Lc.11:42: Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello’, lo que nos muestra que el principio de ese diezmo aun era acogido por el Señor. Esto es relevante saberlo porque los evangelios fueron escritos décadas posterior a los hechos y fueron usados como libros de instrucción para la iglesia de Cristo, lo que nos muestra la intencionalidad de los escritores del Nuevo Testamento para que eso formara parte de la instrucción.

 

Sin embargo, es después de la vida, muerte y resurrección de Cristo, especialmente a la luz de su muerte, que el Antiguo Pacto cae y se instaura el Nuevo, sobre la base del sacrifico una vez y para siempre de nuestro Señor Jesucristo. Es interesante ver que, a la luz del Nuevo Pacto, muchos asuntos son reinterpretados, otros se señalan como caducados y otros, simplemente no se tocan. Confírmese eso muy claramente como Hebreos aborda y aclara muchos de estos asuntos. Aquí es muy útil entender que el Nuevo Testamento es claro en afirmar que el Antiguo Pacto como estructura desapareció, pero es necesario advertir que ciertos principios morales que se habían expresado de una manera particular bajo ese pacto, sobreviven al Nuevo, ya no como parte de la estructura del Antiguo, sino como principio moral del Nuevo.

 

Es así que entendemos que el principio de la honra al Señor con nuestros bienes, no se abolió con el Antiguo Pacto, sino su forma de expresión particular. Ahora, ese principio sobrevive bajo el Nuevo, como una expresión de adoración legítima del Nuevo Pacto, pero básica. Es decir, que el diezmo no es considerado bajo el Nuevo Pacto como un asunto legal, de ley mosaica, perteneciente al Antiguo Pacto sino como guardando el principio antes de la estructura Mosaica bajo el cual Abraham e Isaac diezmaron, pero que ahora en el Nuevo Pacto, se expresa de una mejor manera, fuera de las sombras, en una realidad mayor y en una intencionalidad mayor.

 

Creemos pues que el diezmo, aunque no es una norma legal impuesta en el Nuevo Pacto es una expresión de adoración legítima y valida del Nuevo Pacto, pero básica, es decir, que corresponde a esa medida con la que un creyente del Nuevo Pacto empieza a dar. Lo sabemos porque la “medida” del Nuevo Pacto jamás nos lleva hacia “abajo” sino “hacia arriba”. En otras palabras, el Nuevo Pacto nos anuncia que las realidades superan las sombras y parecería ilógico que un creyente bajo el Antiguo Pacto mostrara más disposición y generosidad para dar al Señor de sus bienes de quienes vivimos en las realidades, sobre el sacrificio ultimo y sobre promesas mayores. Solo así entendemos la expresión de 2 Corintios 8:5 en el contexto de ofrendas. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios’. ¿Nota que la medida es más bien incluyente y más generosa?

 

Podemos entonces concluir que todo hijo de Dios tiene como privilegio y carga de amor, el sostenimiento financiero de la obra del Señor, ya que esto es lo que se enseña en las Escrituras. Cada creyente debe hacer donaciones sistemáticas y proporcionales a la iglesia local a la que pertenece (1 Cor.16:1-2; 2 Cor:8-9). Se espera que todos los miembros de una iglesia se conformen con esta regla de la Escritura. Por eso animamos a cada miembro a ofrendar teniendo el diezmar como una expresión de adoración y como la norma básica bíblica para la donación, al cual deben añadirse donativos y ofrendas según la habilidad de cada uno y la solicitud de su corazón (2 Cor.8:1-5).

 

Son exactamente estas distinciones las que no nos permiten responder de una manera plana la pregunta ¿Creen ustedes en el diezmo? Porque depende la pregunta, podríamos decir sí o no. Por supuesto que no creemos en el diezmo como parte de la estructura legal del Antiguo Pacto, como parte de la pedagogía divina sobre un pueblo físico y geográfico, donde el centro religioso era el Templo. Pero sí creemos como esa expresión de adoración que va por encima de la ley, que constituye una base razonable pero básica, la que por lo general es superada por los hijos de Dios, y a la que se le añaden otro tipo de ofrendas voluntarias.

 

Terminología

Debido al manejo cuidadoso de los términos, muchas iglesias bíblicas no desean hablar de diezmo, aunque sostengan esta interpretación anteriormente dada, para no dar la impresión de creerse bajo la ley en toda su estructura Antiguo Testamentaria. A algunos les parece engorroso hablar del diezmo y luego tener que explicar que se refieren a una expresión de adoración básica bajo el Nuevo Pacto. Otros ni desean hablar de diezmo, porque saben que en su iglesia la mayoría de gente ofrenda mucho más que el diez por ciento básico y no desean desanimar la generosidad de los suyos. Por ello muchos han querido englobarlo todo bajo la palabra o término “ofrenda”.

 

No tenemos ninguna queja si así se procede desde que el creyente esté instruido en reconocer la necesidad de dar tanto esas ofrendas regulares, sistemáticas, donde el diez por ciento es una base y en dar aquellas ofrendas añadidas, según la necesidad, la habilidad y la solicitud de cada uno. Pero si una iglesia desea usar ese término, seguramente el mismo principio le aplica, el instruir y aclarar a su congregación lo que eso significa.

 

Seguramente en días donde se reacciona de forma casi antinómica a todo lo que sugiera una norma, en días donde hemos recibido una influencia muy importante del “dispensacionalismo revisado” de soteriología reformada, en días de la migración de muchos carismáticos heridos a iglesia bíblicas, el asunto del diezmo ha sido muy mal entendido y desechado como contradictor a la fe y al Nuevo Pacto. Como esperamos haberlo expresado en líneas generales, esto no es necesario hacer. Esperamos que este asunto sea meditado por la Palabra y no a la luz de reacciones ciegas que amputan nuestra sabiduría y nos quitan el fruto de una buena obediencia.