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GOBIERNO BÍBLICO DE ANCIANOS PIADOSOS

GOBIERNO BÍBLICO DE ANCIANOS PIADOSOS
Por: Jorge Castañeda

 

15288Introducción

Contexto general en el que se presenta el oficio del anciano.

Iglesia Universal
Para poder entender donde ubicamos el oficio de anciano, debemos recordar las dos dimensiones o facetas de la iglesia, la universal y la local. No que existan dos iglesias, sino que la misma iglesia de Cristo tiene estas dos dimensiones. Desde el punto de vista universal vemos que la Iglesia es solo una. Mt.16:18, por ejemplo, nos muestra esta realidad: ‘Y yo también te digo, que tú eres Pedro,  y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella’. Cristo afirma tener una sola iglesia. Ef.1:22: ‘y sometió todas las cosas bajo sus pies,  y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia’, nos señala que Cristo es cabeza de la iglesia en su sentido universal, donde cuantitativamente hablando solo hay una (Cf.Ef.5:25).

La Iglesia universal tiene una jerarquía bien definida. En el punto máximo de autoridad y gobierno se encuentra el Señor Jesucristo quien gobierna la iglesia por su Palabra, las Sagradas Escrituras, inspiradas y aplicadas por el Espíritu Santo. Ef.2:20 nos afirma que Cristo estableció en su Persona y sus enseñanzas el fundamento de la iglesia. Sus apóstoles verdaderos, aquellos que Él mismo llamó y comisionó, han puesto el fundamento sobre el que la iglesia se levanta, pero siempre reconociendo que Cristo es la Cabeza de ella: ‘edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo’. En otras palabras, Cristo ejerce su autoridad Real mediante su Palabra, lo que se llama el fundamento apostólico, que corresponde a las enseñanzas inspiradas por el Espíritu Santo dadas a través de los apóstoles.

Reconocer este testimonio de las Escrituras al respecto tiene muchas implicaciones. Significa que nada ni nadie más puede regir los designios de la iglesia universal. La autoridad para dar principios, señalar los objetivos, avalar métodos, la potestad de su organización, su liderazgo, sus ámbitos de incumbencia, su disciplina, adoración, evangelismo, todo en absoluto es potestativo del Hijo de Dios. Este puesto de máxima autoridad no fue por un consenso eclesiástico ni por autonombramiento de Cristo mismo. Su autoridad, según vimos en Ef.1:22, es dada por el Padre, quien le invistió de ese poder (Cf.Ef.4:15; 5:23; Col.1:18; 2:19).

Así que tenemos, Cristo la Cabeza de la iglesia, el Espíritu Santo su Vicario, la Palabra de Dios o el fundamento Apostólico, su base. En este aspecto universal, la iglesia es una, santa y apostólica.

 

pastor estudia bibliaGobierno de la iglesia local
Pero la segunda dimensión de la iglesia, nos dice que debemos advertir el aspecto local de ella. Es decir, la iglesia universal de Cristo está compuesta por miles de congregaciones localizadas alrededor del mundo. Iglesias que han confesado a Cristo como Señor y Salvador, que reconocen sus oficios de Rey, Sacerdote y Profeta, donde mora el Espíritu Santo y donde se rigen por la Palabra de Dios. Si miramos algunas salutaciones apostólicas como Gal.1:2, aprendemos que la carta iba dirigida a: ‘a las iglesias de Galacia’. Usted puede ver lo mismo en Ef.1:1 ‘santos en Éfeso’; Fil.1:1 ‘santos en Filipos’; 1 Tes.1:1 ‘iglesia de los tesalonicenses’; Col.1:2 ‘en Colosas’, para confirmar que estas cartas era destinadas a grupos de santos y fieles hermanos, comunidades específicas reunidas en un lugar reconocido, en este sentido las iglesias suman varias. Piense que, si no hubiese personas particulares a quiénes escribir, si no hubiese habido la certeza que había un grupo que se reunía a escuchar la Palabra, ¿Se hubiesen escrito estas cartas marcadas así? Las cartas no iban dirigidas “A quien interese”, sino a grupos específicos. Las cartas a las siete iglesias de Asia menor en Apocalipsis (Ap.2-3), ratifica la existencia de iglesias locales definidas.

 

¿De qué manera el Señor Jesucristo ejerce su autoridad Real sobre sus iglesias locales?
Primero, debemos aclarar que el aspecto local de la iglesia, no anula jamás, el gobierno o pastorado oficial de Cristo sobre su iglesia. Cualquiera que sea la respuesta que demos de cómo es el gobierno de una iglesia local, jamás debe contradecir la conclusión primaria: que Cristo es la Cabeza de la iglesia, el Espíritu Santo su Vicario, la Palabra de Dios o el fundamento Apostólico, su base. Si nuestra respuesta contradice la máxima autoridad de la Palabra de Dios, la instrumentalizad del Espíritu Santo o el fundamento apostólico, nuestra definición de la autoridad de una iglesia local, es ilegítimo.

Pero podemos responder que Cristo gobierna sus iglesias locales a través de la Palabra de Dios, administrada, en sentido regular, por ancianos. No es que ellos gobiernen la iglesia incluyendo la Biblia. Eso haría que los pastores estuvieran sobre la autoridad. Pero a los pastores se les ha encargado el ministerio de la piedad para que como mayordomos la administren: ‘Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios’ (1 Cor.4:1). Fue la práctica apostólica que los apóstoles establecían iglesias y constituían ancianos en cada una de ellas (Hch.14:22-23) y tanto a Timoteo como a Tito, se les exhortó a reconocer este oficio en la iglesia local, con requisitos muy puntuales (1 Tim.3:1-7; Tito 1:7-9).

En otras palabras, la norma para las iglesias locales es que ellas deben, según el fundamento apostólico, estar gobernadas por una pluralidad de ancianos, que entre ellos exista paridad de autoridad y sin embargo reconociendo que existe entre ellos, diversidad de dones. Vemos que el gobierno bíblico de la iglesia local es, en número, una pluralidad, en cuanto a su autoridad, con paridad, y en dones, diversidad. La iglesia local debe estar gobernada según el modelo y las instrucciones bíblicas. No debe estar gobernada por instituciones, estamentos, grupos, comités extra bíblicos, extra eclesiales ni paraeclesiales. La Cabeza de la iglesia delimitó en su Palabra, el gobierno de las iglesias locales al gobierno de ancianos piadosos.

 

Ancianos Piadosos
Habiendo aclarado el contexto general en el que se presenta el oficio de anciano, ahora señalaremos que la Palabra de Dios muestra la necesidad que el hombre de Dios, aquel que ha sido llamado para servir en el ministerio de una iglesia local como anciano, sea un hombre piadoso. Vivimos en épocas donde el liderazgo de las iglesias está compuesto más por hombres carismáticos en su personalidad, que piadosos. Son buenos oradores, excelentes motivadores, ganan la simpatía de la gente, son buenos estrategas, tiene excelente capacidad para gestar programas y el manejo de personal, pero poco piadosos. Muy frecuentemente sales de su compañía admirándolos como personas, pero no con la fragancia de su piedad.

El apóstol Pablo dirigió estas palabras a Timoteo, en 1 Tim.4:7 ‘Ejercítate para la piedad’. Una exhortación muy breve pero definitivamente cargada de mucho significado para la vida pastoral. La exhortación a Timoteo es a ejercitarse, es decir, que Pablo llama a Timoteo a un asunto al que se debe dedicar, al que debe hacer el objeto de sus esfuerzos y disciplina: que debe hacer de la piedad su ocupación idónea, que debe hacer de la piedad su trabajo esforzado y continuo. Juan Calvino parafraseando este texto dice: "[…] si te dedi¬cas con todo tu celo y con toda tu habilidad, al ejercicio de la piedad únicamente, harás aquello que es de la más elevada importancia".

 

leer la biblia¿Qué es piedad?
La piedad es una respuesta reverente y espiritual del alma que conoce más y más a Dios tal como se ha revelado en las sagradas Escrituras. La piedad no surge del vacío, viene del conocimiento de Dios, pero no solo intelectual, tiene que ver con ese conocimiento de Dios mediante las Escrituras, pero vivificado por el Espíritu de Dios el cual produce adoración reverencial, fe salvadora, temor filial, sumisión devota y amor sincero. La verdadera piedad se contrapone a una profesión de fe meramente intelectual y algo legalista. Se contrapone a lo meramente externo, superficial y falto de sinceridad. La piedad, en palabras del reformador Calvino: “Es esa reverencia unida al amor de Dios que el conocimiento de Dios produce”. La piedad es la práctica de la santidad en todas las áreas de la vida, pero esa santidad nacida de la admiración, reverencia y amor a Dios.

Los piadosos no son individuos que solo hacen o dicen lo correcto. El individuo piadoso tiene un temor reverencial a Dios, pero le ama, el Espíritu Santo opera desde el interior de su alma en el centro de sus deseos y anhelos haciendo que el individuo tenga la gloria de Dios como su más alto anhelo. Así el piadoso vive conscientemente para servir al Señor, con limpio corazón, con limpia conciencia, porque en su alma vive como viendo al Invisible.

Pablo exhorta a Timoteo a que debe vivir su vida haciendo de la piedad su ocupación principal. No se le llama a Timoteo a presentar resultados ministeriales, crecimiento numérico, éxito en los programas, a ocuparse de cómo será su iglesia más grande o influyente. No se le dijo “ocúpate en el crecimiento”, “esfuérzate en las actividades de unas y de otras”, “Haz de la influencia y reconocimiento ministerial el centro de tus trabajos y disciplinas”. Sí es un llamado al ejercitarse, a ocuparse con esmero. Pero el hombre de Dios debe trabajar para acrecentar su conocimiento espiritual de la Palabra de Dios, debe ocuparse en su santidad aplicada, de mantener el corazón fervoroso, debe dedicarse a mantener sus disciplinas santas, su adoración sincera, debe procurar una conciencia limpia delante de Dios y de los hombres en su servicio, debe ocuparse en mantener el amor al Señor como la fuerza que lo estimula y la gloria de Dios como su meta última.

¿Qué implica esto? Que el ministro de Dios, debe ocuparse en su vida personal, en el ámbito de su vida secreta por ser piadoso, dedicarse a cultivar su conocimiento y su entendimiento espiritual de la voluntad de Dios, no solo porque es ministro sino porque es hijo de Dios. Implica que, en su ministerio, aun cuando las actividades y trabajos varíen en ser un apacentador, un administrador o supervisor, aun cuando dedique su tiempo a la enseñanza e instrucción del pueblo de Dios, debe preocuparse por mantener una vida de sincera comunión con el Señor y por el desarrollo de una limpia conciencia delante de Dios y de los hombres a los que sirve. Implica también que debe ser un hombre piadoso con los de afuera, mantener su santidad practica en su relación con las cosas y personas del mundo. Significa que mantendrá su corazón ferviente y santo aun cuando el mundo le intente seducir.

Piensa en el ministro del evangelio que no tiene disciplinas secretas, no cultiva la intimidad con Dios ni procura crecer en el conocimiento de Dios, no por ser ministro sino por ser hijo de Dios. Es aquel hombre que se acerca a la Biblia con el fin de sacar de ella material para sus clases y sermones. Toma los recursos de la oración y la Palabra de Dios solo con fines ministeriales, pero carece de poder espiritual, del acompañamiento de Dios sobre su ministerio. Es un individuo proclive a hacer concesiones pecaminosas en su ministerio, se vuelve más experimentado que santo, se convierte en un líder estratégico más que piadoso. El mundo llega a seducirlo y empieza a permitir y luego a promover tácticas y métodos del mundo y todo esto a nombre del ministerio. Su falta de hacer de la piedad su gran ocupación, se transformó en un ministerio carnal y mundano. ‘Ejercítate para la piedad’.

 

1. Piedad Personal
El ministro de Dios debe ocuparse en mantener una condición espiritual saludable como hijo de Dios, ocuparse en trabajar en sus hábitos y disciplinas personales, tanto como en la conformación de su propio carácter al de Cristo y pureza en sus pensamientos, anhelos y deseos más íntimos. Eso significa que el ministro, a la luz que primeramente es un hijo de Dios, debe, como dice A.N. Martin: “ocuparse por mantener hábitos de oración privada y lectura meditativa de las Escrituras con el propósito expreso de desarrollar más su propia vida espiritual, sin ninguna relación con sus deberes particulares ministeriales”. Pero, como todo hijo de Dios, debe ocuparse de trabajar en su propio corazón, en sus deseo y anhelos más profundos. No se trata de presentar una apariencia de cristiano, sino serlo. No se trata de mantener pensamientos anhelos reprimidos sino en verdad estar siendo transformados a la imagen de Cristo. Experimentar el poder transformador del Espíritu Santo corriendo en el alma.

Son varios los llamados que la Palabra de Dios hace a los pastores para mantener su vida personal e íntima en toda piedad.

En la despedida del apóstol Pablo con los ancianos de Mileto, hace la siguiente exhortación: ‘Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre’ (Hch.20:28). Esta exhortación viene en medio de solemnes advertencias a los peligros de herejías que se infiltrarían en la iglesia, tanto de fuera como de dentro y en medio de todas las demandas que se derivan de apacentar el rebaño de Dios. Aun con todas estas consideraciones, los ancianos deberían considerar sus tareas teniendo como punto de partida el cultivo de su propio caminar con el Señor. Ellos deben estar vigilantes de sus propios corazones y tener mucho cuidado de su propia condición.

En el mismo sentido corre la exhortación del apóstol en 1 Tim.4:16: ‘Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren’. El contexto es algo similar, pues Timoteo es exhortado a no enredarse en cuestiones de fabulas, genealogías que distraen y destruyen. Allí en medio, es exhortado a tener cuidado de sí mismo y de la doctrina. Muchos bajo tal presión solo hubiésemos redoblado fuerzas contra las herejías destructoras, pero el Espíritu Santo afirmó que igual cuidado deberíamos tener por nosotros mismos, por el cuidado de nuestras almas y nuestra propia doctrina. Aunque hay un vínculo directo entre la vida de piedad personal y el ministerio, aquí el apóstol exhorta a Timoteo a tener cuidado de sí mismo, de su propia alma, para su propia salvación.

Luego en 2 Tim.2:22 está esta exhortación: ‘Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor’, ¿A dónde apunta esta exhortación? Al alma, a los anhelos, a lo que desea el corazón. No basta con los actos, el carácter del ministro debe ser formado como el carácter de un hijo de Dios. Allí en su vida íntima se ve la piedad. El ministro no debe ocuparse en los asuntos ministeriales en detrimento de su propia alma. Claro que es llamado por Dios para el servicio, pero no se debe olvidar de vivir su piedad en el contexto de los santos, como es el caso de todos los hijos de Dios. El ministro no está por encima de los requerimientos y cuidados ordinarios de todos los hijos de Dios.

Luego en Hb.13:7 encontraos esta exhortación de la cual derivaremos el principio: ‘Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe’.  Imitad su fe, ellos tienen una fe que imitar, una conducta propia que debe ser seguida. No se exhorta, “imitad su manera de predicar”, “procurad ser tan parecidos a ellos en sus grandezas e influencias”, sino imiten su piedad.

Richard Baxter hablando a los pastores dice: “Como todos los demás, usted tiene una naturaleza caída con tendencias pecaminosas. Si Adán siendo sin pecado, cayó porque no tuvo cuidado, ¡Cuánto más, deberíamos tenerlo nosotros! Tal como una pequeña chispa puede comenzar un incendio forestal, así también un pecado conduce a otros. Aún los creyentes más santos tienen en sus corazones los restos del orgullo, de la incredulidad, de la ambición egoísta y de todo tipo de pecado. Somos seducidos fácilmente por la necedad y la concupiscencia; y entonces, nuestro juicio se distorsiona, nuestro celo se enfría y nuestra diligencia se debilita. Si usted no tiene cuidado de su traicionero corazón, muy pronto éste encontrará una oportunidad para engañarle. Los pecados que usted pensaba que habían sido desarraigados hace mucho tiempo, revivirán. Puesto que usted es tan débil y propenso a pecar, debe tener mucho cuidado de sí mismo”.

 

2. Piedad en su oficio
¿Qué esperaríamos de un individuo que vive su vida cristiana con sinceridad, conscientemente y de forma creciente? ¿Cuál sería nuestra expectativa con aquel que ha hecho de la piedad personal su principal ocupación? Esperaríamos encontrar piedad en su ministerio eclesial. La piedad ministerial es un tesoro que se va perdiendo entre el profesionalismo ministerial. Déjeme explicárselo. Los pastores son admirados en la actualidad por asuntos más bien pragmáticos, circunstanciales y resultadistas. Los pastores ahora no son admirados ni por su conducta ni su fe. Estamos más dispuestos a reconocer el ministerio de un hombre hábil en asuntos logísticos, a un buen orador, excelente estratega, con un carisma particular para con las personas. Pocos repararían en aquellos siervos de Dios que son humildes, perdonadores, pacientes en las pruebas, honestos, veraces, dedicados a la enseñanza, en otras palabras, piadosos. Estos asuntos no son tan visibles, ni se pueden exhibir por las redes sociales. Pero hacen parte de la piedad en el desarrollo del ministerio.

Algunos han resumido las ocupaciones ministeriales en tres. Puede ser así desde que se definan bien las palabras. El pastor debe ser un apacentador sensible, debe ser un maestro fiel y un gobernante o administrador sabio.

 

Un apacentador sensible
Tanto en Jeremías 23 como en Ezequiel 34, los líderes o guías espirituales de Israel, fueron reprendidos con la misma acusación: ‘Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado […]’ (v.2) y ‘Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová’ (v.4). Luego en Ezequiel: ‘Vivo yo, ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas’ (v.8). Estos líderes usaron su posición u oficio para sí mismos, sin consideración real y tierna para con los que debieron haber cuidado o apacentado. El pueblo se extravió, cayó en peligros, porque sus líderes se aprovecharon de sus ovejas, no fueron sus pastores sus cuidadores, sus apacentadores.

De forma  positiva, el apóstol Pedro en su primera carta, 5:1-3: ‘Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey’. Un pastor que se ejercita en la piedad, se orienta a trabajar por el bien de su pueblo, por el bien que Dios quiso que los pastores pudiéramos proporcionar, por el cuidado de sus almas, de su vocación cristiana, del aparejo espiritual para sus luchas, pruebas y tentaciones. Los pastores ejercitados en la piedad no buscarán lucrarse a través de las ovejas sino servirles paciente y tiernamente hasta que Cristo sea formado cada vez más y más en ellos (Gál.4:19). Es un llamado al servicio, a la abnegación por amor a los otros. Sabemos de la realidad de poder usar el liderazgo como medio para servirnos a nosotros mismos, como medio de promoción, confort, y otras cosas más. Jeremías 3:15 nos llama la atención hacia la intención del Espíritu Santo sobre el alma de un pastor ejercitado en piedad: ‘y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia (conocimiento – prudencia) y con inteligencia’.  

 

Un maestro fiel
canstock8617690El ejercicio de la piedad verdadera en un individuo va a inclinarlo en su llamado divino a ser un maestro fiel, diligente y veraz. Sabemos que no necesariamente estamos hablando de estudios teológicos formales, pero la piedad personal ni el oficio ministerial surgen o nacen en el vacío sobre el desconocimiento del contenido de la piedad. Sabemos también que muchos han recomendado que, debido a su llamado, el individuo debería tener erudición en otros asuntos. Pero aquí lo principal y lo que lo matiza todo. El anciano debe ser un maestro fiel, si conoce las Escrituras, aunque desconozca otras cosas, podrá cumplir su llamado. Pero si sabe de todas las cosas, pero no es entendido en las Escrituras, habrá perdido al fundamento de su ministerio, de su piedad ministerial y personal. Recordamos la anécdota del hombre que en su lecho de muerte le dijo a su acompañante: “Tráeme el libro”, a lo que el hombre le pregunta ¿Cuál de todos? Su respuesta: “El libro, solo hay un Libro”. Los obispos deben ser aptos para enseñar, por lo cual, somos, en ese sentido, hombres de un solo Libro.

En 1 Tim.4:6 vemos la relación profunda entre las Escrituras y el ministerio: ‘Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido’. Un buen ministro enseña a los hermanos, pero ¿Cuál es la fuente de su enseñanza? Las palabras de la doctrina. Aquí hay un hombre que enseña la Palabra de Dios porque también la ha seguido en su vida, esa es la pedagogía de la piedad. Luego vemos en 1 Tim.4:13 y 16 nos señala hacia un hombre que está ocupado, está entregado en el ministerio de la Palabra y que tiene en mente la salvación de los suyos: ‘Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza’ y ‘Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren’.

2 Tim.2:2 y Tito 2:1, nos habla de un hombre que no tiene su propio mensaje, que no modifica el mensaje que ha recibido y que transmite ese mensaje si adulterar a otros, en otras palabras, un hombre completamente entregado a la fidelidad de las Escrituras: ‘Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros’ y ‘Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina’. Recordemos ese texto bien conocido para el hombre de Dios y su relación con su oficio en 2 Tim.2:15. Aquí nos habla de un obrero aprobado, pero ¿aprobado por qué? ¿Con qué estándares se le califica como aprobado o no aprobado? ¿Sobre qué base se afirma que es un hombre fiel o no?: ‘Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad’.  Recordemos aún más el solemne encargo de Pablo a Timoteo, casi como juramentándolo delante de Dios con respecto a su oficio. ¿Qué le encargó? ¿En qué consistió tal comisión juramentada delante de Dios?: ‘Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina’.
    


Un administrador sabio
El anciano piadoso no solo es un apacentador sensible, un maestro fiel, sino un administrador sabio. Que ser administrador o gobernante, hace arte de los oficios del anciano queda claro por textos como: Hch.20:28: ‘Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre’. También se les llama obispo en Fil.1:1, 1Tim.3:1-2 y Tito 1:7. La palabra “obispo” se refiere a alguien que supervisa sobre algo o alguien. Cuando Pablo describe sus responsabilidades, les recuerda que lo hagan como oficiales, porque el Espíritu Santo les ha dado la autoridad, les ha hecho obispos; así que podemos confirmar que ellos tienen autoridad otorgada por el Señor. Recordemos esta frase: ‘El Espíritu Santo os ha puesto por obispos’.

Obviamente se espera que el hombre ocupado en ejercitarse en la piedad, no tomará su posición de autoridad y supervisión de manera mundana o humana, sino que la usará para los fines puestos por quien es su Autoridad máxima, el Señor Jesucristo, el Pastor de pastores. 1 Tim.3:4-5 nos dice que este individuo debe ser piadoso, es decir, honesto y consecuente porque ‘el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?’. Es un administrador en casa ajena, por decirlo de alguna manera. Eso es muy importante porque el gobierno de los ancianos no se ejerce de forma que la iglesia sea parecida a nuestros gustos, deseos, objetivos, metas y se usen nuestras herramientas, métodos o estrategias. El apóstol inspirado exhorta a Timoteo a saber cómo debe conducirse en la casa de Dios en 1 Tim.3:14-15: ‘Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad’. Timoteo debería recordar que no es el dueño, sino el administrador, que la iglesia no es su casa es la casa de Dios. Que no está para gobernar de acuerdo a su propio criterio sino de acuerdo al Señor. Tito 1:7 es muy claro en poner el sello de su irreprensibilidad en su administración: ‘Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios […]’. Eso quiere decir que ellos deben gobernar bien (1 Tim.5:17), de acuerdo a la dignidad de la casa que administran y de acuerdo al Dueño de la casa.

Muchos individuos en nuestro país, quizás la mayoría de los que hoy están en iglesias bíblicas, por años anduvieron bajo el gobierno de individuos inescrupulosos que gobernaron para sí mismos. Cuando se dieron cuenta, sus líderes simplemente les habían gobernado para su propio provecho, les dejaron sus almas vacías, al igual que sus bolsillos. ¿Qué faltó? Piedad, hombres que se ejercitaran en la piedad, que hicieran de la piedad su ocupación más solemne, que orientaran su vida al Señor con un espíritu humilde, sensible, piadoso. Sí que los ancianos gobiernan también, pero lo hacen para adelantar el reino de Dios en los corazones de su pueblo, para edificarlos, para que al final la causa de Dios haya progresado y Dios haya sido glorificado.

 

3. Piedad con los de afuera
Déjame recordar en qué vamos. ¿Qué implica el ejercitarse para la piedad en el caso de un anciano? Que el ministro de Dios, debe ocuparse en su vida personal, en el ámbito de su vida secreta por ser piadoso, dedicarse a cultivar su conocimiento y su entendimiento espiritual de la voluntad de Dios. Implica que, en su ministerio, aun cuando las actividades y trabajos varíen en ser un apacentador, un administrador o supervisor, debe preocuparse por mantener una vida de sincera comunión con el Señor y por el desarrollo de una limpia conciencia delante de Dios y de los hombres a los que sirve. Y, por último, implica también que debe ser un hombre piadoso con los de afuera, mantener su santidad practica en su relación con las cosas y personas del mundo. Significa que mantendrá su corazón ferviente y santo aun cuando el mundo le intente seducir.

No solo hace parte de los requisitos para ser reconocido como uno según 1 Tim.3:7: ‘También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo’. Así que le es necesario a causa de su llamamiento y para no poner manchas sobre él, que gane buena reputación con quienes no profesan la fe. Además, le es necesario ser piadoso en virtud de la naturaleza misma de su oficio ¿Cuál es? ¿Debatir? ¿Ganar disputas? O ¿Salvar? Esto es maravillosamente aclarado en 2 Tim.2:24-26, texto ante el cual, debemos hacer un serio reconocimiento de nuestras culpas por falta de capacidad para obedecerlo en esos términos: ‘Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él’.
¿Qué se pide? Que el siervo del Señor no debe caer en un espíritu amargo, contencioso, sino que en amabilidad sean tan firmes en su doctrina que hasta les alcance para corregir a los contradictores. Sí es una lucha, pero no agria. ¿Quién es suficiente para esto? Es necesario que los hombres de Dios se sitúen a lado y lado del camino, advirtiendo acerca del precipicio que se encuentra adelante, sin caer en críticas causticas, poco edificantes en nombre de la verdad. Sé que hablo a hombres que han estado al frente de la batalla y han dejado la piel de sus convicciones sobre el asfalto de esta generación. Han sufrido la crítica y el desprecio por llevar en alto la bandera de la pureza del evangelio y debe estar seguro, que entre las épocas más difíciles para levantar esta enseña sin manos temblorosas, es esta. Cuando te levantas hoy hablando con toda claridad, no saldrás ileso y sabes que tendrás que renunciar a tu nombre, algunas amistades, y Dios sabe cuántas cosas más. Pero debemos cuidar que la bendición de nuestras obras no quede sepultada bajo los escombros de un celo que se salió de control.    

Los hombres de Dios no deben traficar con la verdad. Esta es la sanidad para las naciones, el Evangelio puro es lo que sana, los hombres a quienes servimos muchas veces no lo entenderán así. Y jamás debemos retroceder o hacer de los llamados del Evangelio, un puente débil y quebradizo. Si la gente va a ser salva es por el Evangelio puro. Pero ‘Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él’. Vinimos a servir y que no seamos el motivo por el que algunos no tomarán del agua de vida.

Queridos hermanos, estos son los hombres que debemos ver delante de nuestras iglesias. Este es el tipo de obrero tan necesario para la mies del Señor. Este es el tipo de individuo que debe ser objeto de nuestras oraciones. Que el buen Pastor, el Señor Jesucristo siga dando pastores conforme a su corazón, hombres piadosos que se ejerciten en la piedad.