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¿TIENE IMPORTANCIA LA DOCTRINA?

bibliotecaEs muy probable que para algunos no sea una manera muy correcta de invertir el tiempo el hablar de lo que se ha denominado ‘Doctrina’. Esta palabra esencialmente relacionada con la forma de creencia que posee la Iglesia, ha venido a ser reemplazada por atractivos sustitutos que la han hecho ver como una palabra irrelevante para hoy. Tal vez para algún tiempo remoto y precario de la Iglesia era necesaria la doctrina, pero hoy, según muchos, no podemos seguir viniendo sobre asuntos tan poco prácticos para los cristianos.

Parece común la práctica contemporánea de enfrentar la doctrina a la vitalidad cristiana u oponer la doctrina al amor. Es usual encontrar individuos que enfrentan la doctrina con la espiritualidad o con la piedad práctica. Claro, parecería que se es de un espíritu insensible el ponernos a hablar de doctrina, cuando miles de personas pasan a la eternidad sin Cristo. ¿Lo ha escuchado? ¿Ha sido desafiado a quitar la incómoda doctrina y hacerla a un lado y ocuparse en asuntos verdaderamente relevantes para un mundo perdido?

Pero asumir la vida cristiana sin doctrina es imposible. De hecho, todos partimos de presupuestos definidos dentro de los cuales desarrollamos la vida cristiana. Presupuestos, doctrinas definidas implícita o explícitamente son el marco donde la Iglesia se desarrolla. La persona que nos desafía a poner más atención a ser ‘pescadores de hombres’ y a no ocuparnos de tanta doctrina, ¿No está moviéndose bajo el presupuesto doctrinal que lo más importante es el evangelismo? La persona que nos desafía a poner más atención a la piedad práctica ¿No se basa en el presupuesto doctrinal que lo más importante es lo que hagamos por encima de lo que creemos? Con esto solo quiero resaltar que es imposible desarrollar una vida cristiana sin presupuestos doctrinales, se sepa o no que se tienen.

La realidad no es tan sencilla y no es tan fácil contraponer la doctrina al desarrollo cristiano, porque en sí mismo el desarrollo cristiano tiene que ver necesariamente con la doctrina. Así que la pregunta fundamental no es si usted o yo ponemos atención a la doctrina, sino más bien ¿Sobre qué basamos nuestros postulados doctrinales? De hecho los tenemos, tal vez subyacen en el espíritu práctico de muchas iglesias, algo así como que en la práctica se viven estos postulados aunque se ignoren o ya sea que sus doctrinas estén en papel a manera de declaración doctrinal de la Iglesia, lo cierto es que existen. Pero la pregunta sigue, ¿Dónde fundamentamos nuestra práctica cristiana? ¿He llegado a reconocer de donde creo lo que creo y porque hago lo que hago? Al intentar responder a estas preguntas, vamos a llegar a lo inevitable, reconocer que nos movemos en un marco doctrinal.

Ahora, asuntos más detallados se nos plantean. ¿Es suficiente creer en la Biblia, Cristo, la Trinidad, la Salvación por gracia, la venida de Cristo y miles de asuntos más de manera genérica sin definir exactamente lo que creemos acerca de estas cosas en particular? ¿Es suficiente “creer en Jesús” en algún sentido general divorciando la “fe” con que creemos de cualquier doctrina en particular acerca de qué es lo que creo de Él? ¿Puedo decir que creo en la Biblia sin definir claramente qué es lo que creo de ella? Hablar de doctrina puede que sea realmente importante después de todo.

La Sagrada Escritura explícitamente enseña que nosotros debemos ser sanos en la fe - lo que significa que la doctrina si tiene importancia. Le ruego que lea estos textos (1 Tim. 4:6; 6: 3- 4; 2 Tim. 4:2-3; Tit. 1:9; 2:1). Entonces atendiendo al testimonio de la Biblia, la doctrina si tiene mucha importancia. No solo se da por sentada la existencia de un cuerpo de creencias definidas, claramente reconocibles llamada doctrina y que claramente se puede diferenciar de lo que no es sana doctrina, sino que se exhorta a poner atención a ella. No es una alternativa viable para algunos, es un llamado a la Iglesia a prestar atención a ella.

La sana doctrina bíblica es un aspecto necesario de la verdadera sabiduría y la fe auténticamente cristiana. La actitud que desprecia la doctrina al elevar los sentimientos o pareceres individuales o esa actitud lamentable pero común hoy de reclamar una confianza ciega a estatutos humanos no puede legítimamente ser llamada fe en absoluto, aun si se hace pasar por Cristianismo. Es de hecho una forma irracional de incredulidad. Y es tal vez por esa causa que en general, el cristianismo de hoy no sabe que se ha desviado de la sana doctrina. Pero al tejer de vuelta sus doctrinas, no es muy difícil descubrir que no parten de la Biblia, la única fuente de autoridad sobre la cual debe levantarse la doctrina de la Iglesia. Tal vez muchas organizaciones, siendo honestas, tengan que aceptar que su marco doctrinal no hace justicia a la Biblia, o no a toda. Y que entre sus lineamientos doctrinales hay mucho del humanismo contemporáneo influyendo grandemente en el desarrollo de sus congregaciones.

¿Por qué? Porque al situarnos con recelo frente a la doctrina, hemos abierto la puerta para que doctrinas que ‘no quieren ser identificadas como tal’ se infiltren y exista hoy un relativismo doctrinal lamentable en la Iglesia. La doctrina de la ‘no doctrina’ ha impuesto su sello perjudicial, dejando a vastos sectores de la Iglesia a merced de doctrinas de hombres, sin saberlo. Sé que no es fácil de aceptar y que en teoría, todas las iglesias se basan en la Biblia. Pero no es lo que en teoría confesemos, ¿Es en verdad mi creencia y practica parecida a toda la Biblia? ¿Se llevan a cabo en mi vida y en mi iglesia las implicaciones necesarias al decir que creemos en todo lo que dice la Palabra de Dios?

Dios nos hace responsables por lo que creemos así como por lo que pensamos de la verdad que él ha revelado. Toda la Sagrada Escritura da testimonio del hecho de que Dios quiere que nosotros sepamos y comprendamos la verdad. Él quiere que nosotros seamos sabios. Su voluntad es que usemos nuestras mentes. Se supone que debemos pensar, meditar, y sobre todo, tener discernimiento. El contenido de nuestra fe es crucial. La sinceridad no es suficiente.

Considere, por ejemplo, estos versos conocidos. Le pido que los lea, notando el uso repetido de palabras como verdad, conocimiento, discernimiento, sabiduría, y comprensión: Sal. 51:6; Sal. 111:10; Sal. 119:66; Prov. 2:2-6; Prov. 4:7, Col. 1:9; Col. 2:3; 2 Tim. 3:16. La Palabra de Dios deja abundantemente claro que él quiere que nosotros usemos nuestras mentes. Y uno de los deberes más vitales que cada cristiano debe afrontar – especialmente en una era como la nuestra, cuando la iglesia es invadida con ideas contradictorias y de confusión espiritual – es el deber del discernimiento. Como aquellos creyentes Bereanos fieles de la Palabra (Hech. 17:11), debemos tener el cuidado de observar nuestras vidas y nuestra doctrina detenidamente (1 Tim. 4:16).

¿Es importante la doctrina? Sí que lo es, es necesaria, imprescindible si hablamos de la Iglesia de Cristo. Pero quisiera desafiarle con una pregunta más osada pero necesaria ¿Es importante para usted la doctrina? ¿Es necesaria e imprescindible para su desarrollo cristiano y para el de su Iglesia? Estas preguntas requieren una respuesta honesta y no meramente formal. Demasiados asuntos importantísimos están en medio dependiendo de un sí o un no como respuesta. Obviar o ignorar estas preguntas ha sido el comienzo de una contundente caída de cristianos e iglesias, que optaron por vivir al ritmo del mundo en que vivían y no cimentados sobre la bendita Palabra de Dios que permanece para siempre.