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LA SANGRE DE TUS PEQUEÑITOS EN TUS FALDAS

Noviembre 14

‘Aun en tus faldas se halló la sangre de los pobres, de los inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin embargo, en todas estas cosas dices: Soy inocente’.
Jeremías 2:34

El aborto provocado es un crimen, es homicidio premeditado y jamás es un procedimiento médico o un método controlador de la población. No hay argumento racional que lo justifique, cada punto que los defensores de este esgrimen para justificarlo, se les devuelve con fuerza y les escupe en el rostro. Que la mujer tiene derecho sobre su propio cuerpo, puede llegar a ser verdad, solo que el ser humano dentro de su vientre ¡también lo tiene! Que la mujer tiene derecho a elegir, puede llegar a ser cierto, pero el que vive en la matriz ¡también! Así que aquí está la imposición de unos “derechos”, sobre otros, arbitraria y abusivamente.

Que el mundo no da para tanta gente y que la economía es un desastre por lo que es necesario controlar la natalidad, es dicho por gente que aumenta los índices de consumo, que acaba con los recursos del planeta despiadadamente, que aboga por la reproducción de los animales, aun de los pollos y que jamás, escúchese bien, jamás se dañe un toro o un elefante y que prefiere un perro a un hijo. Eso es doble moral sencilla y claramente.

Pero lo que más nos debe llamar la atención no es que cada argumento abortista pueda ser respondido con facilidad de manera racional, sino que Dios ha hablado y ha marcado un camino con demasiada luz al respecto como para que lo extraviemos. Deberíamos usar el lenguaje de Job, que ojalá hubiera “perecido el día” en que nuestro gobierno despenalizó el aborto bajo tres circunstancias: malformaciones, producto de violaciones y peligro de la madre.  El punto aquí no es como miramos estos “problemas”, sino cómo los mira Dios. Por ejemplo, en el caso de una malformación o discapacidad, Dios desafía nuestra razón, pero es claro que hacen parte de su soberana voluntad y providencia. Usted no puede leer Éxodo 4:11 sin bajar la mirada en reverencia (Jn.9:1-3). El que creó lo uno como lo otro permite tales cosas y nos llama a amar al prójimo como a nosotros mismos. En el caso de una horrible y pecaminosa violación que resulte en una concepción no deseada ¿Acaso tenemos permiso de matar? Seguramente, algunos piensan que debe haber una muerte ¡La del violador! Pero jamás la del inocente.

Matar al bebé inocente sería tan irracional como matar a la madre porque también fue víctima. La verdad es que el “tratamiento” esta puesto en quien no se debe y de la manera menos correcta. Añadir al dolor de una violación, la injusticia de un homicidio a un indefenso, débil y vulnerable bebé, nunca será una salida aceptable. Repase Romanos 12:19 y 21; Ezequiel 18:4. El caso de proteger la vida biológica de la madre es quizás el más conflictivo ya que sí lleva la posibilidad de un dilema moral. Puede que existan casos así, aun nadie tiene certeza absoluta de los verdaderos peligros que una madre pueda afrontar. Todo embarazo reviste varios de ellos y los padres jamás deben tomar una decisión apresurada bajo la excusa de “peligro de muerte”.

Pero seamos claros, millones de bebés son abortados sin estar bajo las tres causas impuestas gubernamentalmente, simplemente porque se atravesaron en el proyecto de vida de unos padres egoístas y diabólicamente materialistas. Ellos vienen a pagar el resultado de la vida inmoral e indecente de sus padres, de su postración a las comodidades y su esclavitud a lo que este miserable mundo llama progreso. Ya matar es muy malo, ni siquiera matar por venganza e intenso dolor por alguien que hizo daño, es excusable. ¿Cuánto más aquel que mata en su indefensión y debilidad a quien ni siquiera conoce? Vivamos para censurar este gran pecado, tome valor y hable por el que hoy no puede hacerlo.



 

 

Lectura Bíblica

 

Hebreos 10, 11
Salmo 134