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Iglesia Bautista Reformada de Suba

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LA CRUZ DE CRISTO, ALGO QUE CALCULAR

Noviembre 12

'Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?
Lucas 14:18

El Señor Jesús mediante dos ejemplos, resaltó la importancia de considerar los costos de ser discípulo suyo. Alguno pudiera cuestionar los métodos poco motivantes de Cristo para hacer seguidores, pero corresponde al carácter leal y justo del Señor, además que al camino pendiente del seguimiento a Cristo. Usted jamás podría concluir que el Señor Jesús entusiasmó a sus seguidores con promesas falsas, sean de seguridad, confort, y prosperidad material.

Más bien, se detuvo ante el seguidor entusiasta y le hizo calcular lo que le costaría seguirlo. El discipulado jamás debe ser una respuesta emocional a un aspecto del evangelio. Más bien debe ser una respuesta meditada al todo del evangelio. No solo a sus goces sino a sus sufrimientos, no solo a sus ganancias sino a sus pérdidas, no solo a sus solaces sino a sus guerras.

Para que no quede duda da las palabras del Señor, Él mismo afirmó que lo que se debe calcular es que el seguimiento a Cristo costará todo, es decir, ¡Todo! No un día de su semana, una parte de su presupuesto económico, algo de tiempo, quizás la reforma de algunos hábitos, la corrección de algunos defectos, un par de asuntos en la mañana y unos en la noche. El mismo Señor afirmó que uno debe calcular lo que implica seguirlo: renunciar a todo lo que posee (Cf.v.33). Sí, leyó bien, ¡Todo! Usted es o no discípulo de Cristo, no hay una vocación intermedia. Usted ha consagrado toda su vida a Él o no la ha consagrado. Cristo es el primero en su vida pero jamás será el segundo de nadie. Usted ha renunciado a todo o no. No hay opciones conciliatorias ni tibias. El discípulo del Señor ha sacrificado en el altar de su corazón y frente a la cruz, todo cuanto tiene y ahora lo ha consagrado al Señor.

Eso indica, en pocas palabras, que su existencia, de una forma real y práctica, interna y externa, es una consagración permanente a Él. Su vida y metas, su familia, su estudio o trabajo, su papel en el mundo, todo en absoluto está consagrado como un servicio a Cristo. El grafico circular, con el que se presentan algunos datos estadísticos, no se parte en porciones iguales, ni siquiera donde la mayor parte se la lleve el Señor. La vida misma de un discípulo del Señor está toda teñida de Cristo de manera que la vida que ahora vive en la carne, lo vive en la fe de Cristo cuyo amor le constriñe a ya no vivir para él sino para su Salvador (Gál.2:20; 2 Cor.5:14). No hay una división en su alma, sino un solo seguimiento, una sola vida y ésta consagrada para Él.

El Señor se paró delante de los que estaban animados a seguirle y les advirtió que si no estaban dispuestos a renunciar a todo, completamente a todo, no podían seguirlo. Si alguna parte de su vida quedaba sin consagrar, seguramente iba a ser el lazo que un día los apartaría de su seguimiento al Señor. Esto sin duda es lo que diferencia el discipulado a Cristo y una religión humana. En una se está al mando y se puede consagrar a Dios lo que de buena voluntad se quiera, lo otro es una consagración donde Cristo está al mando completamente y lo exige todo. Llevar la cruz es un todo irreducible, ser seguidor de Cristo es un paquete completo, todo o nada, lo único o nada, lo más importante a nada. Así se reconoce un discípulo porque así son los discípulos. En esos días era obvio quien era uno de ellos y quién no. Pero las demandas del discipulado no han cambiado de manera que sigue siendo el mismo estándar el que evidencia quién hoy sigue al Señor y quién no. ¿Lo es usted? ¿Realmente?

 

 

Lectura Bíblica

 

Hebreos 4, 5, 6
Salmo 132