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¿PUEDE UN CRISTIANO DESESPERARSE ASÍ?

Noviembre 9

‘¿Por qué no morí yo en la matriz, O expiré al salir del vientre?’.
Job 3:11

Tal vez por nuestra cultura tropical o nuestro folclor, nos hemos habituado a escuchar expresiones algo extremas, pero que no representan la realidad de nuestro estado. Por ahí una joven le afirma a otra que cuando le presentaron a ese chico, “se quería morir”. O que al regar un café en la mitad del restaurante, hubiese querido que “se abriera la tierra y le tragara”. Hay además gente que por su personalidad dada a la melancolía o al estar pasando momentos conflictivos, puedan expresar que mejor les fuera no vivir que vivir sin su persona amada, o algo así. Sin duda que el desespero sin Cristo, ha hecho que muchas personas se vean tan deprimidas que opten por no verle razón a continuar viviendo.

Sin embargo, las palabras que usted leyó, no corresponden a un adolescente avergonzado ni a un poeta melancólico o un impío sin esperanza. Estas palabras las dice un hombre que fue calificado por Dios mismo como: ‘hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal’ (Job 1:1 y 8). Este hombre había pasado mucho tiempo caminando de la mano de su Señor y su testimonio de santidad era casi legendario. Pero Dios quiso sumirlo en un periodo de sufrimiento muy poco común entre los hijos de los hombres, porque sus calamidades fueron extremas, repentinas y ¡todas!, quedándole solamente la vida y un hilo frágil de salud. Quedó prácticamente en unas horas, reducido y en el otro extremo.


Este hombre se deprimió y se frustró. Llegó a estar confundido en muchas cosas y a proferir palabras como estas. Él en verdad, hubiese preferido no haber venido a este mundo solo para venir y, -según él-, ser el blanco de tiro de Dios. Job aparentemente experimentaba el abandono del rostro sonriente de su Dios y ahora vivía bajo el ceño fruncido de su Señor. ¡Solamente quien ha experimentado algo de estos sufrimientos podrá testificar cómo se viven! Hombres de la estatura espiritual de Moisés, Elías, David, Jeremías, verdaderos gigantes en la fe, tuvieron su momento de profundo dolor y desespero que hubiesen preferido no estar aquí (Nm.11:15; 1 Ry.19:4; Sal.88; Jer.20:14-18).


Por supuesto que estos hombres no pasaron la línea de atentar contra sí mismos, pero deseo que medite, con la mano en el corazón, cuán grande puede ser un dolor de un creyente que hace que aun los valientes del ejército de Dios, tiemblen como niños y se encojan de desespero y prefieran no ver su mal. Aquí no estamos ante recién convertidos  sino hombres maduros pero probados en el  horno de la aflicción que los hizo pisar los linderos del desespero. Esa es la realidad de nuestra naturaleza humana, cuan frágil es y es mejor que lo sepamos para nuestro bien (Sal.39:4).


Muchas voces afirman que un cristiano, si en verdad lo es, debe siempre “andar en victoria”, signifique eso lo que signifique. Al parecer es que el cristiano jamás debería experimentar ese tipo de dolor, entonces debe andar diciendo a los cuatro vientos que está bien aun cuando en su corazón se esté hundiendo. El hijo de Dios más bien debe comprender, que si bien, puede experimentar grandes dolores, también y junto con ellos están las provisiones de la gracia divina para soportar esos periodos. Que el pecado consiste en negarse al consuelo y a la fe, en actuar pecaminosamente y no en experimentar el sufrimiento.

Los hijos de Dios deben saber que sus dolores son endulzados por las ricas promesas de santificación y de la compañía de Dios en medio del dolor. Debe hacer soportable su camino al considerar que está siguiendo las pisadas del que fue nombrado ‘Varón de dolores y experimentado en quebrantos’, para que su ánimo no se canse hasta desmayar. Le ruego que no se suma en depresión, porque el sufrimiento no es lo único que está pasando, también la gracia está obrando, así por ahora, no la pueda ver.

 

 

Lectura Bíblica

 

Oseas 13, 14
Salmo 128