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DAR

Noviembre 6

‘Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre’.
2 Corintios 9:7

El asunto de las ofrendas, lamentablemente, ha sido uno de esos aspectos de la vida cristiana más malentendidos y abusados por gente inescrupulosa que ha tomado la fe como fuente de ganancia (1 Tim.6:5). Que ha habido y continua habiendo abuso y aberración en este aspecto, solo mire el canal “cristiano” para corroborarlo. Este creciente y pecaminoso abuso, ha hecho que algunos creyentes reaccionen desmedidamente hacia el otro extremo, cuestionando la realidad de las exhortaciones a ofrendar al Señor y el apoyo a su causa. Creyentes completamente renuentes a aceptar las declaraciones de la Palabra de Dios, sea por abuso o indiferencia, siguen aumentando el conflicto.

La verdad, uno espera que los unos no estén procurando establecer el pecado de la codicia como norma espiritual, y los otros procurando establecer la tacañería y mezquindad como el principio más loable.

Si bien es cierto, que hay varios aspectos del Antiguo Pacto que no aplican a los creyentes hoy, el principio de dar al Señor de los bienes, jamás ha caducado. El creyente debe ser consciente que no está bajo las regulaciones mosaicas de las ofrendas y las varias clases de diezmos que obligaban al israelita del Antiguo Pacto, pero sigue siendo un creyente bajo la bendición de Dios constreñido a mostrar el agradecimiento mediante ofrendas regulares, generosas y voluntarias, de eso esté seguro. Bajo el antiguo sistema de culto que prefiguraba al Cristo que habría de venir, el creyente atendía a diferentes clases de ofrendas legales que mostraban, de cierta manera, su apego y devoción a Dios, aunque sea su devoción nacional. Pero las realidades del Nuevo Pacto son aún mayores, pues nos encontramos ante la realidad de lo que todo el sistema Antiguo prefiguraba. De manera que las obligaciones, no solo son mayores sino que hayan su realidad espiritual completa, además que sus bendiciones son mayores y sus promesas más fuertes (Hb.8:6).

Ahora, la indicación del apóstol inspirado y parado sobre el Nuevo Pacto, señala hacia una acción de dar, que cada uno de los que se consideran dentro de este Pacto, debe hacer. Este individuo debe dar ofrendas al Señor, tal y como propuso en su corazón. Si bien no se nos dice la cantidad exacta, considere que hablamos, no solo de un mejor pacto contrastándolo con aquel que mínimamente pedía ofrendas y además un 10%, sino que el corazón del individuo que ofrenda, es otro. Es decir, hay dos realidades que nos señalan cual debe ser la medida de las ofrendas del creyente del Nuevo Pacto. La primera es que se encuentra en un mayor y mejor Pacto, lo que modifica sus ofrendas hacia arriba y jamás hacia abajo debido a las realidades consumadas que disfruta. Lo segundo es que todos los integrantes del Nuevo Pacto son regenerados a diferencia del Antiguo. Esto indica que sus deseos y procuras del corazón se aumentan exponencialmente, de manera que sus ofrendas son generosas, conscientes, voluntarias, gozosas, regulares, sacrificadas y amorosas, cosas propias de un nuevo corazón y no meramente impuestas por una obligación externa.

El perteneciente al Nuevo Pacto mira como un gozo y oportunidad inigualable, estar involucrado en todos los asuntos del reino de Dios, incluyendo, por supuesto, el económico. Sus ofrendas no son una carga, no son motivadas por un interés personal, no corresponde ni siquiera a un burdo intercambio de dinero por bendiciones, sino que están basadas en su admiración y devoción al Señor, están empapadas de gozo y gratitud y están sazonadas de liberalidad y generosidad. No olvide sus privilegios del Nuevo Pacto, incluyendo este.

Lectura Bíblica

 

Oseas 4, 5, 6
Salmo 122, 123