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ES GOZO, NO ALEGRÍA

Noviembre 3

‘Más el fruto del Espíritu es […] gozo’.
Gálatas 5:22

No deseo hacer aquí un juego de palabras ni un uso astuto de los términos, pero creo que si ha pasado un tiempo en los caminos del Señor, ha logrado diferenciar la felicidad del gozo. Tal vez ni siquiera pueda dar una explicación teórica de esta diferencia, pero al menos intuye que una corresponde a una expresión, a algo externo, superficial y pasajero, la otra va mucho más profundo, al centro y es algo duradero. Y aunque debemos aceptar que muchas veces la palabra ‘gozo’ en la Biblia se usa como sinónima de ‘alegría’, en su mayor parte, y sobre todo en el nuevo Testamento, tiene una aplicación mayor, más espiritual y distinta a ese sentimiento como de felicidad momentánea.

El gozo puede ser definido como ese fruto espiritual de regocijo en el alma, que hace que un individuo tenga una actitud completamente distinta hacia Dios y las providencias divinas que incluyen como tal, el todo en sus vidas. Este gozo jamás se fundamenta y se sostiene por los asuntos temporales y sus las motivaciones que lo mantienen vivo, están más allá de lo natural. Este fruto espiritual no pude perecer o morir en un creyente (Jn.16:22), aunque sí puede llegar a fluctuar, aunque no es lo que debería.

Para aclararlo más, déjeme afirmarle que el gozo como tal, no es un sentimiento natural, como lo es la felicidad o alegría. Nadie necesita ser renovado espiritualmente ni receptor del Espíritu Santo para experimentar dichos sentimientos. Pero la Palabra de Dios nos indica que el gozo es un fruto o evidencia de la obra sobrenatural del Espíritu Santo en un individuo. Esta virtud corresponde a un trabajo del Espíritu en un alma, por lo que solo quien es regenerado, la puede experimentar. Queda pues claro que el gozo bíblico se diferencia de la felicidad o alegría, en su procedencia. Note la palabra de Cristo ‘mi gozo’ en Juan 15:11; 17:13; la petición de Pablo en Romanos 15:13 y el texto clásico que nos señala de dónde proviene este gozo en Gálatas 5:22.

Este gozo se fundamenta en la consideración de la Persona de Dios y su glorioso e irreversible plan de redención en Cristo. Ya que es un fruto del Espíritu, lo que este hace es llevar al alma a “mirar” a Cristo y hallar en Él su completo deleite y satisfacción. El alma entonces al considerarse indigna de la gracia mostrada hacia ella, al verse en tan grandes beneficios salvadores y santificantes, al entender todas las gracias de las que dispone para vivir una vida agradable a Dios y placentera sin fin, se alegra y toda su actitud hacia Dios y hacia la vida cambian rotundamente. No es la situación presente sino las promesas evangélicas las que avivan ese gozo. La persona con gozo, es un individuo que no verá el bien como todos, pues lo verá en su medida apropiada al verlos con los ojos de la fe ni considerará los males como pérdidas porque sabe quién es Dios y cómo y con qué propósitos es que ejecuta sus providencias hacia sus hijos.

El creyente se distingue porque no depende de las cosas temporales para tener un sentido de satisfacción y deleite interno. Su alma no está amarrada a este mundo ni sus deleites, sino que está ligada a Cristo y su Palabra de donde deriva toda complacencia. Su gozo ha sido cumplido y se verá cumplido. Estando en Cristo y en la fe, su carrera de gozo ha empezado y jamás culminará porque el Dios en el que está, jamás perecerá. Por ello, no es para nada extraño que los creyentes, aun sumidos en diversas pruebas, tengan y exhiban este maravilloso fruto (St.1:2). Recuerde que somos los hijos de Dios los que tenemos infinitas razones para el gozo, no el que se perderá eternamente, así que ¿Por qué no expresarlo siempre?

Lectura Bíblica

 

Tito 1, 2, 3
Salmo 119: 97-144