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ORANDO POR LA GLORIA DE DIOS

Octubre 9

‘Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos’.
1 Reyes 18:37

 

La oración a Dios tiene su eficacia, no en lo que nosotros seamos o hacemos, sino en quién es Dios. Si bien, Dios nos ha dado la orden de rogar, suplicar, de ser constantes, la eficacia de la oración no radica en las formas o posturas más que en Dios. Ciertamente usted y yo debemos atender a las maneras precisas como Dios quiere que le busquemos y hacerlo. Pero debemos acudir a Dios con confianza en Él, no en lo que nosotros hayamos hecho, es decir, hay que entender que la oración tiene poder no por el medio en sí mismo sino por el Receptor de ella.

Miremos cómo los paganos descritos en este texto intentaban ganar el favor de su dios. Insistieron saltando frente al altar, danzando, clamando, gritando, lacerándose, en un estado frenético, lamentable, pero nadie respondió del otro lado (1 Ry.18:26-29). Pero Elías oró solemne, breve y humildemente y quien estaba escuchando, respondió de forma abrumadora.


Piense un momento, cuatrocientos líderes religiosos autorizados, el rey y gran cantidad del pueblo de parte de Baal, y solamente Elías en ese momento, estaba por el Dios verdadero, todos los demás en contra. Pudo haber estado intimidado y temeroso, pero esas necesidades fueron puestas en segundo plano pues había algo que Elías quería con toda su alma, algo digno de exponer y arriesgar su vida, algo digno de mostrar, algo que lo llevó a poner mucha agua en un sacrificio que debía ser consumido por fuego. ¿Qué era esto? ¿Qué puede llegar a ser la fuerza que impulsa de forma ciega la vida de un creyente para que lo arriesgue todo en contra de todos? ¡La Gloria de Dios! Elías tenía un vivo celo por la gloria de Dios. Elías ruega sentidamente al Señor que glorificara su Nombre delante de ese contexto adverso.


Todos los intereses de un cristiano o de una iglesia quedan subordinados a la búsqueda afanosa de ver a Dios glorificado sobre todas las cosas. Es un deseo por el que vale la pena vivir y arriesgarlo todo hasta morir. Ver la vindicación de Dios y su Evangelio, sus principios en toda esfera, es lo que debe consumir nuestro corazón día tras día. Todo ministerio, don, capacidad es reivindicada si esta tiene que ver con la búsqueda de la gloria de Dios. Es más, si deseamos ser más precisos, la gloria de Dios no debería ser lo máximo que perseguimos o lo más importante sino lo único que perseguimos. Lo demás solo son los medios para alcanzar tal fin. Escuche conmigo la voz de Elías sobre el Monte Carmelo retumbando en los oídos y las conciencias de todos: ‘que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios’. Pero no se quede allí, trate de ver una llamarada del cielo viniendo como un rayo hacia el sacrificio que se prendió como si el agua hubiese sido un combustible. Escuche la madera crujir, perciba el olor de un sacrificio quemándose. ¿Puede sentir en su corazón el celo de Elías? ¿No percibe en esta oración respondida qué es lo que Dios más cela?
Es el clamor de los hijos de Dios que vemos como su nombre es manchado crecientemente en nuestra generación. Casi que escuchamos el clamor de Isaías haciendo eco de las palabras de Elías y del corazón de los creyentes (Is.51:9-10). Vemos que son plegarias que tienen como propósito que se manifieste la gloria de Dios poderosamente. Que en medio de la oscuridad, no se vea un destello de luz, sino que resplandezca Su luz. Que en la confusión se levante Cristo en su majestad como cuando se levantó y reprendió las aguas. En sí esto es orar, lo demás en la oración solo es una plataforma para pedir esto.

 

Lectura Bíblica

 

Lamentaciones 4, 5
Salmo 96, 97