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UN CONSEJO PARA SU PERDICIÓN

Octubre 7

‘Hizo, pues, lo malo ante los ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque después de la muerte de su padre, ellos le aconsejaron para su perdición’.
2 Crónicas 22:4

 

Si pudiera exponer ante sus ojos la conclusión de esta enseñanza, algo así como empezando por el final, le tendría que decir: como hijo de Dios, usted debe rodearse de gente piadosa que le haga bien a su fe, aun cuando no siempre le digan lo que usted desea escuchar o cuando no siempre lo afirmen en lo que usted está pensando. Le diría de corazón que no pierda de vista que hasta que muramos, tendremos un aliado de Satanás en nuestra alma, ese pecado remanente que nos hace propensos continuamente a hallarle sentido a las sugerencias pecaminosas de otros y darle crédito a principios pecaminosos dados por gente cercana.

Ahora, ya que le dije cómo termina esta enseñanza, permítame sustentársela. Sea como sea, el hijo de Dios debe aprender a vivir en este mundo escuchando el consejo y las sugerencias de los que le rodean. Por muchas vías andamos asaltados por ideas que empiezan a mover nuestros pasos en cierta dirección. Muchas de esas ideas vienen por personas concretas que están muy cerca a nuestro corazón, aunque muchas veces no de nuestra fe. Aun si ese fuera el único escenario en que desarrollamos nuestra fe, el hijo de Dios debe aprender a desarrollar convicciones bíblicas muy fuertes y vivir con la regla apostólica que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.


Pero también es cierto que si hemos andado unos días en los caminos de Dios, empezamos a darnos  cuenta que Dios no se equivocó a la hora de incrustar a sus hijos en iglesias concretas, rodeado de personas que van a influir su vida espiritual de muchas maneras. Algunas cosas no parecen tan obvias y como algo natural entre un cuerpo en el que todos estamos compenetrados, pedimos consejos y guía a personas de nuestra fe. Esté seguro que uno de los recursos que el bondadoso Dios ha destinado para nosotros en un camino que nunca es en línea recta ni viene en un solo tono, es guardarnos misericordiosamente de estar expuestos de forma indiscriminada a la gente del mundo con sus opiniones pecaminosas.


Hoy o mañana estaremos al frente de un desafío, una decisión que tomar, una postura que tener. Allí hay muchas cosas en juego y el recurso del consejo. El hijo de Dios debe aprender a mirar a los hermanos de fe probada, aquellos que se esfuerzan en santidad, que perseveran en la oración y en los estudios bíblicos con piedad. El corazón le sugerirá sin parar, buscar otra clase de consejeros, los que nos dicen lo que queremos, los que nos animan a realizar nuestros planes sin citarnos las Escrituras, los que no nos podrán una carga o una consideración bíblica, los que no están pensando en nuestra eternidad sino en nuestros deleites temporales.


El hijo de Dios jamás debería considerar el consejo de los malos porque lo hará para su propia perdición. Puede que sea un consejo adecuado a la situación, o tal vez muy práctico y útil en cuanto a lo terrenal. Puede ser que hasta se identifique con lo que usted ha venido pensando, pero no puede salir agua limpia de una fuente putrefacta. Usted correrá el riesgo de afirmarse impíamente bajo el consejo de una persona que tiene a Dios como su enemigo y que anda despreciando a Cristo como Salvador.


El rey Ocozías estuvo aconsejado por su familia, hasta por su cercana y amada madre. El problema es que esa familia no temía a Dios. Ocozías hizo lo malo ante los ojos de Dios para su propia perdición. Le ruego que atienda por favor el consejo de este día.

 

Lectura Bíblica

 

Jeremías 51, 52
Salmo 93